Plutócratas
Las élites de Davos no han sabido afrontar una crisis que no supieron prever.
Hace ya demasiados años, décadas tal vez, que los plutócratas reunidos en Davos anunciaron tratamientos paliativos para una crisis económica global que se prolonga más allá de todas las previsiones. Desde el inicio se habló de refundar el capitalismo, es decir, tomar medidas para poner límites a sus excesos, entre otras, controlar los mercados y acabar con los paraísos fiscales. La simple declaración de intenciones sirvió para todo lo contrario: tomar cautelas y reforzar el sistema. Consecuencias probables de la mala fe y de la pasividad contra la corrupción han sido el descrédito de la política tradicional, la desconfianza en las instituciones, el triunfo del brexit y el de Donald Trump y el auge del populismo occidental. Son muchas las víctimas que la crisis ha dejado por el camino, como señala el oportuno informe Una economía para el 99%, que Oxfam Intermón ha publicado coincidiendo con la reunión anual del Foro Económico Mundial celebrada esta semana en la ciudad suiza de Davos. Denuncia la ONG en su informe que tan solo ocho personas poseen ya la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial. Durante el último año, el incremento de la riqueza del 10% más rico en España ha sido casi dos veces el incremento del 90% restante. La monótona repetición de las cifras sobre el aumento de la desigualdad es probable que provoque indiferencia, pero se entiende mejor con nombres y apellidos: Amancio Ortega, su hija Sandra Ortega y Juan Roig, presidente de Mercadona, son los tres españoles más ricos, y acumulan la misma riqueza que los catorce millones más pobres del país. El dinero circulante solo cambia de manos y cuanto más grandes sean las privaciones de la clase media y más bajen los salarios de los trabajadores, más aumentan las fortunas de unos cuantos. El crecimiento excluye a los más vulnerables. La brecha de la desigualdad se agranda.
Al principio he mencionado a los plutócratas, un término algo despectivo para referirme a una minoría oligárquica (los que, parafraseando a Stuart Mill, se hacen ricos mientras duermen) que ha participado en la reciente cumbre. No es un secreto que los más potentados ejercen una influencia desmesurada en los procesos políticos y les imponen medidas beneficiosas para sí mismos y perjudiciales para el resto de la población. Las cosas siguen siendo así de simples, como en tiempos de Jenofonte, el primero que empleó el termino plutocracia en referencia a la podrida situación política ateniense, cuya decadencia provocó enorme inestabilidad política y graves conflictos sociales. Un riesgo que ojalá no se repita. Las élites económicas reunidas en Davos nunca han sido capaces de afrontar una crisis económica que ni siquiera supieron prever. Dudo si es por falta de decisión o de voluntad.


