Truco o trato para un decreto-ley interminable

31 / 10 / 2016 Jesús Rivasés
  • Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

La auténtica preocupación de Rajoy es poder sacar adelante unos presupuestos que eviten las multas de bruselas. Superado ese escollo, el día a día de la legislatura más complicada de la democracia no inquieta al líder del PP, que ha demostrado sus habilidades políticas y ser más listo que sus adversarios

Mariano Rajoy –“el que resiste, gana” (Camilo José Cela)– ha renovado el contrato de alquiler para vivir en La Moncloa. El líder del PP, aunque ha necesitado más de 300 días, ha logrado su objetivo –en algunos momentos, obsesión– de no ser el primer presidente de la democracia que no repite mandato. Al final, ha demostrado ser el más listo de todos y, aunque no tiene firmado ningún plazo sobre la duración de la prórroga de su alquiler, puede ser más largo de lo que muchos prevén. Habrá días duros, momentos imposibles y situaciones extremas, pero tampoco es descartable una legislatura casi completa. Todo depende de un PSOE, que sobrevive entre susto o muerte, entre truco o trato, ahora en vísperas de Halloween y de Todos los Santos, y que se ha visto obligado a un trato que, de alguna manera tendrá que ir más allá de la investidura. También depende del partido de Albert Rivera, condenado al trato desde el día siguiente de las últimas elecciones. PSOE y Ciudadanos, juntos y cada uno por su parte, pueden romper la baraja, pero eso conduce a unas terceras elecciones que, ahora mismo, eran la mejor opción para Rajoy y que pueden serlo durante bastante tiempo.

El inquilino de La Moncloa, que tras las elecciones del 20-D de hace casi un año lo tenía todo muy difícil, es más de Todos los Santos que de Halloween, pero al mismo tiempo, con su ambigüedad gallega calculada, le divierte la disyuntiva truco o trato y se maneja con soltura en ambos escenarios. Las peripecias de la política han provocado que el nuevo Gobierno de Rajoy llegue con la cita anual de Don Juan Tenorio, el drama de Zorrilla que, según la tradición, se representa la noche del Día de difuntos y que, cuando el líder del PP era joven, siempre programaba la entonces única televisión. Halloween, que es la contracción en inglés de All Hallow’s Eve –víspera de Todos los Santos–, todavía era algo exótico fuera de los países anglosajones, y casi nadie planteaba la disyuntiva truco o trato a la que se ha visto abocada la política española.

Rajoy, una vez renovado su contrato de alquiler en La Moncloa, dedicará todos sus esfuerzos al único asunto que de verdad le preocupa. Se lo explicó en su momento a Pedro Sánchez, sin que el socialista –que escuchó con atención– le  hiciera el menor caso. El entonces jefe del PSOE estaba en otras batallas y ahora rumia sus errores mientras todavía sueña en que tiene posibilidades de emular a McArthur y su famoso “volveré”. Baraja volver a presentarse a las primarias para secretario general, sean cuando sean, pero sabe que sus posibilidades de éxito se reducen a una confrontación con Susana Díaz o con alguien que se presente bajo la protección y el impulso de la presidenta andaluza, que para algunos ha dejado de ser la Sultana, para convertirse en una moderna lady Macbeth del Guadalquivir. Cualquier otro aspirante a líder socialista, buscado como si fuera un Tenorio, no tendría especiales dificultades en derrotar a Sánchez en unas primarias que se celebrarán cuando la gestora que preside Javier Fernández otee un líder viable –de transición o permanente– y que tampoco es el exministro José Borrell, a pesar de sus habilidades y su verbo brillante.

Rajoy, cuando creyó o quiso creer –no desconfianza gallega– que Sánchez facilitaría mediante abstención su investidura, le explicó que su única preocupación era –y es– aprobar unos Presupuestos Generales del Estado que permitieran a España evitar las posibles multas de Bruselas. Ahora, entre Halloween y Todos los Santos, entre truco y trato, Rajoy sigue en sus trece. Trabaja ya a contrarreloj para sacar adelante unos Presupuestos y, cuando lo consiga, todo lo demás pasará a un segundo plano. Incluso el más que posible infierno parlamentario que le preparan desde el PSOE hasta Podemos, porque unos y otros querrán visualizar el liderazgo de la oposición, mientras Rivera intentará seguir a flote en un escenario tan revuelto. El líder de Ciudadanos tiene la ventaja de que sin sus diputados, cualquier trato se complica mucho más, aunque Rajoy, a partir de mayo, dispondrá del arma final de convocar elecciones cuando le convenga.

Javier Fernández, tras dar la cara e impulsar la abstención del PSOE como mal menor, ha anunciado la oposición socialista a la aprobación de los Presupuestos. Está en el guion, pero los socialistas quizá tengan que desdecirse, aunque sea parcialmente. El Gobierno en minoría de Rajoy tiene algunas bazas importantes en la mano. La primera es aprobar un decreto-ley de prórroga presupuestaria en el que podría incluir subida de pensiones y salarios de funcionarios, fondos para la “Y vasca” del AVE y para las comunidades autónomas. Asuntos a los que, en definitiva, al PSOE podría resultarle difícil oponerse y que, por otra parte, el PNV, por ejemplo, podría apoyar, no solo sin problemas, sino con un cierto entusiasmo, porque lo presentaría a su clientela como éxitos de una negociación. Sería –y habría algo de truco– un decreto-ley interminable, porque incluiría algo así como unos Presupuestos en la sombra. También sería lo más práctico para calmar a Bruselas y evitar multas. Luego, avanzaría una legislatura infernal por la que, sin embargo, Rajoy está convencido de que puede transitar incómodo pero seguro. Y si todo falla, elecciones otra vez.

Grupo Zeta Nexica