Oficio de alto riesgo
Dedico estas líneas a los colegas que han sido asesinados y a los que se siguen jugando la vida por el simple hecho de contar lo que sucede a su alrededor. La mayoría son sencillos reporteros locales que trabajan en medios modestos. Como la mexicana Anabel Flores Salazar, 27 años, colaboradora del diario local El Sol de Orizaba, donde hacía información de sucesos. Es la última periodista asesinada en el Estado de Veracruz. Esta semana han detenido a su presunto asesino, al menos, al jefe de la banda criminal que la secuestró en su casa y, horas después, dejó su cadáver abandonado en el arcén de una carretera del Estado de Puebla. Me estremece ver su imagen, todavía sonriente, hace unos días.
México es el país más peligroso del mundo para ejercer este oficio. Los asesinatos de periodistas en América Latina y el Caribe han aumentado un 60% en la última década, pero en México hubo más de 80 muertos y 17 desaparecidos. Es posible que haya más, pero los familiares los ocultan por miedo a las represalias de las mafias. El silencio es una mala práctica para combatir el crimen organizado y a la clase política corrupta, cuyo principal enemigo es la libertad de expresión; lo que menos les conviene es que se conozcan sus actividades y sus métodos terroristas a escala internacional. Por eso tenemos el deber moral de dar a conocer los hechos, mejor cuanto más se difundan, como hacen las organizaciones como Reporteros sin Fronteras (RSF). Esta ONG denuncia, en su reciente informe anual, que los asesinatos de periodistas en los países que supuestamente “viven en paz” aumentan más que en las zonas de conflicto. Francia fue en 2015 el tercer país en el que más periodistas perdieron la vida, a causa de las ocho víctimas del atentado terrorista contra la revista Charlie Hebdo. La situación empeora por el aumento de los radicalismos religiosos. El 40% de los periodistas asesinados en 2015 lo ha sido a manos de yihadistas.
Con la excusa de combatir el terrorismo, crecen otro tipo de mordazas contra la prensa libre: censura en Internet y leyes más represivas. Un total de 54 periodistas permanecen secuestrados, tres de ellos los españoles Antonio Pampliega, Ángel Sastre y José Manuel López. Hace años que RSF nos propuso una campaña de apadrinamientos para que el mundo no olvide los nombres, historias y sufrimientos de los periodistas presos y secuestrados. Soy madrina de Raif Badawi, bloguero y defensor de los derechos humanos, acusado de “insultar al islam”, encarcelado desde 2012 y condenado a 10 años de cárcel y a recibir 1.000 latigazos en una plaza pública. En Arabia Saudí se infringen todavía torturas y castigos medievales. Que nadie olvide el nombre Badawi, preso de conciencia, recluido por ejercer su derecho a la libertad de expresión. Necesita protección. Reclamemos su inmediata libertad.


