El cracker malvado que espiaba a los famosos

17 / 07 / 2009 0:00 Miguel Amores
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Un pirata informático se metió en el e-mail de más de mil personas, algunas muy conocidas. Algunos espiados precisaron terapia psicológica, y uno se intentó suicidar.

Todo empezó hace unos meses con la denuncia de una vecina de Minas de Ríotinto, la pequeña localidad onubense célebre por tener un río con aguas de tonos escarlata. Esta vecina afirmaba que alguien había entrado en su cuenta de correo electrónico y que se había dedicado a reenviar sus mensajes privados a toda su lista de contactos. A la denuncia de esta mujer siguieron otras muchas, más de una veintena, de otros vecinos del municipio, a los que también les habían asaltado la cuenta de e-mail. El constante goteo de denuncias obligó al ayuntamiento a tomar cartas en el asunto. Y no sólo por las quejas de los vecinos.

El correo privado de la alcaldesa, así como el de un policía local del pueblo, también habían sido espiados. De este modo, el ayuntamiento unificó todas las denuncias y remitió el asunto a la Policía y la Guardia Civil, que, tras una larga investigación, dieron con el culpable. Se trataba de Juan Moreno Morales, un jerezano de 41 años, soltero, con formación de documentalista, desórdenes de personalidad, facilidad para los idiomas y que, durante meses, fue un pirata informático (cracker) temible. Moreno tuvo acceso a las cuentas de correo de un millar de personas, muchas de ellas personajes muy conocidos, hasta que el pasado 27 de marzo fue detenido en Jerez. Algunas de estas personalidades públicas fueron el cantautor Joaquín Sabina, el escritor y filósofo Fernando Savater o el ex ministro Manuel Pimentel.

A todos ellos les ocurrió en mayor o menor medida lo que a la vecina anónima de Minas de Ríotinto. Sin embargo, según ha podido saber esta revista, no todos salieron mal parados. Pimentel, por ejemplo, que ocupó algo más de un año la cartera de Trabajo en el primer Ejecutivo de José María Aznar, no sólo no notó nada raro en su cuenta de correo electrónico, sino que se enteró de su condición de víctima del pirata informático por la prensa. Savater, por otro lado, tampoco notó nada raro en su cuenta de correo. A pesar de los datos de la investigación, afirma que todo es un bulo, “de esos que tanto abundan en y a causa de la Red”.

Calavera pirata

No ha trascendido que Moreno le causara ningún perjuicio serio a ninguno de estos personajes, al contrario que a muchas de sus víctimas anónimas. A ninguno salvo, tal vez, al periodista Jesús Quintero, famoso por su trabajo en el programa Ratones coloraos, de Canal Sur Televisión. Según una de sus colaboradoras, el correo privado de Quintero no fue asaltado, tal como se ha publicado en algunos medios. Pero lo que sí ocurrió fue que, durante la época en que el ciberdelincuente perpetraba sus canalladas, la página web de la productora audiovisual de Quintero fue atacada. Desbarataron todos los contenidos y en su lugar sólo quedó una calavera pirata que se reía a carcajadas sobre dos tibias dispuestas en forma de X.

Con muchas de sus víctimas Moreno fue muy agresivo, e incluso cruel. A algunas no sólo les trituraba su intimidad informática, sino que las sometía a feroces campañas de acoso mental. Fuentes próximas a la investigación afirman que Moreno “explotaba las debilidades” de sus víctimas, hasta el punto de que algunas requirieron tratamiento psicológico. Con una de ellas se cebó especialmente, tanto que la víctima trató de suicidarse. Se trataba de una mujer con la que Moreno se había visto en persona y a la que, a raíz del acoso constante a que la sometía el ciberdelincuente, le concedieron una orden de alejamiento. En algunos casos Moreno suplantaba la identidad de sus víctimas. Accedía a sus correos electrónicos y solicitaba la baja en los servicios de luz o teléfono.

