Lo que pierde Europa

19 / 05 / 2016 Nativel Preciado
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El recién celebrado Día de Europa ha sacado a relucir todos los fantasmas que merodean por el continente. Por más Himno de la alegría que sonara en Estrasburgo, más banderas que adornaran los pasillos del Parlamento y más discursos optimistas que pronunciasen los mandatarios, se llegó a la conclusión de que había poco o nada que festejar. Somos conscientes de que Europa está pasando un mal trago. Vive atrincherada, está en declive, no sabe resolver sus problemas, su política económica se basa en la especulación y la corrupción... y porque priman los intereses económicos sobre los derechos humanos, los jóvenes no tienen empleos dignos y los refugiados están cruelmente excluidos. Los eurócratas se han equivocado al aplicar, en plena recesión, unas medidas absurdas de austeridad que han tenido efectos contraproducentes. Por si los anteriores no fueran bastantes motivos de desolación, añado un par de cosas más: el desafío del Brexit, la posible salida del Reino Unido de la UE, y el inquietante Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y Estados Unidos (TTIP).

Si digo que este cúmulo de problemas amenazan la paz y la estabilidad de la Unión Europea me acusarán de alarmista, pero me he limitado a recopilar en un solo párrafo las palabras que han pronunciado, con motivo del Día de Europa, el Papa, los economistas del FMI, el primer ministro David Cameron, el presidente François Hollande y los profesores Slavoj Zizek, Noam Chomsky y Paul Krugman. Ya sé que algunos combaten su autoridad intelectual, pero como yo la respeto me amparo en ellas para dibujar un panorama que lamento, pero admitir los problemas es la única manera de emprender su posible solución. Si Greenpeace no hubiera filtrado los documentos sobre el TTIP, una negociación que se había logrado mantener en absoluto secreto, es probable que el acuerdo se hubiera inclinado favorablemente hacia Estados Unidos en detrimento de los intereses europeos. Puede que termine siendo así, pero, de momento, las claves del polémico acuerdo han aumentado el rechazo de la opinión pública. En un principio solo las ONG y los partidos ecologistas alertaron sobre los aspectos más conflictivos de las negociaciones, sobre todo, en lo referente a la regulación en áreas muy específicas como los materiales cosméticos, clínicos, pesticidas, productos agrícolas, farmacéuticos, textiles y los animales dedicados al consumo. Solo un ejemplo, las autoridades estadounidenses permiten el uso de piensos modificados genéticamente, la administración de hormonas de crecimiento y antibióticos. Esta permisividad está muy por debajo de las normas europeas, que se han alcanzado con enorme esfuerzo. El mejor argumento que tienen los negociadores de la UE para defender nuestros intereses es la presión ciudadana.

La protesta está garantizada, entre otras cosas, gracias a la oportuna filtración de Greenpeace.  

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