Los ‘millennials’
Esta será la primera generación que viva peor que las anteriores.
Por enésima vez repito que esta será la primera generación que viva peor que las anteriores. No creo que haya padre o madre que no se angustie al escucharla, porque es una afirmación que posee un rostro muy duro. Una de las conclusiones más optimistas es que el cambio de hábitos también tiene aspectos positivos que para las generaciones anteriores eran insospechados. Muchos dirán que los jóvenes millennials se han resignado a llevar una nueva forma de vida, porque no tienen posibilidad de encontrar otra mejor. Lo cierto es que las parejas ahora no aspiran a formar una familia numerosa. Comparten apartamentos de alquiler funcionales y mas fáciles de limpiar. Viajan en vuelos low cost cuyas ofertas les permiten desplazarse a lugares insospechados. Se alojan en casas de amigos o buscan viviendas de intercambio por Internet. Programan virtualmente, sin pérdida de tiempo, los itinerarios de moda, gastronomía o diseño. Los padres y abuelos de los millennials, sin embargo, aspiraban a tener más de un hijo, grandes casas en propiedad, viajes en cómodos plazos... Todo esto tiene tintes añadidos de una adaptación darwiniana, a modo de selección doméstica, en la que se eligen opciones útiles a las necesidades que, de acumularse y mantenerse en el tiempo en una sola dirección, llegarán a marcar un verdadero cambio adaptativo.
Curiosamente, muchos reclaman hoy copiar también a la naturaleza en todas sus manifestaciones, lo que se conoce con el término de biomímesis, es decir, el proceso de entender y aplicar a problemas humanos, soluciones procedentes de la naturaleza. Ya existen tecnológicamente muchos ejemplos. Por citar solo algunos: impermeables que imitan a la hoja de loto porque repele el agua, pegamentos inspirados en la adherencia de alguna especie de mejillón o trajes de baño semejantes a la piel de tiburón. Deberíamos copiar a la naturaleza no porque se trate de una “maestra moral”, sino porque nos lleva mucha ventaja, ya que viene funcionando desde hace mas de 4.000 millones de años. Como bien dice el biólogo Frederic Vester “es la única empresa que no ha quebrado”.
Pero para algunos especialistas (los pansociologistas) naturaleza y sociedad aparecen fusionadas en la actualidad. Quizá sea mejor disociarlas y sospechar que estamos ante una quiebra del contrato social generacional, de cuyas debilidades ojalá estén surgiendo fortalezas. Esto insinuaba al principio cuando me refería a los nuevos cambios de comportamiento. Una de ellas es subjetiva: que los jóvenes aseguran preferir trabajos que les satisfagan plenamente, antes que ganar un salario elevado. Otra es objetiva: que van más ligeros de equipaje y, como dijo algún gurú, “las empresas que más valen son aquellas que antes pueden salir de donde entraron”. Y se me ocurre una tercera: no es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita.