Según pudo comprobar la Guardia Civil cuando registró el domicilio de Moreno, éste poseía decenas de cuadernos y libretas con abundante información sobre sus víctimas. Entre estas anotaciones podían encontrarse no sólo cuentas de correo electrónico con sus contraseñas, sino también números de cuentas bancarias o números de tarjetas de crédito con su respectivo código PIN. Sin embargo, según fuentes de la investigación, no robó ni un solo céntimo. “Su motivación -afirman estas fuentes- no era el provecho económico, sino la notoriedad”.

Míster Hyde

Este rasgo, sin embargo, no era el que más le alejaba de un delincuente normal. Moreno estaba bajo tratamiento psiquiátrico desde hacía años y, al poco de ser arrestado, un psicólogo se encargó de confirmar que el detenido padecía una patología de personalidad múltiple. Así, Moreno explicó a los agentes que el que había cometido todas las tropelías de las que le acusaban (que incluyen cargos como coacciones, revelación de secretos, suplantación de identidad o delitos contra el honor) no había sido él, sino su yo malvado. Su particular míster Hyde.

Esto era tan cierto que, antes de comenzar los interrogatorios, los agentes tenían que preguntar con qué Juan Moreno estaban hablando, con el bueno o con el malo. Los desarreglo mentales, sin embargo, no impiden que este ciberdelincuente tenga un intelecto portentoso. Las fuentes citadas anteriormente señalan que Moreno es “muy inteligente”, y que, además, tiene una memoria extraordinaria, fuera de lo común. Así, cuando en un interrogatorio los agentes quisieron repasar las preguntas que le habían hecho anteriormente, Moreno repitió, palabra por palabra, “como una grabadora”, cuanto había dicho en la sesión anterior.

Una sesión que había durado varias horas. La investigación determinó que Moreno realizó muchos de sus asaltos a ordenadores ajenos desde el aula de informática de la universidad de Cádiz, donde fue alumno de la carrera de Lingüística durante el curso 2005- 2006. No llegó a terminar estos estudios, aunque cuenta con una licenciatura en Ciencias de la Documentación y la Comunicación y una diplomatura en Biblioteconomía. A esta sólida formación académica hay que añadir una gran facilidad para los idiomas, en especial el inglés. No en vano, el último trabajo conocido que tuvo fue en una destacada biblioteca británica.

Lingüista interno residente

Pese al tiempo transcurrido, en la universidad de Cádiz todavía le recuerdan bien. Una profesora que tuvo a Moreno Morales en tres clases dice de él que era muy inteligente, tanto que a veces llegaba a sorprenderse de que un alumno tuviera conocimientos tan avanzados en la materia. Sin embargo, también era muy inquieto, interrumpía constantemente al profesor y era “un poco sabido”.

Antes de dejar de acudir a las clases, a comienzos de 2006, Moreno se presentó como único candidato a las elecciones del consejo de departamento de Filología, y fue designado representante de los alumnos. Asistió a pocas reuniones, aunque tuvo intervenciones memorables, como cuando argumentó que todas las empresas deberían incorporar a sus plantillas la figura del Lingüista interno residente, que habría de ayudar a los empleados con las dificultades diarias derivadas del uso del idioma. Tras su detención, Moreno permaneció tres días en los calabozos, hasta que el juez lo puso en libertad con la obligación de personarse en el juzgado los días 1 y 15 de cada mes. Sorprendentemente, no se le ha prohibido seguir accediendo a ordenadores.

Se trata de una decisión indescifrable, como indescifrable es la determinación que llevó a Moreno Morales a colarse en un millar de ordenadores. Y es que, en lo que respecta a este personaje, parece que no sirve aplicar los parámetros de un hombre corriente, tanto para lo bueno como para lo malo. Según una antigua profesora de la universidad de Cádiz, Moreno no es otra cosa que una contradicción en sí mismo. “Es muy triste -afirma esta profesora- que alguien tan brillante acabe así”.

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