La oferta-trampa de Iglesias, inspirada en Juego de tronos
La insólita e irrespetuosa propuesta del líder de Podemos al socialista Pedro Sánchez es digna de la serie televisiva y todo un coche bomba para el proceso de investidura
“El mundo de Juego de tronos es, al igual que el nuestro, un tablero complejo con múltiples tensiones y luchas de poder. No existe una legítima legitimidad sin poder, aunque sí puede existir durante siglos un poder poderoso sin legitimidad, he ahí el verdadero drama de la política. Como en Juego de tronos, nosotros mismos enfrentamos una situación de una complejidad política incomparable, y especialmente sentimos la imperiosa urgencia de tener que hacer algo para cambiar este desastre y empezar a hacerlo ya”.
La cita pertenece a un libro de culto que todos los militantes de Podemos han leído y casi estudiado: Ganar o morir. Lecciones políticas en ‘Juego de tronos’ (Akal, 2014). Y, con la cita, aplicando lo que se dice en ella, se ha puesto en práctica toda una estrategia para cambiar “este desastre”, en el que se gana o se muere. El autor, se lo habrán imaginado ya, es Pablo Iglesias, el máximo responsable de Podemos, que ha hecho toda una jugada muy del estilo de Juego de tronos, esa serie que le obsesiona tanto que le regaló varios vídeos al rey Felipe VI en la reunión que los europarlamentarios españoles mantuvieron en Bruselas con el jefe del Estado, en abril del año pasado. Una serie basada en la novela fantástica del estadounidense George R.R. Martin A Game of Thrones.
E inspirado en Martin, en plenas negociaciones para la presentación de un candidato a la presidencia del Gobierno, ha hecho un movimiento, una “oferta-trampa”, que, probablemente, a quien más desconcertado ha dejado ha sido al propio Rey, al quien transmitió, según él, “por lealtad”, la propuesta de Gobierno que estaba en condiciones de ofrecer al líder socialista, Pedro Sánchez, y al de Unidad Popular-Izquierda Unida, Alberto Garzón. Un Gobierno de coalición en el que él figuraría como vicepresidente. Sin hablarlo previamente ni con Sánchez ni con Garzón. Sin ningún tipo de discusión sobre programa y sí mucha claridad en el reparto de sillones (eso que decía Julio Anguita de “programa, programa, programa”, ha sido sustituido en esta ocasión por “sillones, sillones, sillones”) y carteras, una de las cuales, la de Defensa, iría a parar al antiguo Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) José Julio Rodríguez, que no ha salido elegido como número dos por Zaragoza por la lista morada. Y con la novedad de un ministro para la Plurinacionalidad. Como decía acertadamente el periodista Carlos Alsina, director del programa de Onda Cero Más de uno, la clave no estaba en el derecho a decidir, sino en el derecho a vicepresidir.
Toda una jugada de ajedrez que no se sabe a ciencia cierta si iba dirigida, por la forma de plantearse, a torpedear ese “Gobierno de progreso” o “acuerdo a la portuguesa”, con el que está tan entusiasmado Sánchez, a pesar de la oposición de la mayoría de los barones socialistas, que este fin de semana emitirán, en el pleno del Comité Federal del partido (sábado 30 de enero), el veredicto a esa propuesta en la que alguien se propone como vicepresidente y además, por su cuenta y riesgo, ofrece generosamente la presidencia al secretario general del PSOE.
Una oferta realizada con una falta absoluta de respeto y recibida con estupor e indignación por muchos dirigentes socialistas. No podían creerse cómo era presentada en rueda de prensa por un Iglesias sonriente y rodeado de sus futuros ministros, que aseguraba: “La posibilidad histórica de ser presidente de Sánchez es una sonrisa del destino que me tendrá que agradecer”. Todo un detalle de generosidad del que Sánchez se enteraba por boca del propio Rey, mientras despachaba con él. “He salido de La Zarzuela con el Gobierno ya nombrado”, decía con sarcasmo el socialista, asombrado e indignado por que el presidente en funciones, Mariano Rajoy, declinase la oferta del Rey, como candidato más votado, para ser investido.
La propuesta de Iglesias era un coche bomba para todo el proceso de investidura. Le daba argumentos a Rajoy para declinar su turno (sabía que su investidura iba a convertirse en una moción de censura) y dejaba a Sánchez al pie de los caballos. No solo había líneas rojas, había nombrado ya un Gobierno y un presidente. Gracias a Iglesias se había producido lo que este consideraba una “sonrisa del destino” a favor de Sánchez. Algo insólito, recibido por los barones socialistas como una falta de respeto hacia el partido y hacia los militantes, pero dentro de un planteamiento para culpabilizar al PSOE y a su dirección de no haber querido ese “Gobierno de progreso”, porque, en el fondo, según la tesis de Iglesias, ni Sánchez manda, ni tiene autonomía para decidir. Un planteamiento fantástico para comenzar una negociación con quienes ya tienen formada la mitad del futuro Gobierno y preparada la pista donde debe aterrizar Sánchez. Si todo empieza así, ¿qué garantías tiene el presidente de ese “Gobierno de coalición” de que su vicepresidente no va a actuar con la misma lealtad con la que ha actuado con la propuesta comunicada al Rey antes de ser conocida por él, que es el principal interesado?
Este viernes termina, en principio, la segunda ronda de conversaciones del Rey con los representantes políticos a la búsqueda de un candidato para la investidura, con la incógnita de si Rajoy va a seguir declinando su turno y si Sánchez seguirá insistiendo en que sigue siendo el turno de Rajoy y que solo comenzará a negociar un futuro Gobierno si se lo pide el Rey... Un auténtico Juego de tronos. Y en eso, Pablo Iglesias es el maestro.


