Una campaña decisiva entre dos bloques
Esta semana, después de una interminable precampaña y de una investidura fallida del candidato socialista Pedro Sánchez, se ha iniciado oficialmente la campaña para los comicios del 26 de junio, tras los cuales los partidos tendrán que reflexionar y actuar para no ofrecer el mismo espectáculo de confusión que han venido mostrando desde el pasado diciembre. Todos han prometido o insinuado que, esta vez sí, procurarán llegar a acuerdos estables, aunque eso dependerá de los resultados finales, de las líneas rojas y de los repartos de escaños.
Unos resultados que girarán en torno a los ejes PP-Ciudadanos y Unidos Podemos-PSOE, según el escenario de dos grandes bloques que dibujan las encuestas. Uno, liderado por el Partido Popular, y el otro, por la coalición de izquierdas de Pablo Iglesias y Alberto Garzón, según adelantan algunos sondeos que anuncian un sorpasso al PSOE en votos, e incluso en escaños. En este sentido, Iglesias ya ha querido cubrirse insistiendo en que gana el partido que tenga más votos, obviando que en un régimen parlamentario forma Gobierno no quien cuenta con más papeletas, sino quien cuenta con más escaños para pasar la investidura. También Pablo Echenique, responsable de Organización de Podemos, ha insistido en que “son más importantes los votos que los escaños”, que viene a ser la misma tesis que durante meses ha defendido Mariano Rajoy como dirigente del partido más votado.
Incluso los días previos al inicio de la campaña, los mensajes de los partidos han girado sobre esos dos ejes, polarizando las posiciones y estimulando un cierto voto del miedo hacia una coalición que se ha mimetizado con el terreno, que ha ocultado sus raíces bolivarianas, que ha desterrado el término izquierdismo de sus mensajes, que ha ocultado la bandera republicana, y que se presenta con un barniz socialdemócrata propio de los países del norte de Europa. Una estrategia contra la que se ha pronunciado el presidente de honor del PP, José María Aznar, que cree que hay que encontrar pronto un acuerdo para gobernar (incluso sacrificando, si es preciso, la figura de Rajoy, como ha vuelto a insinuar). Aznar piensa, y lo ha dicho en voz alta, que es un error la estrategia de campaña de Rajoy de polarización con Podemos, porque a su juicio no hay trabajo más importante ahora “que hacer el favor a España de recuperar la voluntad de concordia”. Solo así, según él, se puede evitar un “descarrilamiento histórico” que “a día de hoy no es en absoluto imposible”. Este camino implica “abandonar cualquier tentación de polarizar, de amedrentar, de extremar, de excluir, de radicalizar, de dividir, de enfrentar a unos españoles contra otros”. Es decir, que basar la campaña en confrontar el proyecto popular con el de Podemos, es, en cierto modo, un suicidio.
Algo con lo que no están de acuerdo los responsables de la campaña popular, que buscan el voto útil e intentan ningunear al PSOE sobrevalorando a la coalición podemita, con la que han jugado para desgastar a Sánchez; una estrategia que se les puede volver en contra a la vista del reparto de restos, según la Ley D’Hondt, a costa del PP, del PSOE y, en menor medida, de Ciudadanos.
Tras la imputación por prevaricación y malversación de fondos públicos de los expresidentes de la Junta de Andalucía Manuel Chaves y José Antonio Griñán, y de seis importantes exconsejeros, la coalición de izquierdas ha decidido centrar gran parte de su campaña, especialmente con la presencia de Iglesias y de Íñigo Errejón, en esa comunidad, en la que Izquierda Unida tiene una notable implantación, especialmente en los pueblos, un territorio donde Podemos no ha podido penetrar. Aprovechando el desgaste del escándalo de los ERE y la imputación de los dos expresidentes andaluces y sus consejeros, la coalición va a aprovechar las horas bajas del PSOE para ganar algunos diputados que en diciembre, por el reparto de los restos según la Ley D’Hondt, cayeron en manos del PSOE o del PP.
Los últimos sondeos al final de la precampaña son malos para el PSOE, hasta el punto que el sorpasso ya no es una pura especulación, sino que se presenta como una realidad según las encuestas que han publicado El País y El Mundo, realizadas por Metroscopia y Sigma Dos. Unidos Podemos sobrepasa al PSOE en votos (5,4 puntos, según Metroscopia; 3,4 puntos, según Sigma Dos) y en votos y en escaños, según Sigma Dos (23,7% y 80 diputados, frente a un 20,3% y 77 diputados). Según Sigma Dos, el PP, con un 31% de los votos y 130 escaños (siete más que en diciembre) sería la primera fuerza seguida de Unidos Podemos con sus 80 diputados (11 más que el 20-D); el PSOE sería la tercera fuerza con 77 (13 menos que en diciembre) y Ciudadanos obtendría 37 escaños (tres menos que en las últimas elecciones).
En ambas encuestas el PP resulta ganador en votos y en un entorno de 130 escaños que, sumados a los 37 de Ciudadanos, darían una mayoría de 167 escaños, a nueve de la mayoría absoluta, frente a los 157 que sumarían Unidos Podemos y PSOE sin contar con fuerzas con las que Sánchez no puede pactar al estar claramente alineadas a favor del derecho a decidir y la celebración de un referéndum de independencia en Cataluña en el plazo de un año.


