Bellezas minúsculas
Estamos rodeados de bellezas minúsculas que enseñan a mirar al por mayor.
En cierta ocasión le dije a José Antonio Marina que me recordaba a la idea que me transmitió mi profesor de Filosofía de Epicuro, no en el sentido libertario pero erróneo del hedonismo, sino en otro aspecto más equilibrado. Ambos filósofos, salvando las distancias, compartían el placer de la amistad, la serenidad y el conocimiento. Y fue entonces, a propósito del jardín de Epicuro y de las flores que crecen entre las grietas, cuando me habló por primera vez de la estética zoom como la que enmarca y amplía pequeñas maravillas casi invisibles y es capaz de descubrirnos tesoros humildes. Estamos rodeados de bellezas minúsculas y, sin embargo, nos enseñan a mirar al por mayor. Cuando se acerca el zoom a un objeto aislado, y nos descubre su belleza que de otro modo pasaría inadvertida, lo convierte en una obra de arte. “El gran test de inteligencia afectiva es el trato con la repetición y con lo pequeño –me dijo– requiere un gran esfuerzo, pero merece la pena”. No es fácil ver con atención todo lo que nos rodea, pero existe una pedagogía de la mirada. Cuando se aprende a mirar con sabiduría, la realidad se llena de bellos espectáculos. Toda obra de arte es la culminación de un proyecto; incluso aquellas que se derivan del azar. Termino este repaso nostálgico con la frase que Van Gogh escribió a su hermano Theo: “Encuentra bello todo lo que puedas; la mayoría no encuentra nada lo suficientemente bello”.
Solo me queda constatar, una vez más, que el tiempo vuela, porque han pasado 25 años desde aquella primera entrevista en la que descubrí a José Antonio Marina a propósito de su primer libro, el célebre Elogio y refutación del ingenio, un deslumbrante proyecto de la inteligencia para jugar y liberarnos de la rutina, de la gravedad y de la pesadez de la realidad. El ingenio es ocurrente, rápido y lúdico, pero también demasiado efímero, superfluo e inútil. No obstante, en sus páginas aprendí, entre otras cosas, a irme por las ramas, a enredar la realidad con la ficción, a pasar de la ligereza de la anécdota a la densidad de la categoría, porque la inteligencia, según Platón, debe subir desde las cosas más pequeñas hasta el gran mundo de las ideas. Recuerda ahora su autor que tenía más de cincuenta años cuando escribió y publicó aquel primer libro. Desde entonces, no imagino a nadie capaz de aprovechar mejor el tiempo. Por referirme solo una mínima parte de la actividad de Marina, ha impartido miles de conferencias, ha creado la Universidad de Padres, le han otorgado infinidad de premios y ha publicado en torno al centenar de libros; el más reciente, Tratado de filosofía zoom (Ariel), es muy especial para mí pues regresa, como entonces, al método de ampliar el objetivo sobre los hechos, las palabras, el encanto de una sonrisa, las piedras donde crecen las plantas más pertinaces y otros pequeños instantes de belleza. Su método consiste en pasar de las cosas pequeñas a las verdades sistemáticas.


