Invitados perfectos por el mundo

13 / 07 / 2016 Macu Llorente
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Quedar bien no cuesta tanto. Se trata de dominar algunas reglas de protocolo, aunque resulten chocantes.

Las costumbres no son iguales en todo el mundo. Encontrarse en territorio desconocido y salir airoso no tiene por qué ser misión imposible. Incluso los más reacios al protocolo saben que cuando se acude de invitado a una casa hay ciertas normas que son de obligado cumplimiento, aunque estas varían y mucho, según el país en el que nos encontremos. El manual del trotamundos requiere respetar las costumbres de los anfitriones por disparatadas o incómodas que nos parezcan para poder salir de una invitación con la cabeza muy alta. Y aunque la hospitalidad no entiende de fronteras, esto no quiere decir que en ocasiones no cueste atravesarlas.

Si viajamos al Norte, es importante saber que, al entrar en una vivienda sueca, descalzarse es lo habitual, y de esto no se libran ni los invitados. Al llegar hay que quitarse los zapatos y dejarlos en la entrada, y mientras se permanezca en la vivienda hay que ir en calcetines. Y si la puntualidad es una de las reglas básicas de la educación en cualquier punto del mundo, en Tanzania y Venezuela llegar tarde curiosamente está bien visto. Todo lo contrario de Japón, donde si acudimos invitados a una casa, hay que brillar por puntual y formal. Y ni uno ni dos besos al llegar, ni tampoco dar la mano. Los nipones no son demasiado dados al contacto físico, con una inclinación ligera de cabeza es más que suficiente. La formalidad para ellos es una norma social más, por lo que hay que evitar ser demasiado campechanos en el trato con ellos. Ya en la mesa, mejor no empezar a comer hasta que el anfitrión lo diga tres veces. Además, es importante recordar que uno mismo no se sirve la bebida, sino que hay que esperar a que nos llenen el vaso, e incluso si alguien tiene el vaso vacío se le puede servir, y lo mismo harán con nosotros. Por cierto que la supremacía masculina en Japón también es un elemento que choca en comparación con otros lugares del mundo y no hay que extrañarse si se sirve antes a los hombres que a las mujeres.

Normas no escritas

Nuestros vecinos los franceses son algo más relajados en las normas. Aún así, es de mala educación rechazar algún alimento, y aunque no guste, siempre hay que tomar al menos un poco para probarlo. Y si se quiere rematar quedando bien, al día siguiente una llamada de teléfono o un mensaje para agradecer la invitación es también muy apreciado. A la mesa también se imponen diferente estilos, y hay lugares en los que aceptar algo a la primera no está bien visto. Cuando se acude de invitado a una casa vietnamita y te ofrecen algo, lo mejor es hacerse de rogar y rechazar el ofrecimiento un par de veces para finalmente acabar aceptando ante la insistencia del anfitrión. Y si en Noruega hay que utilizar siempre los cubiertos, hasta para tomar un sándwich, hay otros lugares donde las tradiciones mandan y son terreno minado para las mujeres, como la tribu Kagoro, en Nigeria, donde no se permite que las invitadas utilicen las cucharas ya que este utensilio, en manos femeninas, es un símbolo de rebelión a lo establecido. Donde tampoco se exceden en la etiqueta a la mesa es en Yemen, aquí muchos platos se comen con la mano derecha y en lugar de cubiertos se utiliza el pan. Y cuidado con usar la mano izquierda: puede ser considerado un gesto maleducado y de mal gusto, además de ser un desafío para los zurdos. Al igual que en Etiopía, donde además y como símbolo de confianza, el anfitrión le dará de comer al invitado con su propia mano. Y en las antípodas de nuestras costumbres, hay destinos donde conductas reprobables en nuestra mesa son un buen signo y una manera de mostrar que se ha quedado satisfecho: en India, China o entre los esquimales soltar los gases sin miramientos no es de maleducados sino un halago y una muestra de cortesía de cara a los anfitriones.

 
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