Pablo Iglesias, quién te ha visto y quién te ve...

16 / 10 / 2015 José Oneto
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Si hace un año las encuestas revelaban la posibilidad de que el líder de Podemos fuese presidente del gobierno hoy le sitúan como el político más impopular

Hace diez meses el semanario estadounidense Newsweek se hacía eco de las elecciones generales que se celebrarán en diciembre y vaticinaba que “si Podemos continúa con su trayectoria, Pablo Iglesias, carismático, aunque decididamente con los pies en la tierra, podría ser el nuevo presidente del país”.

Hace siete meses el embajador de EEUU en Madrid, James Costos, invitaba a Iglesias a un almuerzo oficial en la sede de la representación diplomática y la foto del encuentro, tuiteada por el político de Podemos, era retuiteada miles de veces por sus partidarios. Hace solo unas semanas, Antonio Garrigues, un hombre muy ligado a los intereses de EEUU en nuestro país, declaraba ante el clima de preocupación por la subida en las encuestas de Podemos, que no pasaba nada si, efectivamente, ganaba el partido de Iglesias.

Es más, en marzo, Iglesias conseguía lo que han logrado muy pocos políticos españoles: ocupar un espacio de honor en la edición internacional de uno de los periódicos más influyentes del mundo, The New York Times, donde su imagen aparecía a cuatro columnas en la primera página con el título: “Una nueva izquierda revoluciona la política en España”. Ha prometido reestructurar la deuda. Ha dicho que es hora de cambiar las leyes “que permiten a los ricos seguir robándonos”; que Bruselas “no puede amenazarnos” y que “no queremos más jefes de Gobierno que obedecen y no negocian”. “Aunque suene familiar –decía el corresponsal del periódico en Madrid, Raphael Minder– esto no es en Grecia. Es España”.

Si hace un año Newsweek presentaba a Iglesias como un joven con un look más parecido al de un profesor de posgrado que al líder de una fuerza política potencialmente revolucionaria y que hasta hace poco era un profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, que daba cursos sorprendentes (como “Cine, identidades políticas y hegemonía”), con tópicos como la revolución bolivariana y los movimientos de protesta del último día, el retrato que hace de él el periódico norteamericano no difiere mucho de la imagen de quien todo el mundo llama el Coletas.

“Nunca pensé realmente que podría convertirme en presidente del Gobierno, pero creo que ahora podría ocurrir”, decía Iglesias, aunque esa posibilidad estaba lejos entonces, y más lejos ahora. Esa posibilidad sigue estando lejanísima, a pesar de que ha abandonado las promesas que tanto gustaron a los indignados del 15-M.

Si en el relato que hacía Newsweek de la situación española el principal objetivo de Podemos era terminar con el bipartidismo y romper “el régimen político de 1978”, para The New York Times el objetivo era conquistar el poder e ir acomodando el programa político a la realidad. Para un hombre que se considera a sí mismo un forastero, Iglesias parece curiosamente pragmático sobre la formación de coaliciones si ningún partido emerge como claro vencedor en las elecciones generales. “Nuestra mano está tendida a todos los que quieran el cambio –dijo durante meses–. Estaremos abiertos a cualquier partido dispuesto a reconocer que lo que han hecho, hasta ahora, simplemente no ha funcionado”.

Un año después de aquella explosión pro Iglesias, las aguas han vuelto a su cauce, el partido, de puertas afuera, se ha moderado, ha girado al centro en su ansia de desplazar al PSOE, bajo el espejismo de las encuestas que durante unos meses le dieron como posible fuerza más votada. De ahí vino el convencimiento de Iglesias de que podía llegar a La Moncloa, pero con su marca, nada de frentes amplios de izquierdas en los que estuviese IU. Ahora, tras varios encuentros con el líder de IU, Alberto Garzón, empeñado en articular una candidatura de toda la izquierda con Iglesias, se han roto todas las conversaciones. Iglesias no quiere a nadie que pueda hacerle sombra. En su soberbia y en su desproporcionado ego, Iglesias, en una situación comprometida tras su fracaso electoral en Cataluña, donde en vez de sumar a la plataforma Catalunya Sí que es Pot (ICV, Esquerra Unida, Equo y Podemos) restó y le hizo perder dos escaños, ha conocido el sabor de la derrota y la bajada de popularidad en las encuestas, hasta el punto de que en el último estudio del CIS aparece como el más impopular, después de Mariano Rajoy.

Obsesionado con presentarse como la auténtica alternativa a Artur Mas y a Junts pel Sí, igual que sigue presentándose como alternativa al PP y al Gobierno de Rajoy, ignorando el deterioro electoral y de imagen que viene sufriendo desde las elecciones andaluzas, aún no es consciente de que los tiempos de vino y rosas han pasado y que ha empezado una nueva etapa para él y para su formación, durante la que tendrá que conquistar parte del terreno perdido por ese intento de abandonar sus señas de identidad, ser lo más transversal posible y llevar la voz cantante.

Iglesias no quiere nada con IU, la formación que ha ocupado un papel importante en la política española, y en la que se integró el histórico Partido Comunista de España. Lo único que quiere es que los mejores de IU se integren en Podemos y que no se discuta, mediante primarias, si el candidato a La Moncloa es él o no. Él sigue releyendo el artículo de Newsweek y aquella primera página del New York Times, recordando su encuentro con el embajador Costos y, cómo no, el culto a la personalidad que parece formar parte de su ADN.

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