Alergias y pesticidas
En europa las alergias se han multiplicado por siete en los últimos años.
Esta primavera, sin previo aviso y por primera vez, he sufrido varios ataques de alergia. Lloro, toso y me ahogo cuando paso cerca de los plátanos. Los antihistamínicos, como a todo el mundo, me duermen. La sucia atmósfera de Madrid, además de los contaminantes habituales, está llena de polen. Lo cuento porque es un problema cada día más compartido. Conozco pocos madrileños inmunes a las alergias y leo que el problema se ha disparado en Cataluña en los últimos años y el número de hospitalizaciones en Europa se ha multiplicado por siete. Como las reacciones alérgicas son, al parecer, un mecanismo de defensa, habrá que preguntarse qué nuevos agentes nos atacan con tanta virulencia que no podemos combatirlos. Parece que en esta incómoda patología tiene mucho que ver el cambio climático. Según diversos estudios científicos, las plantas aumentan su producción de polen por culpa de las temperaturas elevadas y la mayor concentración de dióxido de carbono y, si los niveles se siguen incrementando, podría convertirse en un problema de salud pública.
No solo nos amenazan el polen, el monóxido de carbono, el humo del tabaco, los ácaros y determinadas sustancias tóxicas alimentarias, también ciertos bichos que pueblan el subsuelo de las ciudades y cuya propagación se debe al aumento de las temperaturas. La Asociación Nacional de Empresas de Control de Plagas advierte del riesgo que suponen las cucarachas y los roedores que se introducen en los hogares y cuyos excrementos pueden provocar alergia y de asma. El problema es que los venenos que acaban con las plagas son tóxicos para las células humanas. Nos aseguran que los plaguicidas bien utilizados no suponen peligro para la salud y, desde luego, son menos dañinos que ciertas enfermedades como la fiebre amarilla o la malaria, transmitidas por ratas o mosquitos. Sin embargo, todos los insecticidas, fungicidas y herbicidas tienen distintos grados de toxicidad y por lo tanto algunos riesgos para nuestra salud. Según un reciente informe de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), el 45,4% de los alimentos en Europa incluyen restos de pesticidas, de los cuales el 2,6% supera los niveles legales. El glifosato es una de las sustancias químicas más frecuentes que aparece en los alimentos y está considerado como un interruptor endocrino que puede alterar el equilibrio hormonal y causar infertilidad, malformaciones congénitas y distintos tipos de cáncer. La EFSA considera que, según las cantidades registradas de glifostato dentro de los niveles permitidos, es improbable que tenga un efecto nocivo sobre la salud de los consumidores. No obstante, la Organización Mundial de la Salud ha confirmado que hay pruebas de que este agente químico puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos. No sé a ustedes, pero a mí no me deja tranquila que digan que tragarse un poquito de pesticida no es dañino.


