Cuantos menos amigos, más inteligentes
Todos necesitamos rodearnos de gente, salvo los más listos, que se manejan muy bien estando solos.
Quien tiene amigos tiene un tesoro... ¿o no es para tanto? Viajar juntos, pasar una tarde de cine o de charlas, compartir confidencias no es valorado por todo el mundo igual. Y es que parece que las relaciones personales y también las virtuales presentan dos caras muy distintas de la misma moneda. Mientras que unos se esfuerzan en incrementar su lista de amistades, otros prefieren ser mucho más selectivos, eligen la soledad y no obtienen tantos beneficios de la relación con los demás e incluso para ellos tener demasiados amigos podría llevarles a rebajar su nivel de la felicidad. Un estudio realizado por la Universidad de Singapur entre 15.000 adultos de entre 18 y 28 años desvela que los individuos con niveles intelectuales superiores, no necesitan de tanta vida social y relaciones y prefieren pasar más tiempo solos que el resto.
Y de bichos raros, nada, porque las razones hay que encontrarlas en nuestra historia lejana, cuando nuestros antepasados vivían de la caza y la recolección. En este tiempo se organizaban en pequeños grupos de alrededor de 150 personas y el contacto frecuente con amigos era básico para la supervivencia y la reproducción. Pero la situación cambia cuando los grupos van creciendo y los individuos con un coeficiente intelectual más alto, ya no se ven en la necesidad de confiar en los demás para solucionar los problemas relacionados con la caza o el cuidado de sus hijos. En este nuevo contexto se adaptan a los cambios sin necesidad de depender de los otros y, en definitiva, pasaron a poder prescindir de tener algo tan valorado en estos momentos como es la amistad.
Espacio personal
Pero la búsqueda de la felicidad no parece ser un camino de rosas para nadie, porque en el universo de los más listos también abundan los malos momentos, según se desprende de la experiencia del profesor Mihály Csíkszentmihályi, quien para escribir su libro Creatividad entrevistó a 91 eruditos, incluidos 14 premios Nobel, y se encontró con que las personas más inteligentes y creativas suelen ser a la vez enormemente sacrificadas y solitarias.
Este profesor de Psicología de la Universidad de Claremont afirma que los sujetos con un coeficiente superior a la media que se ven obligados a frecuentar a amigos, se encuentran menos a gusto que el resto, ya que prefieren su espacio personal y que este no se les invada. De esta manera, los más listos e inteligentes optan por centrarse en sus objetivos y en su trabajo y no tienen tanto tiempo que perder con las relaciones sociales.
Al final los reyes del postureo, esos a los que les encanta presumir de su vida social en Facebook o Instagram y de sus cientos y cientos de amigos virtuales, no salen nada bien parados. Y es que el esfuerzo de muchos por acumular contactos, no es motivo para presumir ni tampoco un síntoma de inteligencia.
A más número de amigos en la lista de Facebook, más elevado encuentra el usuario su autoestima y mayor apoyo social siente debido al constante refuerzo que experimenta por parte de su red, aunque lo cierto es que para los expertos, los números no cuadran. Si una lista en torno a los 100 y 150 amigos se puede considerar normal, cuando ya entramos en cifras que superan los 300 o incluso llegan hasta los 1.000, refleja un problema, al menos a ojos del gurú tecnológico Shelly Palmer quien, ante cifras tan desorbitadas, recomienda hacer una buena purga y limpiar la lista. A la hora de valorar las amistades, quizá toque hacer cuentas y a quien tiene 600 amigos posiblemente le sobren 400. Y es que las redes sociales que tanto han facilitado la interacción entre “amigos”, a la vez dificultan y son una barrera para las relaciones reales.



