Largo y cálido verano
Agosto suele ser el mes de los cisnes negros que ponen el mundo patas arriba.
Durante el largo y cálido verano dejaré descansar a los lectores y, a propósito del título que he plagiado, sugiero a los más jóvenes que vean la película para disfrutar de un Paul Newman en todo su esplendor. Por cierto, gracias a este melodrama sureño basado en relatos de William Faulkner, el jovencísimo Newman ganó el prestigioso premio al mejor actor en el festival de Cannes. Les garantizo que merece la pena dedicar una hora de siesta a El largo y cálido verano. Decía que les dejo descansar con la esperanza de que el regreso no sea tan caliente como este mes de julio que ahora termina. No se puede pedir más intensidad ni en temperaturas ni en furor informativo. Crece el rebaño de las ovejas negras. Bárcenas, en palabras de Javier Maroto, dando la barrila. El sumario de la operación Púnica expuesto con todo lujo de amaños, comisiones y demás escabrosos detalles. La jueza Alaya muy molesta con el reparto de la instrucción de los ERE. El enésimo órdago de Artur Mas. El Gobierno central en estado de alerta de cara al independentismo. Y para que no falte detalle, la ofensiva de los ayuntamientos contra los símbolos de la monarquía. Parece que una conjunción astral ha hecho que todos los dragones estallen en llamas. Y eso sin contar los conflictos internacionales que nos asedian, como el avance de los yihadistas, la violencia en la explanada de las mezquitas o el imparable ascenso del multimillonario Donald Trump en la designación a candidato presidencial (Dios no lo quiera). Desde que el mundo se ha globalizado, más para lo malo que para lo bueno, da la impresión de que se agrandan los peligros. Cualquier cosa que escriba en este aspecto puede quedar superada instantáneamente por la ardiente actualidad. Menos mal que agosto es un mes especialmente propicio para meter la cabeza debajo del ala, con la pueril seguridad de que el tiempo se dilata por el calor y se aplazan los problemas. Soy una ilusa que se lleva 15 libros en el Kindle y otros tantos en papel, convencida de que en cuatro semanas, me van a sobrar días para leerlos todos. Los que tenemos el privilegio de alejarnos de la rutina habitual, y tomarnos un descanso poniendo tierra por medio, pedimos una pausa para descargar tensiones. Que cesen las hostilidades y se aplacen hasta el final del verano los asuntos pendientes. Mantengo el mismo deseo contumaz a pesar de que estoy harta de escribir que este suele ser el mes de los cisnes negros que ponen el mundo patas arriba. No me refiero solo a las catástrofes naturales, atentados terroristas, accidentes aéreos, secuestros, migraciones, guerras, que jamás dan tregua, sino a ciertos fenómenos de difícil pronóstico, altamente improbables, de efecto sorpresa y enorme repercusión, que son tan inesperados como contemplar en medio de un estanque un asombroso cisne negro. Con la misma credulidad que me llevo la montaña de libros, confío en la aparición de uno de esos cisnes capaces de cambiar, a ser posible para bien, el rumbo de los acontecimientos. Que pasen un feliz verano, aunque sea mentira.


