Ante el 26-J: la desconfianza de los españoles en los políticos
Como un triste presagio de lo que puede pasar a partir del 26 de junio, en la repetición de las elecciones generales, estos días los partidos ni siquiera han logrado ponerse de acuerdo en cómo ahorrar en una nueva campaña electoral que costará a los contribuyentes españoles ni más ni menos que 130 millones de euros. El criterio de socialistas y populares, que proponían una rebaja por igual de un 30% en los presupuestos, no ha sido aceptado por los partidos emergentes, cuyas propuestas, desde fijar cuotas distintas para cada partido hasta que todas las papeletas fueran en el mismo sobre (con lo que se ahorraría en el mailing), han sido rechazadas por las formaciones tradicionales.
Probablemente seguirán las reuniones, aunque la situación es que la exigencia de los contribuyentes no parece coincidir con los deseos de los partidos que, todavía, no son conscientes del grado de rechazo de la ciudadanía por su comportamiento durante esos 133 días de bloqueo político. El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) da una imagen que debería preocupar a los dirigentes políticos por el deterioro en el que los encuestados valoran a los partidos, al Parlamento e incluso al Poder Judicial. Y la verdad es que los ciudadanos empiezan a no distinguir entre vieja o nueva política. Miden a todos por igual.
El barómetro del CIS muestra la poca confianza que los españoles tienen en la política en general y en los propios líderes. En concreto, en la encuesta poselectoral publicada la pasada semana, sitúan a los partidos como la institución de la que menos se fían, con una media de un 3,19, solo superadas por los bancos, que obtienen un 2,61. En cuanto a sus representantes, el barómetro concluye que de los 16 líderes por los que han sido preguntados los casi 2.500 entrevistados, ninguno logra alcanzar el aprobado. Además, ninguno de los candidatos de los partidos con más votos, Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias, llega ni siquiera al 4.
La vieja política intenta conservar los privilegios con los que se ha venido moviendo el bipartidismo, y la nueva política, término acuñado por Podemos, cree que ha llegado su hora y está haciendo todo lo posible, en el caso del partido morado, por llegar a un acuerdo con Izquierda Unida para intentar el sorpasso, la gran aspiración de Julio Anguita, desplazando al PSOE a la tercera posición y, si es posible, al propio PP. Todas las encuestas en el inicio de la nueva precampaña indican que , sin las confluencias, Podemos no gana y que, en todo caso, sumaría con Alberto Garzón y con IU. Esa IU que ha recibido todo tipo de desprecios y descalificaciones por parte de Iglesias, antiguo militante de las Juventudes Comunistas.
Por eso, en vísperas de que se formen las coaliciones para el 26-J, parte del debate es sí, efectivamente, se llega a un acuerdo entre Podemos e IU. Quedan flecos pero, por primera vez, Iglesias tiene el máximo interés en llegar a un pacto con quienes, antes de las elecciones del 20 D, eran, según él, “cenizos políticos”, “izquierdista tristones, aburridos y amargados” a los que aconsejaba que se cocieran “en su salsa llena de estrellas rojas y de cosas”, y advertía que no se les ocurriese acercarse a Podemos: “Dejadnos vivir a los demás”. Esas palabras no podían contener más desprecio y clasismo. Nada que ver con las concesiones que tendrá que hacer ahora a Garzón, uno de los políticos más valorados, y a Izquierda Unida-Unidad Popular, que tiene posibilidades, según los últimos sondeos, de contar con grupo parlamentario propio.
El PP, según el CIS, volvería a ganar las elecciones con un 27,4% de los votos, aunque supondría 1,3 puntos menos respecto al 20-D y le haría reducir su ventaja con el PSOE, que con el 21,6% de intención de voto apenas se dejaría medio punto. Pero lo más notable es que la suma de Podemos e IU obtendría el 23,1% de los votos y, si esta aritmética resistiera al acuerdo, serviría para lograr el sorpasso al PSOE en las fuerzas de la izquierda. Ciudadanos, por su parte, que seguiría siendo la cuarta formación en intención de voto y mejoraría sus expectativas electorales al contar con el 15,6% de intención de voto (fue del 13,9% en diciembre).
A la luz de los datos del CIS, una coalición entre Podemos e IU potenciaría al partido de Iglesias, que manteniendo solo su confluencia con En Comú Podem, En Marea y Compromís bajaría tres puntos: del 20,66% al 17,7%. Es más, En Comú Podem es la única marca de Podemos que no cae en intención de voto. Con un 3,8%, aguanta frente al desplome de Compromís (del 2,67% al 0,4%, aunque en la encuesta no se incluye la coalición Compromís-Podemos) y la leve bajada de En Marea (del 1,63% al 1,5%).
Sin embargo, IU mejora casi dos puntos, del 3,67% al 5,4% en intención de voto. Es la misma subida en puntos que la de Ciudadanos, pero en proporción la de IU es mayor. Es cierto que el CIS pregunta a los ciudadanos sobre estos partidos por separado y no tiene forma de estimar los efectos de una coalición real entre Podemos e IU. Y también es cierto que ese potencial 23,1% no es mayor que el 24% que habrían tenido sumando el voto obtenido en diciembre. Pero lo crucial de este dato es que llega en medio de las negociaciones entre Podemos e IU para decidir una coalición con capacidad real para provocar un cambio de hegemonía en la izquierda política en España.


