Buscando un presidente desesperadamente...
España se encuentra, ocho semanas después de unas elecciones generales, en una “parálisis política que el país no puede permitirse, mientras acecha una crisis independentista en Cataluña”, según un editorial del periódico británico Financial Times que resume perfectamente la situación española cuando ha terminado la primera ronda de contactos de Pedro Sánchez, el candidato propuesto por el jefe del Estado para ser investido presidente del Gobierno, al negarse Mariano Rajoy a comparecer en el Parlamento por no contar con los apoyos necesarios para intentar una investidura que se presenta, a estas alturas, como difícil y casi imposible, en ese intento de buscar, cada vez con más urgencia, un presidente desesperadamente...
Cerrada la primera semana de contactos personales de Sánchez con los representantes de los grupos políticos (y a la espera del encuentro con el presidente del PP y presidente del Gobierno en funciones, en plena “guerra fría” entre los dos, según acertada imagen de Albert Rivera) es verdad que se ha creado un clima de complicidad con Rivera que hace concebir esperanzas de una salida a algunos optimistas, si el líder de Ciudadanos, que se ha comprometido a hacer de intermediario entre PP y PSOE, consigue algún avance para lograr la abstención de los populares en la investidura para un Gobierno PSOE-Ciudadanos, con apoyo de canarios y vascos, un Ejecutivo de una gran precariedad, aunque solo sea para un periodo muy corto de tiempo con un calendario que satisfaga al mayor número de partidos.
Sin embargo, hay que reconocer que sería una ingenuidad política pensar que Rajoy, que sigue sin mover ficha a la espera del fracaso de su adversario Sánchez, pueda optar por la abstención en la investidura del líder socialista. Él, que sigue considerándose el auténtico ganador de las elecciones. Él, que cree que tiene derecho a un segundo mandato, por sus éxitos en política económica. Él, en fin, que ha salvado a España del rescate y que ha conseguido que la canciller Angela Merkel le ponga de ejemplo de lo que hay que hacer en esa Europa en crisis.
Siendo comprensibles sus sentimientos, lo que el señor presidente del Gobierno en funciones parece no ver es que, después de haber perdido las elecciones europeas de mayo de 2014, las andaluzas, las autonómicas y municipales del año pasado, las catalanas del pasado 27 de septiembre, y por último, dejarse el 20-D la mitad de los votos que obtuvo en 2011 (5.300.000, de un total de 10.800.000) y 63 escaños, su situación es insostenible. De ser el presidente con más poder de la reciente democracia española ha pasado a ser el político que, en estos momentos en que escribo, tiene menos posibilidades de formar Gobierno. Y subrayo lo de estos momentos, porque no se sabe las vueltas que puede dar la situación, hasta que se encuentre ese deseado punto de equilibrio para salir de esa parálisis que no solo preocupa en España, sino en Europa y en los círculos de decisión mundiales.
Los propios responsables de la Europa comunitaria ya han empezado a reclamar un Gobierno estable lo antes posible. España no es Bélgica (que estuvo entre 2010 y 2011, 600 días sin Gobierno), ni Italia (que periódicamente ha podido convivir sin Gobierno). España es el peón más importante del sur de Europa en esa batalla que se está librando contra la política de la austeridad, en la que, a pesar de todas las contradicciones, están Grecia, Portugal e Italia. Pero hoy en Alemania, la capital de la austeridad y el símbolo de la política de recortes, lo que más preocupa es España, y desde Berlín se insiste en que no solo está en peligro el repunte económico español, sino que existe el riesgo de una recesión en el resto de Europa si se formara un Gobierno PSOE-Podemos, algo que además pondría en peligro, siempre según Berlín, al euro como moneda común.
El Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), el principal periódico alemán, se hace eco de las preocupaciones de la cancillería y recuerda que los populistas españoles de izquierda preparan con sus “partidos hermanos” (desde el griego Syriza hasta el Bloque de Izquierda portugués), una “conferencia europea” de partidos de ideas afines que deberá celebrarse en febrero en Madrid. Su objetivo es establecer una “red antiausteridad en el continente, e impulsar, según dicen, ‘una Europa verdaderamente democrática’ y poner fin así de una vez por todas a las fechorías de los comisarios del ahorro como Wolfgang Schäuble. Como garantes para este proyecto se ofrecen el exministro griego Yanis Varoufakis y la okupa y actual alcaldesa de Barcelona, Ada Colau”.
“Pero son precisamente estas recetas las que arrastrarían de nuevo a la crisis a los países del sur de Europa, que siguen siendo inestables. Los autoproclamados rescatadores del Estado de bienestar
–sostiene el FAZ–, no necesitarían mucho tiempo para volver a arruinarlo, y extender luego de nuevo la mano para obtener préstamos de los socios”. No, “en España, a pesar de que aún no hay un nuevo Gobierno, esto ya no es una idea abstracta. Cataluña está en quiebra. Y desde las últimas elecciones regionales, Podemos y compañía determinan el rumbo económico y socio-político en grandes partes del país. Los antisistema están por tanto dentro del sistema. Y ahora también, disponen de una quinta parte de los escaños en el Parlamento nacional”.


