El día que Rajoy eligió la fecha electoral
Las elecciones generales se celebrarán el 20 de diciembre, aunque el presidente hubiera preferido el 28, día de los Inocentes, si esa fecha no hubiese caído en lunes
Si hubiera podido, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, habría llevado la fecha de las elecciones generales hasta el 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, para demostrar que, en el fondo, él no es culpable de todo lo que ha pasado en estos cuatro años, los más duros que ha tenido últimamente el país. Ha sido la España que heredó y el poco margen que le dio Europa lo que le ha llevado, insisten él y los suyos, a la situación en la que se encuentra en estos momentos, con un país sumido en una grave crisis política, territorial e institucional, con un reto de reforma constitucional y con una economía que comienza a despegar pero que puede descarrilar si el panorama político se complica. De la recuperación económica, insiste, él es culpable y responsable. De todo lo demás se considera inocente.
Por eso, el día ideal para las elecciones generales, de acuerdo con el Calendario Zaragozano, por el que el presidente siente una especial debilidad, hubiera sido el 28 de diciembre, día de los Inocentes. Pero ese día es lunes y, por otra parte, hubiera provocado todo tipo de bromas y chanzas. Hay que decir, sin embargo, que, en muchos aspectos, Rajoy, a quienes muchos ven como un asesino en serie que ha ido eliminando a sus competidores dentro del partido, tiene un punto de inocencia o ingenuidad que en muchos puede producir cierta pena, cuando se le ataca con la ferocidad que suele hacerse, como cuando se le llama “don Tancredo” tras la entrevista que Gloria Lomana le hizo en Antena 3 la semana pasada, donde anunció la fecha electoral de forma imprevista, o como cuando tiene que recibir feroces ataques de José María Aznar, fundador del partido, por ser responsable de los fracasos electorales en las europeas, las andaluzas, las autonómicas y municipales de mayo y las catalanas del 27 de septiembre.
Así que ni el 28, ni el 13 de diciembre, como adelantó hace meses en un desayuno informativo en La Moncloa. Las elecciones generales serán el 20 de diciembre, festividad de San Ceferino y de Santo Domingo de Silos. Difícil elección, aunque, según sus más íntimos, Mariano es más del abad de San Millán de la Cogolla que del Papa y mártir que siempre negó la teoría de la Santísima Trinidad. Y eso último, a estas alturas, y como están las cosas, no es muy bueno que digamos.
Por eso, confiado en Santo Domingo de Silos, Mariano intenta convencer a sus desmoralizados seguidores, que han seguido con preocupación la bronca de Aznar, como si el expresidente no tuviese nada que ver con los problemas del partido (especialmente en el cáncer de la corrupción), respecto a que se puede conquistar de nuevo la tierra prometida y de que los enemigos a batir son los socialistas y los “jovencitos de Ciudadanos”. Los del PSOE porque, dice, son capaces de pactar con todos, con Podemos incluido, con tal de tocar poder. Y los de Ciudadanos porque, insinúa el argumentario, carecen de experiencia política, son catalanes y no tienen ni idea de lo que es gobernar un país. No tienen ni experiencia municipal.
Con las baterías dirigidas contra el PSOE y Ciudadanos –la posible coalición que tiene obsesionado a Rajoy– el presidente del Gobierno está intentando convencer al electorado de que la recuperación económica solo puede venir de la mano triunfadora del PP, mientras a los suyos les está vendiendo que ellos son el voto útil, que Ciudadanos es un partido local y no nacional, y que el objetivo del PP es alcanzar 140 diputados, para después...pactar con Ciudadanos, aunque no sabe si Ciudadanos quiere pactar con él. Hasta ahora, solo una encuesta de NC Report, publicada por La Razón avala esa posible salida. Según esa encuesta, el PP habría subido punto y medio desde agosto, y se colocaría en una horquilla de 136-139 escaños, que con los 26-28 de Ciudadanos, sumarían una mayoría cercana a los 170 diputados, una cifra que parece que responde poco a la realidad. El PSOE estaría en una horquilla de 108-112 escaños y Podemos podría llegar hasta los 27. Según este reparto, el PP volvería a ganar las elecciones, por un margen estrecho, pero podría sumar con Ciudadanos, si este partido acepta la candidatura de Rajoy, algo que de momento está descartado.
Al margen de estos resultados, que hay que poner muy en duda, la realidad es que los grandes poderes económicos y financieros y los principales círculos de poder (y esto lo ha detectado ya Rajoy) están apostando claramente por un Gobierno PSOE-Ciudadanos. Es lo que está dando alguna encuesta encargada por el Ibex, ante un desmoronamiento de Podemos que ha quedado demostrado en Cataluña y que refleja el hundimiento de Pablo Iglesias, y a lo que empezarán a apostar los mercados, preocupados por el paréntesis de reforma constitucional que se abrirá en el nuevo Parlamento.
Es difícil que el PP llegue a ese techo de 140 diputados como cree Rajoy (tiene ahora 183) y, aun llegando, sigue teniendo difícil un pacto con Ciudadanos si, en la campaña, el PP se convierte en el centro de sus ataques y si, como insisten los de Albert Rivera, cualquier pacto con los populares pasa por la cabeza de Rajoy y la presentación de otro candidato a La Moncloa. Eso, para Ciudadanos, es como el misterio de la Santísima Trinidad para San Ceferino. A menos que también Rivera sea muy de Santo Domingo de Silos, que también puede suceder, aunque está tan seguro que ya ha adelantado que él no está dispuesto a entrar en ningún Gobierno... si no gana las elecciones.


