Deudores eternos
Sea cual sea el próximo Gobierno, le queda por delante un panorama poco alentador. Lo tendremos más o menos difícil en función de la resistencia que presente a las exigencias de la Troika. Pocos hablan ya de los hombres de negro, como si no existieran, pero siguen vigilando muy de cerca nuestra vulnerabilidad macroeconómica para asegurarse del cumplimiento de los objetivos de déficit y el pago de la deuda. La micro poco les importa, como demostró uno de los euroburócratas que vino a vigilarnos cuando dijo, sin reparos, que un jubilado puede vivir perfectamente con 720 euros al mes. Con total desfachatez, la Comisión Europea ha instado al próximo Gobierno, todavía inexistente, a realizar nuevos ajustes y profundizar en la reforma laboral. También nos mete presión Christine Lagarde, reelegida la frente del FMI por cinco años más, con un sueldo de 400.000 euros al año libre de impuestos. Es una desfachatez y una insolencia por doble motivo. Primero porque la subida de impuestos, la congelación de salarios y pensiones y el resto de las medidas de austeridad han dividido la Unión Monetaria entre unos países convertidos en acreedores permanentes frente a otros, como España, condenados a ser deudores eternos, según la atinada valoración de Mario Draghi, jefe del Banco Central Europeo. Y, en segundo lugar, porque los responsables comunitarios, tan defensores de recortes ajenos, no predican con el ejemplo y no renuncian, en plena crisis, a la actualización de sus salarios, que superan los 300.000 euros anuales de media.
El propio Draghi ganó 385.860 en 2015, un 1,6% más que el año anterior. Así que sería importante hacerles ver que no estamos en condiciones de soportar un ajuste presupuestario de 8.600 millones, como pide Bruselas, demostrarles que sus medidas han sido un fracaso e incluso reclamar a los acreedores que nos rebajen un porcentaje de la deuda o, al menos, los intereses. Dirán que es pedir la luna y que todo depende del grado de aceptación o rechazo del nuevo Gobierno, pero habrá que intentarlo. Lo malo es que las noticias de las últimas horas son un jarro de agua fría sobre cualquier conato de optimismo. Me refiero a los 30.000 millones de euros que han salido del país, según publica el Banco de España, desde las elecciones del 20-D. A lo largo del pasado año se han llevado un total de 70.200 millones.
Ni a la Troika ni los hombres de negro les preocupa la fuga de capitales (me corrigen para que no lo llame fuga, sino movimientos o desinversiones). Para el dinero no existen fronteras, se puede mover con total libertad. La otra noticia desoladora es que el Gobierno socialista de François Hollande presenta oficialmente el 9 de marzo la reforma laboral exigida por Bruselas. Es tan dura para los trabajadores que ni siquiera se atrevió a ponerla en marcha el conservador Nicolas Sarkozy. Así no hay quien levante cabeza.


