Bruselas y Aznar le amargan la campaña a Rajoy

27 / 05 / 2016 José Oneto
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El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, cuya campaña electoral sigue centrada en la economía y en los esfuerzos que ha hecho para sacar al país del desastre en el que, según él, lo dejaron los socialistas, ha recibido un serio varapalo por parte de Bruselas por el incumplimiento de los objetivos de déficit y por el aumento espectacular de la deuda pública, la mayor en un siglo, y por si fuera poco se ha encontrado con la descalificación de toda su política económica por parte de José María Aznar, el expresidente popular, que le colocó como candidato a La Moncloa.

Por una parte, la Comisión Europea, cada vez más preocupada por la tardanza de España en formar un Gobierno que haga frente al espectacular aumento de la deuda pública y, sobre todo, a un déficit descontrolado que ha dislocado todas las cifras del Plan de Estabilidad, ha aplazado hasta principios de julio, después de las elecciones generales de junio, la decisión que debe tomar para certificar la “falta de acción efectiva” del actual Gobierno para cumplir con los objetivos de déficit, con lo que pondría en marcha el correspondiente proceso para imponer una multa a nuestro país del 0,2% del PIB: unos 2.000 millones de euros. Algo que no se ha querido hacer ahora para no perjudicar al Gobierno en funciones español y, sobre todo, para no perjudicar a su presidente Rajoy.

Por otra, el propio Rajoy, no recuperado todavía de la regañina de Bruselas, no quería creerse el balance que Aznar hacía de su política económica en una serie de intervenciones públicas sobre treinta años de la economía española en la UE. Para el expresidente del Gobierno, la política económica que ha desarrollado Rajoy es la que ha generado ese déficit y esa deuda histórica. Pero es que Aznar ni siquiera reconoce la tan mentada recuperación, que, según él, obedece a una cuestión puramente cíclica. La tesis de Aznar es que la economía española está en un buen momento porque el ciclo económico es “favorable” y “está potenciado por fuertes vientos de sobra conocidos” y que lo más grave es que “el déficit” se quedará si no se cumplen las recetas comunitarias.

De esta forma, el proceso que desencadenaría esas sanciones anunciadas se iniciaría después de las elecciones del 26-J, al tiempo que se concedería un año más de prórroga para que el déficit se pueda reducir hasta el 3,7% del PIB en 2016, y el 2,5% en 2017, con lo que el Gobierno que salga de las urnas tendría que hacer frente a nuevos recortes por 8.000 millones de euros (que, de hecho, pueden superar los 10.000 millones), así como a nuevas reformas, que incluirían una nueva vuelta de tuerca en la reforma laboral, y con toda seguridad, alguna intervención en el tema de las pensiones. Los recortes son rechazados en principio por todos los partidos, excepto por el PP.

Haciendo balance, España ya ha acumulado ocho años consecutivos de déficit público muy por encima del 3% del PIB establecido en los tratados europeos. Inició con el 4,4% en 2008, se mantuvo en torno al 10% con el Gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, para tocar fondo con el 11% en 2009. En su primer año en Moncloa, Rajoy cerró el balance público con un déficit del 10,4% del PIB, y después comenzó a recuperarse pero llegando solo al 5,1%.

Pero lo que más ha sorprendido en Bruselas es que hace solo unos días que Rajoy animó el debate político anunciando una nueva bajada de impuestos. Una declaración que ha causado sorpresa y perplejidad. Probablemente apremiado en los sondeos por los socialistas y por los dos movimientos de protesta, Podemos y Ciudadanos, sigue apostando por el crecimiento, y ya ha empezado a insinuar que puede bajar determinados impuestos, frente al criterio de sus oponentes políticos que, además de propiciar un aumento del gasto público (especialmente la coalición Unidos Podemos) insisten en una revisión al alza de los impuestos.

El presidente en funciones ha llegado a anunciar que, en caso de una victoria en las elecciones, podría ofrecer una nueva bajada de impuestos “si los ingresos fiscales siguen creciendo como actualmente”. Ya concedió dos rebajas en 2015, poco antes de las elecciones del 20 de diciembre de ese año, desafiando a Bruselas y provocando críticas de la oposición.

Así, Rajoy no ha tenido empacho en prometer nuevos recortes fiscales si es reelegido presidente, arriesgándose a una confrontación con Bruselas, en un momento en el que corteja a los votantes deseosos de acabar con una larga etapa de austeridad. Pero poco ha durado esa promesa al conocerse una carta que ha enviado al jefe de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker en la que promete más ajustes para evitar las sanciones económicas anunciadas.

De todos modos, a dos semanas del inicio de la campaña electoral, el tema no parece preocupar a los responsables políticos, convencidos de que, al final, habrá prórroga para el cumplimiento de los objetivos de déficit, que no habrá sanciones económicas que complicarían, aún más, ese déficit, y que la UE no tendrá más remedio que cambiar de política económica, relajando esa obsesión por la austeridad a la que no quieren renunciar Alemania y algunos países del Norte, que han aceptado la prórroga de la Comisión para el cumplimiento del Plan de Estabilidad como un malísimo precedente. 

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