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Razones para leer

18 / 06 / 2015 Natível Preciado
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La lectura preserva la memoria y estimula la actividad cerebral

Cuando tengo que hablar para los clubes de lectoras (lo feminizo porque la abrumadora mayoría de las participantes son mujeres) insisto siempre en la cantidad de ventajas que tiene la lectura a lo largo de la vida, pero, de manera fundamental, en la vejez. Además de un buen método para combatir la soledad, la lectura preserva la memoria y es un ejercicio mental clave para estimular la actividad cerebral. Hace algún tiempo se publicó en la revista Neurology un informe del centro médico de la Universidad Rush, de Chicago, según el cual, la pérdida de memoria de los lectores de edad avanzada se reducía un 32% respecto a los que no tenían una actividad mental frecuente. La investigación consistió en someter a 294 personas, con una edad promedio de 89 años, a diversas pruebas físicas y test psicológicos. Tras su muerte se examinó su cerebro para determinar si existían signos físicos de demencia o cualquier otro tipo de lesiones. La diferencia era muy notable entre los que habían mantenido una actividad mental intensa hasta el final y el resto.

Así que les sugiero que para tener una existencia saludable, sea cual sea su esperanza de vida, cuiden de sus neuronas tanto o más que de su hígado o de sus pulmones. Lo digo porque para las enfermedades cerebrales no tenemos ni una décima parte del arsenal terapéutico que existe para el resto de las patologías. Cada vez estamos más cerca de curar o, al menos, cronificar patologías que eran irreversibles y letales hasta hace poco tiempo, como la mayoría de los tumores malignos o las cardiopatías. Mucho más lenta es la batalla contra el alzhéimer, el párkinson y el resto de las enfermedades neurodegenerativas. No deja de ser un drama que los avances científicos hayan logrado que vivamos cada vez más tiempo, sin encontrar un remedio eficaz para evitar el deterioro o la irreparable pérdida de las neuronas. ¿Para qué queremos ser superlongevos en condiciones tan deplorables como implica la amenaza de cualquier demencia senil?

Después de intensas campañas de salud pública sobre la importancia de la prevención, hemos aprendido que no debemos exponernos a determinados factores de riesgo (obesidad, sedentarismo, tabaco, alcohol...) para sortear un cáncer o un infarto, sin embargo, no somos conscientes de que también existe una medicina preventiva para el cerebro. Voy a poner de ejemplo a la actriz Sharon Stone, y no precisamente por su belleza o su capacidad de seducción. Ni siquiera por tener una puntuación de 154 de coeficiente intelectual, muy por encima de la media. Está claro que recurre a los mejores tratamientos estéticos para mantener un físico envidiable cuando está a punto de convertirse en sexagenaria. Confiesa que monta a caballo, juega al beisbol, practica natación, pilates y baila hasta desfallecer. Pero lo que considero ejemplar es que, después de sufrir un derrame cerebral en 2001, del que tardó varios años en recuperarse, consiguió reaprender a leer. Y ha sido una de sus mayores alegrías. 

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