Todos pendientes del gran oráculo sociológico

18 / 03 / 2016 Jesús Rivasés
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El CIS, el moderno y gran oráculo demoscópico, hablará a principios de abril y su mensaje, en forma de barómetro electoral, será escrutado por los expertos de todos los partidos e influirá en sus decisiones y, en definitiva, en si hay repetición de elecciones o pacto para que gobierne Sánchez.

Pablo Iglesias, que en la mejor tradición del leninismo se ha quitado de en medio a su número 3, Sergio Pascual, acusado de “gestión deficiente”, sea eso lo que sea, tiene la llave que le permitiría a Pedro Sánchez convertirse en presidente del Gobierno. Todos lo saben, especialmente el líder del PSOE, un economista que no es probable que reciba el premio Nobel de la disciplina, pero que domina la aritmética, porque es parte de su profesión. Y en este caso, la aritmética parlamentaria dice que el PSOE necesita de los votos de Podemos para un Gobierno de izquierdas. Pedro Sánchez lo entendió la misma noche electoral, con las urnas todavía calentitas, pero también era consciente de que esa aritmética necesita también un largo proceso de elaboración, que es probable que continúe hasta que esté a punto de expirar el plazo previsto para que haya Gobierno y, si no lo hay, se convocan nuevas elecciones automáticamente, que se celebrarían el 26 de junio.

El pacto PSOE-Ciudadanos no suma, como ha demostrado la realidad parlamentaria. Hacen falta más votos y Sánchez, descartados los del PP, sueña con algunos de los nacionalistas y, claro, con los del grupo que lidera Pablo Iglesias y sus heterogéneas confluencias. La visita del secretario general del PSOE al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, aunque no abordaron ningún apoyo de investidura, sí pretende escenificar un acercamiento, entreabrir una puerta a otras posibilidades, entre las que figuraría, por ejemplo, una abstención parlamentaria que, sin embargo, sirviera para convertir al líder de los socialistas en presidente del Gobierno.

Pedro Sánchez quiere aprovechar esta oportunidad para llegar a La Moncloa, entre otros motivos, porque no sabe si tendrá otra. Tampoco está claro, porque, tras los líos internos de Podemos, quizá el PSOE no saldría peor parado de otra cita con las urnas. Sin embargo, ahí está el tan histórico como real pánico de los políticos a las incertidumbres electorales y, por eso, todos dicen que una repetición de los comicios sería un fracaso para la sociedad. Sánchez no es el único que tiene dudas electorales. Pablo Iglesias cada día tiene más, Albert Rivera tampoco está seguro de mejorar mucho sus resultados, y tan solo Rajoy, según indicios aportados por viajeros llegados desde La Moncloa, parece estar convencido de que el PP recuperaría muchos votos y escaños. Los críticos de Rajoy, pero que todavía no se atreven a hacerle frente, dicen que esa es la teoría de Pedro Arriola.

La interinidad política actual se despejará a principios de abril. Todos los líderes políticos, sin excepción, aguardan, con fe infinita, lo que pueda decir el gran oráculo moderno, que no es otro que el oráculo demoscópico del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) que los expertos interpretarán, quizá con el mismo rigor con el que los antiguos sacerdotes helenos interpretaban, por ejemplo, al oráculo de Delfos. El oráculo del CIS habla en forma de barómetros con intención de voto y tiene previsto hacerlo a principios de abril. Lo que diga y lo que muchos entiendan que quiere decir será decisivo para que unos y otros se lancen hacia unas nuevas elecciones o ricen el rizo hasta lo imposible para que haya un nuevo Gobierno.

Pablo Iglesias, que nunca ha ocultado que jugaba a todo o nada, pero sobre todo a alcanzar el poder y ejercerlo, es uno de los que espera con más avidez la voz de oráculo. Sus expertos en
desentrañar datos sociológicos –dicen que Carolina Bescansa es de las mejores, aunque no está claro si cotiza al alza o a la baja en Podemos– concluirán si a la formación morada le conviene forzar otras elecciones o permitir que gobierne Pedro Sánchez, ante el riesgo de perder poder parlamentario en las urnas. Todo indica –y eso explicaría la destitución fulminante de Sergio Pascual– que Pablo Iglesias sigue reticente a alcanzar algún tipo de pacto con Pedro Sánchez, algo a lo que parte de su organización, aunque fuera muy alejado de los máximos iniciales, sí sería proclive. Es la teoría del pájaro en mano. Iglesias discrepa y, además, algunos asesores externos, que los tiene –y muy mediáticos– y con mucha ascendencia sobre el líder de Podemos, le recomiendan que en ningún caso se fíe del secretario general del PSOE porque –le insisten– “te traicionará” y una vez en La Moncloa, pronto encontrará cómo
desembarazarse de las ataduras a las que le hubiera podido obligar Podemos. Efectivamente, en España, el presidente del Gobierno tiene mucho poder y muchos recursos a su alcance y, ya investido, es muy difícil –aunque no tenga un gran respaldo parlamentario– moverle la silla.

Apenas faltan 15 días para que el oráculo de CIS hable y, además, en medio está la Semana Santa. Algunos recuerdan aquel Sábado Santo rojo, en el que el PCE fue legalizado en tiempos de Adolfo Suárez, y sueñan con un acuerdo de izquierdas en esa misma fecha. Todo es posible, pero es improbable que nadie dé algún paso adelante definitivo sin escuchar al gran oráculo demoscópico que, por otra parte, también falla con alguna frecuencia. Sin embargo, el vértigo del político ante las urnas también es tan grande que cualquier precaución es poca, incluso para Rajoy. Al fin y al cabo el PP tiene mayoría de bloqueo para reformas constitucionales, y no es poco.  

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