‘Casting’ para presidentes

24 / 09 / 2015 Nativel Preciado
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Los políticos usan las mismas técnicas de comercialización de cualquier producto

Me dice un candidato a las elecciones catalanas que, casi con toda seguridad, el presidente Mariano Rajoy convocará las generales el 20 de diciembre porque hay una razón de mucho peso y es que la gente vota más agradecida después de cobrar la paga de Navidad. “¿Agradecida a quién?”, le pregunto. “Se supone que al Gobierno”, me responde con absoluto descaro. Teníamos que estar acostumbrados a semejantes respuestas y, sin embargo, todavía nos sorprende la desfachatez con la que se admite la manipulación más descarada. Se da por hecho que lo fundamental es ganar las elecciones a cualquier precio y, una vez alcanzado el poder, ya se verá. Lo importante es poner en funcionamiento la maquinaria adecuada para obtener el mayor número de votos. Ya nadie se escandaliza de que al candidato se le apliquen las mismas técnicas de comercialización que se emplean para cualquier producto.

Afamados genios del marketing se hacen de oro cuidando la imagen del político de turno hasta lo insólito. No solo se establecen consignas a través del argumentario que repiten con estricta obediencia a la hora de hacer declaraciones a los medios; también se les señala, a través de lo que llaman el dress code (código de vestimenta), el tipo de indumentaria que deben llevar para cada ocasión. Como pueden imaginar, no es fortuito que todos aparezcan descorbatados para acudir a los mítines de fin de semana. En el caso de los debates televisivos se llega a extremos ridículos tales como impedir que tomen ciertos líquidos para evitar el sudor, establecer al milímetro la altura de la silla o el estrado, exigir determinada iluminación y sugerir hasta la mirada, la gesticulación y el tono de voz. Siempre hay quien se rebela, pero a estas alturas son los menos, porque a todos les han contado la anécdota de que Richard Nixon se negó a maquillarse en el primer debate que mantuvo frente a Kennedy. Dicen que Nixon perdió las elecciones porque se le veía pálido, cansado y con barba incipiente, frente al espléndido aspecto de un joven Kennedy. Y este fue un punto de inflexión en la comunicación política. A partir de dicho episodio se le dio más relevancia al envoltorio que al contenido. Los expertos en mercadotecnia consideran que para convencer es imprescindible seducir, porque una verdad mal dicha no convence a nadie. Nada más opuesto al “¡programa, programa, programa!” que repetía Julio Anguita en sus comparecencias electorales. Lo oportuno sería armonizar ambas cosas y encontrar la manera más eficaz de transmitir los mensajes. Como declaraba en una entrevista de La Vanguardia Pere-Oriol Costa, catedrático de Comunicación Política de la Universitat Autònoma de Barcelona y asesor de numerosas campañas electorales, la clave es aplicar la mejor estrategia para expresar ideas. Lo contrario nos llevaría al populismo de Silvio Berlusconi, que en sus tiempos de esplendor político hacía castings para elegir a sus candidatos. Me recuerda a las primarias que han hecho recientemente en España algunos partidos.

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