La salida del laberinto
Solo queda confiar en la habilidad de los elegidos para encontrar la salida del laberinto
Solo queda confiar en la habilidad de los elegidos para encontrar la salida del laberinto en el que están atrapados. Hoy le siguen dando vueltas, perdidos en la encrucijada, recorriendo caminos tortuosos sin encontrar solución. En plena incertidumbre, ante la posibilidad de que no superen la tarea encomendada y sean incapaces de formar Gobierno, no viene mal repasar unos cuantos errores, aciertos y obviedades, para afrontar otra inminente convocatoria electoral. El primero es la influencia decisiva que han tenido los debates de los candidatos en televisión. Ahí arrasó Pablo Iglesias, no solo por su espectacular dominio del medio audiovisual a cuyo aprendizaje ha dedicado grandes esfuerzos, sino por su gestión posterior en las redes sociales, donde Podemos se maneja con magistral habilidad. Por más criterio que tenga un espectador, solo sentirá su posición reforzada o debilitada al contrastarla con la opinión mayoritaria.
Habrá quien esté ya analizando los siete millones de mensajes que han circulado por las redes sociales en la reciente campaña electoral, para clasificar su origen y saber cuántos se derivan del inmenso poder de difusión que tienen los community manager de cada partido. Es oportuno recordar que Barack Obama, el rey de las redes sociales (67 millones de seguidores solo en Twitter) marcó el camino a seguir. Los anuncios que en plena campaña electoral Obama subió gratis a Internet, según un estudio elaborado por The New York Times, le hubieran costado 47 millones de dólares en televisión.
Otra peculiaridad del 20-D es el significativo aumento de los autoproclamados indecisos y las razones que les sacaron de dudas. Buen número de estos electores ha desertado del bipartidismo y se ha desperdigado por partidos de ideologías diversas y distantes. Es probable que su espectacular deserción suponga la disminución del voto cautivo hacia otro más subjetivo y personalizado. No pongo en duda que los militantes y afiliados seguirán respaldando en un futuro a su propia formación, pero no será lo mismo para los que representaban el llamado voto cautivo. No se ha producido la adhesión inquebrantable de otros tiempos, cuando los dirigentes políticos contaban con un caudal electoral estable que, por ideología, afecto o tradición, les respaldaba en las circunstancias más adversas. Eran los que garantizaban el suelo electoral y, en esta ocasión, populares y socialistas, la llamada vieja política, han quedado unos cuantos peldaños por debajo de la línea de flotación. El hartazgo ciudadano ha mostrado su rechazo a las promesas incumplidas y a los errores cometidos, de un modo especial, a la corrupción. No en vano, por cierto, corrupción ha sido una de las palabras que más comentarios ha generado en las redes sociales. A ver si salimos pronto de este laberinto.


