El patrimonio de la pareja del verano

06 / 08 / 2015 Javier Otero
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Preysler y Vargas Llosa suman un multimillonario patrimonio; pero también misterioso, con un rastro en el que surgen empresas en paraísos fiscales y otras que, de forma extraña, no tienen ingresos.

La relación entre Isabel Preysler y el escritor Mario Vargas Llosa aúna el glamour de las revistas del corazón con el prestigio de los salones literarios, pero también pone en común un patrimonio muy importante y presagia un divorcio complicado para el escritor. El premio Nobel de Literatura tiene importantes propiedades repartidas por Europa y América y cuenta con los derechos de autor de sus obras. Preysler acaba de estrenar un nuevo negocio de cosméticos tras ser durante años la imagen de varias marcas comerciales. Entre casas y mansiones pueden sumar más de veinte millones de euros. Por derechos de autor, conferencias, artículos y contratos de imagen, pueden cobrar entre los dos más de un millón de euros al año.

Ahora queda por ver lo que ocurrirá con la separación de Vargas Llosa de su mujer, Patricia Llosa, que también es prima del escritor. Su anterior matrimonio con Julia Urquidi, tía de Patricia Llosa, se resolvió económicamente con la cesión de los derechos de autor de La ciudad y los perros, una de las mejores obras del escritor y la única publicada hasta entonces. Eso fue en 1965. Hoy Vargas Llosa es autor de más de 60 obras literarias, autor de artículos de opinión para periódicos, conferenciante y, a diferencia de cuando se separó de su primera mujer, es Nobel de Literatura (por cierto, premiado con un millón de euros), lo que siempre sirve para empujar las ventas de su obra. Por llegar a ser, hasta es marqués de Vargas Llosa. Ahora dicen que el hecho de estar en el candelero debido a su aparición en las noticias por la relación con Isabel Preysler ha provocado también un aumento en las ventas de sus libros. No hace mucho, el escritor recibió de su agente, Carmen Balcells, 1,2 millones de euros por la reedición de su obra.

En la hipótesis de un nuevo matrimonio de Vargas Llosa con Isabel Preysler, el reparto de bienes y derechos de autor del escritor con su esposa e hijos tiene su miga. Ya ocurrió con el primer matrimonio con Julia Urquidi. La solución que se dio en 1965 al divorcio, con los derechos de La ciudad y los perros, no terminó con el asunto. Veinte años después, resucitó con el nuevo matrimonio de la exesposa del escritor y una fuerte polémica entre ella y el futuro premio Nobel. Los términos del divorcio fijaron que Julia Urquidi disfrutaría de los derechos de autor de La ciudad y los perros hasta que esta se casara de nuevo, como así fue. Según Vargas Llosa, a pesar de este nuevo matrimonio, permitió que siguiera cobrando estos derechos. Sin embargo, Urquidi publicó Lo que Varguitas no dijo, que enfadó al escritor al considerar que, pese a la apariencia de novela, el libro se refería a él con lo que consideraba que eran agravios y calumnias. Vargas Llosa también había escrito una novela, La tía Julia y el escribidor, diez años atrás, referida a su exmujer. En 1986, fecha de esta trifulca, Urquidi dejó de recibir los rendimientos de los derechos de autor de La ciudad y los perros. Aunque peleó por ellos, estos se quedaron finalmente en manos del autor de la obra.

En la que se avecina ahora jugarán un papel importante las propiedades inmobiliarias de Vargas Llosa. Son conocidos sus llamativos apartamentos en París, Nueva York, Londres y Lima. En Madrid, el escritor vive en un lujoso ático en lo más céntrico de la ciudad, muy cerca de la Puerta del Sol, Gran Vía o la Plaza de la Ópera y el Palacio Real. El ático tiene unas características físicas impresionantes en un edificio de mediados del siglo XIX y ubicado al lado del monasterio de las Descalzas Reales. Los que han entrado en la casa han podido comprobar su amplitud. Tiene 312 metros cuadrados y cuenta con una magnífica terraza. Al precio medio del metro en el distrito centro de Madrid, la vivienda tiene un valor superior a 1,1 millones de euros. Pero si toda la prensa del corazón hace cábalas sobre el reparto de estos bienes inmuebles, llama la atención que este impresionante ático donde ha vivido durante años Mario Vargas Llosa no está a su nombre, sino que es propiedad de una empresa holandesa denominada Fulcrum BV, según ha averiguado Tiempo.

Otro aspecto llamativo sobre el patrimonio que pueden reunir ambos es el de la trayectoria profesional de Isabel Preysler. Empresas que ha creado ella o sus hijos en España no tienen actividad, a pesar de que fueron constituidas con la intención, entre otros fines, de cobrar por los derechos que le podían reportar sus apariciones públicas.

La cosa va de la calle Flora a la Avenida Miraflores. En este último lugar se encuentra la mansión de Isabel Preysler, en la lujosa zona de Puerta de Hierro, también en Madrid. Estos signos externos de riqueza provocaron algún dolor de cabeza a Miguel Boyer, que falleció hace unos meses, cuando comenzó su relación con Preysler hace 28 años. Los compañeros del Partido Socialista Obrero Español no se tomaron nada bien que, al poco de renunciar a su cartera de poderosísimo ministro de Economía con el primer Gobierno socialista de Felipe González y responsable de tomar las primeras medidas económicas de austeridad, Miguel Boyer se emparejara con un símbolo de una vida muy diferente a la del común de los mortales. El colmo fue cuando se publicó que tenían una caseta para el perro con una alfombra calefactada.

