El día que Rajoy decidió no hacer caso a Angela Merkel

08 / 07 / 2016 José Oneto
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Rajoy se tomará su tiempo para formar Gobierno:consultará con todos, esperará a ver qué deciden los socialistas y a la respuesta de ciudadanos

La semana del Brexit, la semana en la que jefes de Estado y presidentes de Gobierno de toda Europa tuvieron que enfrentarse, por primera vez, en Bruselas, con el primer ministro británico David Cameron, el causante de toda la crisis provocada por el referéndum británico, Rajoy se presentó triunfante ante sus colegas europeos y les explicó, en líneas generales, cuáles eran sus planes para ser investido de nuevo presidente del Gobierno y terminar con ese periodo de interinidad que tanto preocupa a Europa. Por eso, debió extrañarse, cuando días más tarde, recibió una repentina llamada telefónica de la canciller Merkel, en la que le urgía, deprisa, deprisa, a formar Gobierno cuanto antes, por la complicada situación de Europa y, sobre todo, por los meses de confusión y de tensión que se esperan, a partir de la entrega, por parte del sucesor de Cameron, de la carta de solicitud de divorcio del Reino Unido, un divorcio que amenaza con enconarse.

Ese deprisa, deprisa, es no conocer a Rajoy, que lo único que hace deprisa, deprisa, es el footing de todas las mañana, esté donde esté y haga el tiempo que haga. Por eso, sus planes para la investidura, los llevará a cabo midiendo mucho los pasos a dar, valorando la situación con los que pretende pactar, procurando no enseñar, de forma precipitada, sus cartas (de ahí el cabreo que tiene con las filtraciones que se han producido en varios medios sobre lo que está dispuesto a conceder y cuáles pueden ser los términos de los pactos) y , partiendo de la base de que representa al partido más votado y que, aunque no lo diga, el triunfo del 26-J, es un triunfo más personal de él que del partido.

Por eso, y aunque sea por primera vez, no va a hacer caso a la canciller alemana, se va a tomar su tiempo, va a iniciar una ronda de consultas con los representantes parlamentarios de todos los partidos, incluido los nacionalistas catalanes; va a esperar al Comité Federal del PSOE de este sábado 9 de julio, donde se planteará qué van a hacer de cara a la investidura y si se va a celebrar una consulta con los militantes (igual que con el pacto con Ciudadanos); va a analizar las peleas internas entre los barones y un Pedro Sánchez que, elegido por los militantes, no está dispuesto a dar su brazo a torcer; va a valorar la reacción de Ciudadanos ante esa decisión del Comité Federal, y, a partir de ahí, moverá ficha con precaución y con el convencimiento de que, en estos momentos, la única alternativa de Gobierno razonable es la suya, a menos que se quiera repetir, por tercera vez, las elecciones, algo que la opinión pública no toleraría.

Porque, se quiera o no, tal como está la relación de fuerzas, es el que ha ganado las elecciones, porque dada la situación crítica de Europa, es el único punto seguro que tiene Bruselas en el sur del continente, frente a Portugal, Grecia e Italia, y porque ha luchado, en una estrategia que le ha dado resultado, por un segundo mandato que él, a pesar de los escándalos de corrupción, cree que se merece, entre otras razones, según señala el semanario británico The Economist por haber gobernado en plena recesión y haber propiciado los primeros síntomas de recuperación económica y,  porque “aparentemente imperturbable y carente de imaginación, es un estratega listo que se ha resistido repetidamente a sus rivales y sus expectativas”. El articulo de The Economist es ya, de por sí, significativo en el mismo titulo: “Elecciones españolas: revolución cancelada”.

De alguna forma, el título coincide con el apresurado análisis que ha hecho Pablo Iglesias del 26-J, cuando en vísperas de las elecciones, insinuó que no solo se produciría el “sobrepaso” contra el PSOE, sino que, dada la situación de empate técnico que había entre el PP y Unidos Podemos, era posible la conquista de La Moncloa. El razonamiento de Pablo Iglesias, que se ha negado a hacer ningún tipo de autocrítica y que ha evitado por todos los medios que en la encuesta encargada (politólogos encargando una encuesta para saber qué es lo que ha pasado, cuando lo que han fallado son precisamente las encuestas) se pregunte sobre su liderazgo, es, realmente, sorprendente.

A su juicio, la verdadera causa del resultado es otra y debe buscarse en los votantes que vieron con “simpatía” la irrupción de Podemos y que pusiera “en peligro” a los dos partidos tradicionales, pero que no les apoyaría si les veía como ganadores. Según revela, ya analizó este factor con su secretario político, Íñigo Errejón, antes de las elecciones de diciembre del pasado año. “Esos votantes son la clave para entender qué pasó. Es un votante que nos tiene simpatía, agradece el meneo dado a la política, le responde a un encuestador que nos va a votar pero, ante la evidencia de que podíamos gobernar, decide no votarnos”. El partido de la gente es el culpable de que la gente no les haya votado, por miedo a que la gente llegue al poder…

Como puede comprobarse, un análisis muy elaborado, en el que no ha tenido nada que ver el acuerdo con Izquierda Unida, la huida de esa transversalidad que siempre ha defendido Errejón y que formaba parte del proyecto, el rechazo que en muchos sectores produce la figura de Iglesias, el continuo transfuguismo político sobre su identidad política que ha producido una gran confusión en un electorado que, al final, no sabía si votaba una opción comunista, bolivariana, socialdemócrata, anticapitalista o un nuevo partido que no tenía nada que ver con nada de lo anterior, pero que, en estos meses últimos de legislatura, tenía el mismo comportamiento de los partidos de siempre…  

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