Vivir en Palomares
Han pasado 50 años desde el accidente nuclear de Palomares (Almería) y el Gobierno estadounidense todavía no ha retirado la tierra contaminada
Han pasado 50 años desde el accidente nuclear de Palomares (Almería) y el Gobierno estadounidense todavía no ha retirado la tierra contaminada de plutonio que se comprometió a almacenar en el Sitio de Seguridad Nacional de Nevada, en una zona desértica a 100 kilómetros al noroeste de Las Vegas, según acordaron el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, y el secretario de Estado, John Kerry, cuando vino a Madrid hace unos meses. Ahora dicen que es solo una propuesta, una mera declaración de intenciones, y necesitan concretar diversos detalles de un proyecto complejo, costoso y largo, pues llevaría entre 12 y 24 meses de ejecución. Lamento recordar, porque sé que disgustó a los vecinos de Palomares, que el 17 de enero de 1966, tras el accidente de un avión militar estadounidense, cayeron cuatro bombas termonucleares sobre la pequeña localidad almeriense, que quedó estigmatizada. La imagen más recurrente de aquellos días fue el inefable baño de Manuel Fraga en el mar, vano intento de demostrar que no había rastro de radioactividad. El Pentágono y las autoridades españolas ocultaron la información para minimizar las consecuencias que tuvo aquel dramático accidente nuclear.
Los vecinos no levantan cabeza porque sus tierras, sometidas a vigilancia radiológica, siguen bajo sospecha y, aunque intentan desdramatizar el suceso, todavía no han logrado zanjar este asunto que perjudica sus principales recursos económicos, el turismo y la comercialización de sus productos. Los sucesivos Gobiernos, primero franquistas y luego democráticos, han intentado tranquilizar a la población con dudosas garantías de que todo está bajo control. A veces han saltado las alarmas al detectarse indicios de contaminación soterrada y entonces acotaban más espacio para que no se removiera esa tierra que prometieron retirar los americanos desde hace ya medio siglo.
Durante todo este tiempo han desaparecido algunos archivos de la Junta de Energía Nuclear y se han mantenido en secreto más de 5.000 informes y documentos que, tras veinte años de investigación, ha logrado recuperar Rafael Moreno Izquierdo, especialista en asuntos de defensa y conflictos armados, que ahora publica en La historia secreta de las bombas de Palomares, un libro que aporta datos reveladores sobre el desastre nuclear. El autor, que ha tenido acceso a materiales de la Administración estadounidense y a distintos documentos propiedad de la Fundación Francisco Franco, asegura que, gracias a la desclasificación de las comunicaciones diplomáticas estadounidenses por parte de WikiLeaks, se ha conseguido arrancar el compromiso de la Administración de Barack Obama para que el Departamento de Estado acepte, al fin, llevarse la tierra contaminada y ofrecer, además, alguna compensación económica. Ojalá quede resuelto este año, después de cinco décadas, y los habitantes de Palomares puedan recuperar la tranquilidad.