La mansión, efectivamente, tiene 2.000 metros cuadrados construidos, ocho dormitorios, y dos piscinas, de las que una es climatizada. Sus quince cuartos de baño dieron lugar a que el escritor Alfonso Ussía la bautizara como “Villa Meona”, apelativo que le quedó para siempre en las revistas del corazón. En cualquier caso, estas casas valen mucho dinero. Como referencia valga decir que otra de las mansiones más importantes de la zona, con unas características muy parecidas, está valorada en 13 millones de euros.

Si se continúa con el recuento del patrimonio de Vargas Llosa, la pista de una empresa relacionada con su hijo (fue administrador hace años) y dedicada a la comercialización de artículos de prensa y gestión de patrimonios, lleva a un edificio de la calle Ruiz de Alarcón de Madrid. Curiosamente se encuentra casi al lado de la Real Academia de la Lengua (Vargas Llosa es académico, se sienta en la silla “L”). La dirección se encuentra detrás del Museo del Prado, y cerca de la Iglesia de los Jerónimos, famosa por las grandes bodas, y el parque del Retiro. Los 368 metros cuadrados y la ubicación del piso donde se encuentra la sede de esta sociedad que algunos relacionan aún con Vargas Llosa la convierten en un bien muy preciado. Pero la dueña de esta propiedad es una sociedad panameña.

Uno de los bienes más conocidos del escritor es su amplio apartamento en la planta 46 de un rascacielos de Manhattan, que algunos valoran en más de un millón de euros. Según una recopilación de la web Vanitatis, también se le conocen una casa en París, donde el precio del metro cuadrado supera los 10.000 euros, otro apartamento en Londres en Bormpton Road, además de su domicilio en Lima, un amplio piso de un edificio construido en el lugar donde se encontraba su anterior mansión, en Barranco, uno de los barrios más lujosos de la capital peruana. Algunos hablan de un valor total de unos diez millones de euros. Todo este patrimonio se encuentra ahora en juego con la separación de Patricia Llosa.

Hasta ahora, Isabel Preysler no ha sacado adelante sus intentos de convertirse en empresaria. En el año 2000 constituyó la sociedad Tea Rose, donde fue administradora. La empresa murió al poco de nacer, ya que dejó de presentar sus cuentas en 2004. Sus hijos también han hecho sus pinitos. Isabel Iglesias Preysler fundó Sound Productions. Tamara Falcó Preysler hizo lo propio con Seconds Collections y luego con Falcó Preysler S.L., que no tiene actividad y que fue creada para el negocio de la representación y los derechos comerciales y publicitarios. Años antes, el matrimonio Boyer-Preysler se vio salpicado por el escándalo conocido como caso Ibercorp, donde buena parte de lo que se llamó beautiful people de finales de los ochenta y principios de los noventa tenía invertido el dinero ocultando su identidad. En total, el conjunto del caso tenía una dimensión de unos 9.000 millones de pesetas de las de entonces.

Lo más reciente de Preysler es el lanzamiento de su línea de cosméticos My Cream. Los productos también se comercializan en una web con su nombre. Hace años mantuvo un pleito con alguien que había registrado otra con su apellido. Tal como aparece en su carta de presentación ha sido imagen de las marcas Porcelanosa, Suárez, Astor, Ferrero Rocher y Chrysler. La nueva empresa de cosmética está administrada por su hija Ana Boyer Preysler. Algunos calculan que el sueldo anual que recibió de alguna de estas marcas ascendía a 300.000 euros. La presencia en fastos sociales es otra cosa, ya que se puede llegar a cobrar más de 20.000 euros por cada uno de ellos.

Preysler y Vargas Llosa ya se conocían en 1989, cuando la primera entrevistó al escritor. Ella dijo poco después que quienes mantenían una verdadera relación eran el escritor y su marido, Miguel Boyer. El exministro falleció hace algo menos de un año y no se conoce el patrimonio que legó a su exmujer. Tras su paso por la política, Boyer estuvo en Cartera Central, protagonista en las maniobras para controlar el Banco Central en aquella época. También fue consejero de grandes empresas como Fomento de Construcciones y Contratas (FCC), fue presidente de la Compañía Logística de Hidrocarburos (CLH) y consejero de la inmobiliaria Reyal Urbis y de Red Eléctrica Española. En los últimos años Boyer fue también socio del empresario José Ramón Carabante en la empresa Inversiones Delos y en Corporación Financiera Issos, con el que mantenía sus acciones en Reyal Urbis, que llegó a concurso de acreedores (antigua suspensión de pagos) gravemente afectada por la crisis del ladrillo. En 2011 fue llamado por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, para que presidiera un nuevo organismo: la Comisión Asesora de Competitividad, un destino llamativo en tanto que, en los últimos tiempos, había sido patrono de la fundación FAES, la fábrica de ideas del Partido Popular. 

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