El erotismo rosa

19 / 06 / 2009 0:00 Nativel Preciado
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La carrera literaria de Corín Tellado, una escritora portentosa, ha sido alabada por unos y denostada por otros.

La última vez que estuve en Gijón con Corín Tellado dejamos una conversación interrumpida por culpa de las prisas. Le prometí que volvería para terminarla. Cuánto lamento haber perdido la oportunidad, porque era un placer hablar con ella sobre su vida, la sociedad que le tocó vivir, sus aficiones, su delicada salud de hierro y su larga enfermedad a la que no le daba más importancia de la debida. Era una mujer austera, fuerte, combativa y seductora. Empezó a escribir a los 20 años y se pasaba las noches en vela, sentada en un sillón, con el cuaderno sobre sus rodillas, mientras cuidaba a su padre enfermo. Cuando el padre murió, ella se hizo cargo de toda su familia, a la que sacó adelante con las ventas de sus exitosas novelas. Y así ha seguido hasta el final, con una heroica disciplina, alternando la escritura con las duras sesiones de hemodiálisis que recibía tres días por semana.

Tuvo una existencia digna y fecunda en todos los sentidos. Dentro de la dignidad hay que incluir su carrera literaria, tan alabada por unos y denostada por otros. Entre los unos, destacan Vargas Llosa, García Márquez o Luis Sepúlveda. El escritor chileno (reciente Premio Primavera de Novela por La sombra de lo que fuimos) le organizó un homenaje en el Salón del Libro Iberoamericano de Gijón, donde se analizó profusamente “el fenómeno Corín Tellado”. Conviene recordar, una vez más, que se trata de una escritora portentosa, la española más prolífica de todos los tiempos, como consta en el libro Guinnes de los Récords por sus más de 5.000 novelas publicadas, traducidas a 27 idiomas, de las que se han vendido 400 millones de ejemplares. Los otros, sus detractores, se refieren con desdén al género de la novela rosa, porque se le supone ausencia de calidad literaria y más aún cuando se escribe con una facilidad tan envidiable.

Los más críticos no valoran su contenido ni tampoco sus tiradas astronómicas, ni su difusión en los países de habla hispana, ni siquiera que millones de personas, gracias a sus libros, aprendiesen a disfrutar del placer de leer. También pasan por alto la época que le tocó vivir, donde los censores de la dictadura prohibían muchas de sus novelas de amor, porque incitaban al pecado. Como fue siempre una mujer rebelde, se resarcía escribiendo novelas eróticas con el seudónimo de Ada Miller. Para valorar mejor el contenido de su obra, recomiendo la lectura de Corín Tellado, el erotismo rosa, de la filóloga Ángeles Carmona, una de las escasas biografías dedicadas a la autora asturiana, donde explica cómo a través de sus novelas se descubre un interesante material sociológico sobre la vida cotidiana de las mujeres españolas en una época sombría de la reciente historia de España. Para qué insistir más sobre los valores de una escritora inagotable, mujer extraordinaria y gran persona. Sólo dejo constancia de que ha sido un privilegio haberla conocido llena de energía, en su casa y en su ambiente, rodeada de sus hijos y de dos de sus nietas, no sé si mellizas o gemelas, de quienes decía que eran lo mejor de su obra.

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