30 años de Erasmus
Tiempo repasa la experiencia de cuatro españoles que disfrutaron la beca Erasmus en diferentes momentos de estas tres décadas.

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Pedro Vidal-Aragón de Olives (Estudió en L’École Polytechnique Féminine de París en 1988).
Fue uno de los primeros españoles en traspasar nuestras fronteras gracias a Erasmus. Corría el año 1987 y él estudiaba Ingeniería en ICAI en Madrid cuando en cuarto de carrera convocaron a todos los alumnos y les informaron del proyecto. “Entonces nadie sabía qué era eso, lo tengo grabado en la memoria, nos propusieron ir a estudiar un año a París y de 500 alumnos lo solicitamos tres. Ahora con perspectiva no entiendo la poca inquietud de mis compañeros por apuntarse”. Les ofrecieron ir a L´École Polytechnique Féminine, con la que su universidad había firmado un acuerdo. “Si tienes 21 años y te dicen: ‘Te doy la oportunidad de cursar un año de carrera en París, en una universidad convalidándote las asignaturas’ ¿Qué quieres que te diga?... yo no me lo pensé dos veces”. Recuerda divertido su experiencia en una universidad femenina: “Yo había estudiado en colegios para chicos y de repente me vi rodeado de francesas, les hacía sangría, tortilla de patata, paella... con otros dos erasmus españoles que estaban allí. Pasamos un año excepcional”, recuerda.
La diferencia que observa con los erasmus actuales es que ellos se integraban “totalmente en la sociedad francesa, con familias y amigos”: “El idioma lo aprendimos fácilmente porque convivíamos con los franceses a todas horas. Te empapabas de la cultura del país, de la sociedad, de la manera de vivir y de la forma de pensar, creo que ahora eso se está perdiendo, porque al ser más numerosos, los erasmus se agrupan entre ellos y esa inmersión no es tan completa”. Para Pedro la oportunidad más grande del Erasmus es que le permitió relativizar las cosas y darse cuenta de que los valores absolutos no existen: “En mi pueblo, Almendralejo, lo que son verdades absolutas en Madrid dejan de serlo y en París te las cambian por otras distintas”, explica. Tras acabar, le ofrecieron un trabajo y se quedó un par de años más en París, donde conoció a la que hoy es su mujer. “Ella no es francesa. Fue también a hacer el Erasmus y es madrileña, de hecho éramos casi vecinos y nos fuimos a conocer en París. Me gustó desde el principio, nos casamos y nos quedamos a vivir allí durante un tiempo”. Ahora tienen cuatro hijos que también siguen los pasos de sus padres como futuros erasmus: “María, que tiene 21 años, estudia Administración y Dirección de Empresas y se va la semana que viene también con Erasmus a París a una escuela de comercio, está muy ilusionada; y Jacobo, que estudia Ingeniería industrial, también quiere hacerlo”.
Emprendedor por vocación, Pedro abandonó la multinacional en la que trabajaba y creó hace un año con otro socio su propia empresa, Quercus Ventures, “en la que trabajar no es un sacrificio sino una actividad con la que disfrutas y a la vez te ganas la vida”. Con la experiencia adquirida en la multinacional se dedica ahora a “dar soluciones a las pymes, a resolver sus problemas y a suministrarles las herramientas para crecer y desarrollarse”.


