Cuadrar el círculo
Los empresarios españoles apuestan por una vuelta del bipartidismo
En tiempos de ambigüedad calculada, en los que los representantes políticos y agentes sociales dicen lo que conviene a sus intereses tácticos, se agradece que alguno de ellos exponga sus opiniones sin medias tintas. Hace unos días participé en un encuentro privado en el Círculo de Empresarios; una organización de 215 socios, directivos en ejercicio de empresas que representan el 16% del PIB, de todos los sectores y autonomías, sostenidos solo por sus propias aportaciones, sin subvención externa alguna; en resumen, con parámetros distintos a los de la CEOE. Además de dicha diferencia, han creado 27 grupos de trabajo permanentes que producen informes elaborados por expertos internacionales, cuyos resultados tienen gran repercusión en la vida política. Tras este preámbulo aclaratorio, sepan lo que piensan influyentes empresarios españoles sobre algunas cuestiones.
Consideran, curiosamente, que la sociedad española avanza a pesar de la mala calidad de su clase política, que ha empeorado notablemente en las últimas legislaturas. La escasa remuneración, el desprestigio social, las incompatibilidades y los obstáculos para ejercer su profesión tras abandonar el cargo, han alejado a los mejores del ejercicio de la política. Por eso aumenta la desafección ciudadana. El Gobierno del PP ha actuado con torpeza. En vez de mostrarse prepotente, debería cambiar de rumbo y ser generoso a la hora de pedir apoyos para la investidura. El PSOE está muy tocado. El partido de Albert Rivera tiene demasiadas similitudes con el PP, pero carece de su experiencia. Y a Podemos le cuesta integrarse en las instituciones. Mi conclusión es que apuestan por un retorno del bipartidismo clásico, a pesar de que el PSOE tendrá que superar su travesía del desierto.
La corrupción no les parece un problema demasiado grave, porque en su opinión, se limita a casos concretos, aunque parezcan muchos y con gran repercusión pública. España no es un país corrupto, afirman, en el sentido estricto del término, porque la sociedad no lo es. Un país corrupto es aquel en el que la Policía admite mordidas; los jueces, astillas, y los funcionarios, sobornos, y España está lejos de dichas prácticas.
El creciente independentismo catalán lo analizan con actitud tolerante. Tras considerar que el Estado ha hecho dejación de funciones respecto a Cataluña, creen que aún es tiempo de reconducir el proceso, recuperar afectos, reivindicar la defensa del catalán como idioma de todos los españoles, acelerar transferencias con determinadas condiciones y con tiempos limitados y posibilitar un referéndum legal dentro de la adecuada reforma de la Constitución. Nada de lo anterior, sin embargo, será posible sin que todos los partidos del arco parlamentario se pongan de acuerdo para firmar el pacto por la educación, que es la madre de todas las batallas.


