Los mercados meten miedo
Los mercados tienen más miedo a la inestabilidad de un Gobierno con Podemos que al desafío soberanista en Cataluña. Lo ha dicho el ministro Luis de Guindos en El Mundo. El motivo oficial es que temen que si gobierna la izquierda dé marcha atrás a las reformas, no se cumpla el déficit y se pierda competitividad. Los mercados, es decir, la gente que nos presta el dinero, quieren lo mejor para los españoles. “Si no hacemos tonterías”, nos recuperaremos. En caso contrario, subirá la prima de riesgo, bajará la bolsa, los inversores se llevarán su dinero a otros países y, en definitiva, las cosas nos irán mal. Los inversores ni siquiera han esperado a que se cumplan los plazos y ya empiezan a tomar medidas preventivas que algunos consideramos advertencias o incluso amenazas. Les conviene que las cosas sigan como están, de manera que si algo cambia, ellos se van. De hecho, ya se están llevando su patrimonio a Suiza, Reino Unido y Luxemburgo. ¿Y por qué no a Australia o Nueva Zelanda? Los lugares, según me decía un experto, donde el dinero estaría más seguro en estos momentos. Son salidas legales, no intentan ocultar dinero negro, porque todo está declarado y pagan impuestos. El capital, no las personas, tiene libertad de movimientos y puede irse donde más le convenga. Aunque si las personas tienen fortuna son bien recibidas en todas partes.
Cuando escucho que parte de la familia Thyssen se ha instalado en Andorra por motivos fiscales, me quedo atónita. Lo mismo que cuando veo en la prensa del corazón a ciertos individuos que siguen manteniendo un fastuoso ritmo de vida, a pesar de aparecer en la lista negra de Hacienda con deudas multimillonarias. No en vano al abogado del Estado, para defender a la infanta Cristina, se le escapó que lo de “Hacienda somos todos” es un simple eslogan publicitario. También escuece que uno de los detenidos en la trama Acuamed le dijera al juez, como consta en el auto, que “el dinero público no es de nadie”. Por eso se lo gastaban en viajes a Turquía, hoteles de lujo, coches y hasta en implantes de pelo. No debería sorprenderme, porque las cosas son así. El mismo sistema que propició la crisis ha salido fortalecido de ella y ha impuesto sus condiciones. “La democracia –cito a Saramago– se ha convertido en un instrumento del poder económico”. En el mismo sentido se expresaba la semana pasada Alfonso Guerra en Tiempo, al advertir que las entidades financieras y las empresas presionan para favorecer un Gobierno de concentración PP-PSOE-Ciudadanos. Y a quien no le parezca bien, añado, le queda el derecho a la protesta.
Está claro que a los mercados y los altos patrimonios no les gusta la incertidumbre y tienen miedo, sobre todo, a que les suban los impuestos y se impongan nuevas medidas de control de capitales. No temen por nosotros, sino por ellos.


