Elecciones de junio: volver a empezar

29 / 04 / 2016 José Oneto
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Los mismos mítines, programas y promesas de hace cuatro meses podrían desembocar en los mismos resultados de los mismos candidatos con sus mismos miedos, dudas y enfrentamientos.

Esta semana, fracasados todos los intentos para romper el bloqueo político en el que se encuentra el país desde las elecciones generales del 20 de diciembre y tras un último intento del jefe del Estado por encontrar a alguien capaz de enfrentarse a una investidura con votos suficientes como para formar Gobierno, el 2 de mayo, tras la disolución de las Cámaras, comienza a correr la cuenta atrás para unas nuevas elecciones que se celebrarán el domingo 26 de junio. Es decir que, a partir de muy pocos días, los mismos mítines, los mismos debates, los mismos programas, las mismas promesas y los mismos candidatos que han sido incapaces, en más de cuatro meses, de encontrar una solución para una candidatura de Gobierno estable, aunque fuese solo de dos años. Es decir, volver a empezar... después de un agotador ciclo electoral de año y medio, que comenzó con las adelantadas elecciones andaluzas de marzo de 2015 y que se cierra en principio en el próximo mes de junio.

Como era de esperar, horas después de iniciarse esa cuenta atrás, los periódicos y las empresas de sondeos han comenzado a pulsar el estado de la opinión pública: una mezcla de decepción, desencanto y frustración con una clase política que, centrada en sus intereses particulares, ha sido incapaz de encontrar una solución, en unos momentos especialmente complicados, con un recién estrenado Parlamento cuatripartito, una situación económica de desaceleración, una deuda pública desbocada, un déficit que requerirá, como ha adelantado ya Europa, nuevos ajustes y con una crisis que The New York Times ha definido como “esclerosis institucional”.

Según el influyente diario estadounidense, antes de los comicios de diciembre una nueva generación de líderes de partido prometía que las elecciones supondrían el arranque de un periodo de cambio y reformas constitucionales. En su lugar, España, dice, avanza hacia una crisis constitucional y el orden del día es la “esclerosis institucional”. Los partidos no han sido capaces de llegar a un acuerdo. En su lugar, no hay Gobierno. “Y mientras los políticos españoles discuten, prácticamente el único consenso que existe es que el país se ha adentrado en aguas inexploradas”, dice The New York Times. Esas aguas inexploradas son las que intentan explorar las empresas demoscópicas con las primeras encuestas publicadas, horas antes de la disolución de las Cámaras, que daban unos resultados contradictorios, especialmente en lo que respecta al posible pacto de Podemos con Izquierda Unida, un pacto que Pablo Iglesias, tras haberlo rechazado para las elecciones del 20 de diciembre, está buscando desesperadamente ante el descenso del partido morado en la mayoría de los sondeos. Según la encuesta realizada por Sigma Dos, Podemos en solitario sacaría 58 escaños y con IU, 70. Aun así, con el pacto Iglesias-Garzón, la coalición de izquierdas se quedaría a veinte escaños del PSOE, que volvería a sacar los mismos 90 diputados del 20-D. En ese sondeo de Sigma dos y contando con la hipótesis del frente Podemos-IU, el Partido Popular volvería a obtener 123 diputados y Ciudadanos ganaría cuatro, pasando de 40 a 44. En ese escenario, el PP y Ciudadanos, con 171 escaños (a falta de cinco para la mayoría absoluta), sería el tándem mejor situado para poder gobernar, por lo que no se entiende que Mariano Rajoy haya comenzado de hecho su campaña electoral con Ciudadanos como objetivo a batir, cuando todas las encuestas indican que Ciudadanos ya ha quitado al PP todos los votos que tenía que quitarle y que ahora puede afectar al caladero de votos socialistas.

Por su parte, NC Report presenta un panorama más optimista para el PP, ya que si ahora se celebrasen elecciones los populares volverían a ganar, mejorando considerablemente los resultados del 20-D y superando la barrera psicológica del 30% de los apoyos, con 130 escaños. El PSOE mantendría, por la mínima, su hegemonía al frente de la izquierda con entre 80 y 83 escaños, seguido de Podemos y sus confluencias (donde se incluiría a IU) con entre 74 y 81 escaños. Ciudadanos volvería a ser cuarta fuerza, y sumando sus hasta 45 escaños con los del PP acariciarían la mayoría absoluta. Escenario este último que coincide con el que presenta Sigma Dos.

¿Son significativas esas encuestas? ¿Son creíbles o están influidas por quienes las encargan y las pagan? ¿Cuál será, al final, el índice de participación, algo que puede hacer variar todos los resultados? ¿Qué hará ese millón largo de tradicionales votantes del PP que el 20-D no acudieron a las urnas? ¿Qué opción tomarán los tradicionales votantes socialistas que se refugiaron hace cuatro meses en la abstención? ¿Habrá acuerdo entre Podemos e IU en el peor momento de Podemos y en el mejor de IU, cuando las encuestas le auguran la posibilidad de tener grupo parlamentario propio? Es verdad que una elevada abstención beneficiaría al PP, pero también es verdad que esa abstención puede ser fruto de una protesta callada contra quienes han sido incapaces de encontrar una solución en cuatro meses. Una solución que puede tardar en encontrarse si se repiten los resultados del 20-D, con los mismos candidatos, que siguen conservando los mismos tics, los mismos enfrentamientos, las mismas dudas y los mismos miedos. 

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