Fichajes estelares
A los nuevos fichajes se les reclama como cabeza de lista por no tener pasado político
El candidato me advirtió muy orgulloso: “Yo no soy un profesional de la política, me dedico a ella, pero de manera transitoria”. No es el único que reniega de un oficio que no pasa por su mejor momento. Cada vez son más los que se presentan a las elecciones presumiendo de independencia, una actitud que causa indignación en los afiliados más veteranos, sobre todo, cuando se ven desplazados en las listas electorales. Escribo días antes de que finalice la campaña, por lo tanto, imposible anticipar el resultado que darán los nuevos fichajes estelares de los partidos. Se sabe que nunca han sido demasiado productivos a largo plazo, la mayoría se desliga de sus compromisos a las primeras de cambio y solo se quedan unos cuantos desperdigados por los escaños sin apenas protagonismo.
No obstante, se les sigue reclamando como cabezas de lista porque carecen de pasado político, por lo tanto de errores, y dan una pátina de honradez a los partidos carentes de credibilidad. Se supone que si jueces, catedráticos, poetas, actores o economistas de larga trayectoria, prestigio profesional y acreditada independencia se avienen a apuntalar unas siglas es porque, aunque tengan que renunciar a cierta pureza ideológica en aras del pragmatismo y asumir sus propias contradicciones, el compromiso merece la pena. En su caso poco importa la edad, cuestión sobrevalorada por Albert Rivera en estas elecciones, es más, se da la curiosa circunstancia de que algunos fichajes sobrepasan los 60 e incluso los 70 años, como en el caso de la jueza Manuela Carmena, que encabeza la lista de Ahora Madrid, arrasa en las encuestas y es personalmente la más valorada.
Los independientes son un reclamo que, en principio, incrementan las expectativas de voto, aunque no se descarta que se produzca alguna sorpresa cuando estas líneas lleguen al lector. De todos modos, ganen o pierdan, habrá que agradecerles de antemano que no hayan pasado por el aro de ciertos rituales electorales arcaicos. Me refiero a la serie de extravagancias que han protagonizado los más veteranos, ocurrencias tales como vestirse de bomberos o chulapas, besar niños, andar en bicicleta, remar en el estanque, bailar chotis, cantar rap o zarzuela, todo ello con aparente espontaneidad, como si en vez de a las elecciones se presentaran a un baile de disfraces o a un concurso de televisión. Son prácticas que han quedado tan obsoletas como la simbólica pegada de carteles, la inútil jornada de reflexión o el buzoneo con papeletas, sobres y la carta del candidato. Habría que evitar gestos inútiles que suponen un despilfarro. Quizá porque los independientes son más contenidos, reflexivos, pudorosos o carecen del desparpajo de los veteranos, han sido también más ponderados a la hora de prometer el oro y el moro, como hacen casi todos. Se dice de algunos que, antes de hablar, se dedican a escuchar a los ciudadanos, cosa que es muy de agradecer entre tanto griterío y alboroto.


