El último 'rebote'

23 / 11 / 2007 0:00 Elías Israel
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Todas las claves del desencuentro entre Pepu Hernández, seleccionador español de baloncesto, y Pepe Sáez, presidente de la Federación. En la Selección de Gasol y compañía no es oro todo lo que reluce.

Dos milímetros es la diferencia entre el gran éxito y la decepción. Dos milímetros separaron a Pau Gasol de haber conseguido la canasta que hubiese dado a España el oro europeo, que nunca en su historia ha conseguido. Por esos dos milímetros también se ha abierto la alcantarilla del desencuentro entre el presidente de la Federación, José Luis Sáez, y el seleccionador, Pepu Hernández.

El título mundial obtenido en Japón abrió una nueva etapa en el baloncesto español. Pepu se ganó el corazón de los aficionados. Su contagiosa humildad, el detalle de esconder al grupo la muerte de su padre el día de la final para no distorsionar el foco, la capacidad de superación sin Pau Gasol, pero sobre todo ser el perfecto armonizador y dinamizador de la mejor generación de la historia de nuestro baloncesto le encumbraron a los altares.

Pepe Sáez, uno de los mejores dirigentes deportivos de nuestro país, se frotaba las manos. Había luchado por su sueño, organizar un evento baloncestístico de primer nivel en España, pateándose las instituciones y las empresas, en busca de más fondos, para cumplir con todas sus promesas al acceder al cargo.

Llegaba pues la difícil tesitura de gestionar el crecimiento. Pepu, como buen entrenador, quería seguir pensando sólo en baloncesto. Sáez, como buen dirigente, sólo pensaba en cómo exprimir la gallina de los huevos de oro, en dar una dimensión cuasi futbolística a su deporte y en acercar al mayor número de patrocinadores. Nunca dejó de pensar en su Selección. Los desvelos para que Garbajosa pudiese jugar el EuroBasket son el mejor ejemplo.

Desencuentros

El número de actos promocionales se duplicó y el seleccionador avisó que podría irse de las manos por desborde. El presidente no entendía su postura y le consideraba corto de miras. No podía entender que criticase, por ejemplo, la visita a la sede de Central Lechera Asturiana, cuando el propio Pepu había protagonizado un anuncio de la firma. Tampoco entendía que criticase una visita al Cádiz Club de Fútbol durante la concentración en San Fernando. Seguramente sin la mediación de Arturo Baldasano, presidente del club cadista, no se hubiese conseguido el seguro de Mutua Madrileña, que permitió jugar el europeo a Garbajosa.

El gran desencuentro tuvo lugar con motivo del viaje nocturno en el AVE desde Sevilla a Madrid. Pepu entendía que era malo viajar de noche para el descanso de sus jugadores y en primera instancia se negó. Miembros de la Federación le intentaron hacer entrar en razón, diciéndole que los jugadores, los días de partido, tenían dificultades para conciliar el sueño (por no decir jugar a las cartas o quedarse de charla en las habitaciones), pero Pepu pidió viajar por la mañana. El presidente dio su brazo a torcer. Cuando se arregló todo para el día siguiente con el consabido peaje ante la dirección del EuroBasket (todas las selecciones de Sevilla volvían por la noche), Pepu cambió de opinión. No quería tratos de favor. El presidente se hartó.

Los buenos resultados mitigaban las diferencias, y el sueño del primer oro europeo, también. Pero Gasol erró el tiro y la polémica saltó a los medios. A pesar de la nota pública federativa, Sáez anda indignado por las declaraciones de Pepu sobre su contrato, que es indefinido y por el que cobrará hasta el último euro (300.000 más incentivos) hasta después de los Juegos de Pekín. Quiere que siga, pero con la misma implicación que el primer año y con amplitud de miras respecto a la labor federativa. Espera que sea agradecido a quien le dio la oportunidad de su vida.

Quejas

Pepu, por su parte, pretende un espaldarazo. Quiere que le transmitan la misma confianza desde dentro que él percibe fuera. No le gusta trabajar con medias tintas. Si el presidente tiene quejas, que se las diga a la cara. Ambos reconocen que falta diálogo. Los jugadores se mantienen ajenos a esta polémica. Tienen fe ciega en Pepu, porque para ellos la Selección es un lugar de vacaciones con los amigos, donde jugar a la pocha y disfrutar a tope del basket competitivo. Valga como ejemplo que cinco de ellos (Garbajosa, Mumbrú, Felipe Reyes, Cabezas y Sergio Rodríguez), tras dos meses concentrados día y noche, se fueron a un reservado en De María el día después para seguir estando juntos. Pero también tienen fe ciega en Pepe. En la dura cena que se celebró en el Txistu tras la final, hacia las tres de la mañana, se acercaron los capitanes al presidente y le dijeron: “Dejamos las primas en tus manos, sabemos que serás justo”.

Pepe y Pepu están condenados a entenderse. No puede ser que la relación de uno de los matrimonios mejor avenidos del deporte español se enquiste por cabezonería. En juego está aspirar a ganar en los Juegos Olímpicos de Pekín que se disputan en 2008..

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