El desmoronamiento

21 / 04 / 2016 Nativel Preciado
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Aunque dicen que la tendencia económica es buena, la vida de las familias empeora. Me refiero a los recursos de la depauperada clase media o, para ser más precisa, a los que no se sienten ni ricos ni indigentes. Dentro de esa mayoría de españoles hay un alto porcentaje de trabajadores pobres (“precariado”) que tienen un patrimonio negativo, es decir, un coche viejo, problemas con la hipoteca y dificultades para llegar a fin de mes. Cuando criticamos la creación de empleo precario y de mala calidad, nos dicen que es mejor que nada. Siempre será preferible ganar poco dinero que carecer por completo de ingresos. Lo prioritario es luchar contra el paro para que disminuya el número de personas que ni siquiera tienen un mal trabajo. El argumento final es que si España crece al 3% acabarán mejorando, a medio o largo plazo, las condiciones de vida de todos los ciudadanos. No es así. La realidad es que los indicadores internacionales siguen situando a España entre los países de la OCDE donde más ha crecido la desigualdad, casi diez veces más que el promedio europeo desde el inicio de la crisis. En España, denuncia Oxfam, el patrimonio de las 20 grandes fortunas se incrementó un 15% en el último año, mientras la riqueza del 99% de la población cayó un 15% en el mismo periodo. Aumenta el número de los ricos y sus fortunas, pero también el de los pobres que no se benefician del crecimiento del que tanto alardea el Gobierno en funciones. La prosperidad favorece, sobre todo, al 1% de la población que posee el 27 % de la riqueza, cuyo patrimonio va en aumento y que, incluso en estos tiempos, podría vivir de las rentas. Es urgente aplicar medidas de política redistributiva y aprobar una ley eficaz contra la evasión fiscal. El drama es que se recauda poco de los que más tienen y mucho de los que tienen poco. No se trata de un juego de palabras. Solo a modo de ejemplo: el caso de los jubilados en activo a los que reclaman un impuesto especial de solidaridad del 8%, una cantidad que asciende a miles de euros que no pueden pagar a plazos porque les cobran intereses, a pesar de que la culpa es de la Administración que no lo aplicó cuando correspondía.

Que una minoría de privilegiados prospere a costa de una mayoría que sobrevive con enormes dificultades contribuye a aumentar el malestar, la desesperación y el resentimiento. Cada día que aparece una nueva cuenta en Panamá o en Suiza o en cualquier paraíso fiscal, la indignación va en aumento. Se me ocurre tratar este asunto mientras hago la declaración de la renta y leo El desmoronamiento, la gran novela de George Packer, dramático relato de un país donde no funciona el Gobierno y una mayoría de ciudadanos viven abandonados a su suerte en un mundo empobrecido a punto de derrumbarse. Conviene recordarlo cada cierto tiempo.

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