Dicen que sin Gobierno el país está funcionando mejor

06 / 05 / 2016 José Oneto
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El pasado 3 de mayo el Rey firmó en el Boletín Oficial del Estado el decreto con el que se convocan nuevas elecciones generales para el 26 de junio, tras la disolución de las Cámaras, después de más de cuatro meses de bloqueo político, durante los cuales los dirigentes de los cuatro partidos (PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos) que forman el llamado cuatripartito, que ha venido a sustituir al histórico bipartidismo, han sido incapaces de encontrar una salida para formar un Gobierno con mayoría suficiente, en unos momentos en los que Europa, preocupada por el incumplimiento de las cifras de déficit, ha empezado a exigir nuevos recortes y, sobre todo, más reformas.

Criticados por anteponer sus intereses particulares a la urgencia de encontrar un candidato para la investidura, son millares los ciudadanos que, a la llamada de Unión Progreso y Democracia (UPD), han firmado, a través de change.org, una petición para que se exija a los diputados que asuman sus responsabilidades en la nueva convocatoria electoral y que lo hagan a costa de sus bolsillos. “Pedimos a sus señorías –dice Gorka Maneiro, autor de la propuesta– que devuelvan sus sueldos porque han fracasado y porque han antepuesto sus intereses partidarios a los intereses de los ciudadanos en una campaña de cuatro meses subvencionada con dinero público. Las estrategias partidistas han sustituido al diálogo y al parlamentarismo. Se han olvidado de las personas, que son quienes les han financiado sus sueldos. Por ello deben ser consecuentes y honrados, han fracasado y han de devolver esos sueldos a la gente”.

Actitud que los señores diputados ni siquiera se han dignado debatir. Ni los de la vieja, ni de los de la nueva política. Como tampoco han querido debatir sobre esa gran sorpresa, que reflejan los corresponsales extranjeros acreditados en España, de que el país siga funcionando igual o mejor sin Gobierno, y de que, el Ejecutivo va por un lado y la sociedad por otro y que, en ocasiones, como esta, se funciona mejor sin Gobierno que con un Gobierno que interviene cuando no debe. Es la tesis que mantiene, por ejemplo, James Bartholomew en el semanario británico The Spectator, cuando señala que el papel económico más importante del Estado es el de apartarse del camino. El periodista recuerda que después de toda la campaña, los debates, los carteles y la cobertura de la televisión, el resultado fue... nada. Los distintos partidos estaban tan igualados, tan mutuamente recelosos y eran tan heterogéneos que no se pudo formar Gobierno. “Desde el pasado octubre, por tanto –concluye– no ha habido Gobierno en España”.

Uno puede imaginar que el corresponsal político medio pensaría que se trataba de un problema terrible, quizás incluso de una crisis. Financial Times se ha referido a los “prolongados” meses de “incertidumbre política” de España. Se da por supuesto que este será un asunto que requiere cejas fruncidas y tono grave. Pero la economía parece estar adoptando una visión distinta del tema. Está evolucionando de manera más animada que en mucho tiempo. La tasa de crecimiento en el último trimestre del año pasado fue de un 2,9% anual, superando a Italia, Francia o incluso Alemania. La mejoría ha continuado este año. El desempleo ha caído mes a mes y se encuentra ahora en el 21%, lo cual es una mejoría respecto a hace un año, cuando se situaba en el 23,2%. “Un resultado mucho mejor que el de la mayoría de países de la UE”, según The Spectator.

Con un panorama económico que no es tan optimista como presentan algunos medios extranjeros, ahora vendrán las ofertas electorales, ninguna de las cuales hablará de los nuevos recortes que nos esperan, sino todo lo contrario. Algo difícil de digerir mientras la UE en su conjunto no cambie de política económica y no impulse una política expansiva, como la que ha permitido a Estados Unidos salir de la crisis hace ya cuatro años. Esa política económica, por otra parte, es la que va a reivindicar Mariano Rajoy, el candidato mejor situado para el 26 de junio según las encuestas. El presidente en funciones, que salía quemado de esta situación de bloqueo (en la que él tiene su cuota de responsabilidad), pero que parece haberse recuperado, va a plantear su campaña como una segunda vuelta. Fue el candidato del partido más votado y cree por los datos que le suministra su equipo electoral, que puede ganar, entre otras cosas por el aumento de la abstención, entre ocho y diez diputados y colocarse por encima de los 130 escaños.

Su gran duda es la actitud que adopte Ciudadanos, que puede situar ese bloque de centro derecha más allá de la mayoría absoluta o muy cerca de ella. Para el partido de Albert Rivera va a ser muy difícil discutirle la segunda victoria por número de votos, aunque, como él dice, eso no sea una garantía de regeneración política. Una regeneración contenida en su pacto con el PSOE, que, según viene insistiendo Ciudadanos, ha caducado, aunque no se sabe qué puede pasar en una situación tan cambiante como la actual, especialmente por el posible pacto de Podemos con IU, que puede hacer realidad el viejo sueño de Julio Anguita del sorpasso y que se ha convertido en la obsesión de Iglesias. El último objetivo es comerse al PSOE. En el fondo, ese es el verdadero objetivo cuando hablan de que en junio lo que se vota es “continuidad o cambio”.

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