Lluvia de millones
Felices 140, la última película de Gracia Querejeta, es una sugerente historia sobre el poder transformador del dinero.
Me gusta el cine de Gracia Querejeta. Tengo afinidad con sus personajes, sus argumentos, su manera de desarrollarlos y, por supuesto, con la elección de sus actrices y actores más emblemáticos. Desde muy niña empezó a trabajar en el cine junto a su padre, el gran productor Elías Querejeta, con la convicción de que no quería ser actriz, a pesar de que tuvo grandes oportunidades, sino guionista y realizadora. Todas sus películas y documentales tienen un sello familiar inconfundible. Su séptimo largometraje, Felices 140, que se estrenará en unos días, es una sugerente historia sobre el poder transformador del dinero. La protagonista, Maribel Verdú, celebra sus cuarenta años e invita a sus amigos y familiares a una lujosa casa rural en una isla. Pronto se descubre que, a pesar de su aparente felicidad, es una mujer frágil, se siente sola y pretende recuperar a un antiguo amante que aparece en la reunión con una novia jovencísima.
Durante la fiesta, les cuenta que es una mujer afortunada, no solo por su compañía, sino porque ha ganado el bote de Euromillón, premiado con 140 millones de euros. A partir de ese momento, cada uno de los personajes interpretados admirablemente por Antonio de La Torre, Eduard Fernández, Nora Navas, Marian Álvarez, Alex O’Dogherty, Ginés García Millán y Paula Cancio, ven en su amiga, repentina multimillonaria, la solución a sus numerosos problemas. Un magnífico pretexto para desarrollar una tragicomedia con desenlace inesperado. El ambiente, en un principio festivo y alegre, se tensiona y se vuelve irrespirable. Todos creen tener derecho a una porción del botín y se inventan complejas argucias para exigirle que comparta su inesperada fortuna. Al no conseguirlo por las buenas, enseguida aparece el pariente codicioso que propone lograr su objetivo por las malas. Algunos inicialmente se resisten, pero varios, de un modo u otro, terminarán por caer en la tentación de anteponer la avaricia a la amistad.
Las relaciones humanas son demasiado complejas cuando se interpone el dinero. ¿Hasta dónde llega su poder de corrupción? ¿Cómo se comporta la gente cuando es rica o tiene la oportunidad de serlo? Excitante argumento sobre el que los guionistas Gracia Querejeta y Antonio Mercero se han documentado meticulosamente. Varios estudios psicológicos, entre otros los del polémico investigador californiano Paul Piff, han llegado a la conclusión de que cuanto más dinero tienen las personas, más dispuestas están a hacer trampas, a mentir y, en definitiva, a actuar sin escrúpulos. El estatus socioeconómico y la jerarquía social determinan el comportamiento, en el sentido de que los ricos suelen ser menos empáticos que los pobres. Salvo excepciones, la posesión en exceso de bienes materiales nos hace más egoístas y desconfiados. En definitiva, cuando aparece el dinero todo se tambalea como verán en Felices 140 a través de una espléndida Maribel Verdú, que borda un personaje en torno al cual se desatan las más bajas pasiones, pero también alguna noble y generosa.



