Sánchez y Rivera repasan el soliloquio de Molly Bloom

26 / 07 / 2016 Jesús Rivasés
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Los socialistas, con cierta resignación, aunque algunos no descartan terceras elecciones, empiezan a aceptar que Rajoy Volverá a Gobernar, pero le harán sudar lo indecible hasta lograr la investidura y luego le preparan una legislatura infernal, dure lo que dure.

Penélope, en la Odisea de Homero, es la esposa de Odiseo –Ulises–, rey de Itaca, al que espera y es fiel durante veinte años, hasta que su marido vuelve de la guerra de Troya. Molly Bloom, en la novela Ulises de James Joyce, es la moderna Penélope que, a diferencia de la reina de Itaca, es infiel a su marido Leopoldo Bloom, tras diez años de celibato autoimpuesto en su propio matrimonio.

Mariano Rajoy, después de haber conseguido –y no es un logro menor– colocar a su más que fiel Ana Pastor, a prueba de toda corrupción, en la presidencia del Congreso de los Diputados, sigue adelante con su particular cortejo de verano a otros líderes políticos con el objetivo de ser investido presidente del Gobierno y alejar el fantasma –que es real y está ahí– de unas terceras elecciones en el plazo de un año, algo más que bochornoso, pero que solo asusta a algunos.

El líder del PP, el líder político con más oficio y experiencia de todos los que siguen en activo en España, ha vuelto a sacar un conejo de la chistera y ha logrado resolver el sudoku de la formación de la Mesa del Congreso. Ha tenido el apoyo de Albert Rivera y Ciudadanos y los no desvelados pero reales de los nacionalistas catalanes y vascos. Francesc Homs niega tres y mil veces haber votado junto con el PP, mientras esboza una sonrisa de complicidad. Otra vez la mentira como fuerza que dirige el mundo, como escribió Jean-François Revel. Joseph S. Nye, profesor de Harvard, autor de ¿Terminó el siglo de Estados Unidos?, explica ahora que “es cierto que en algunos casos preferimos que los políticos no digan toda la verdad. (...) A veces, los líderes tienen objetivos que difieren de los de gran parte de sus seguidores, así que optan por engañarlos, en vez de mostrar las diferencias”.

Rajoy ha dado un paso más hacia la investidura y parece que importante, pero le quedan más. Gran parte de los dirigentes socialistas –quizá Pedro Sánchez haya sido el último en mantener la fe en sus posibilidades– cree que, al final, gobernará el PP y todos parecen haberse conjurado en que el ahora inquilino en funciones de La Moncloa tendrá que sudar lo que no está escrito para ser investido. Y también al día siguiente, porque la estrategia del PSOE, con Sánchez y sin Sánchez, es ejercer una oposición tan férrea como tremenda si la legislatura sigue adelante, con un doble objetivo: recuperar resuello electoral y no dejar espacio político a Unidos Podemos y Pablo Iglesias. Por eso, en el último minuto, cuando el árbitro esté a punto de pitar el final del partido, Sánchez y los socialistas, por acción u omisión, pueden ser infieles, por un rato, a los suyos y permitir que Rajoy siga en La Moncloa.

El dilema de Sánchez es grande, pero Albert Rivera parece condenado, tras un cortejo más o menos largo, a dar su brazo a torcer y si Ciudadanos ha votado con el PP para elegir presidenta del Congreso, todo indica que es cuestión de tiempo que también sus diputados permitan que Rajoy siga en La Moncloa. Las terceras elecciones, que populares y socialistas han contemplado, son uno de los peores escenarios que podría imaginar el líder de Ciudadanos y lo evitará, algo en lo que estará de acuerdo Iglesias, que no tiene un gran papel en esta función pero que tras otro paso por las urnas todavía podría ser menor.

La sorpresa nacionalista –esos diez votos desconocidos e inesperados, quizá de Convergència y del PNV– que apuntalaron el pacto PP-Ciudadanos para la Mesa del Congreso abre horizontes que parecían cerrados pero, claro, en política nada es imposible. No obstante, no es lo mismo un voto que no se puede identificar por muchas evidencias que haya, que otro proclamado de viva voz, como tienen que ser los que haya en una sesión de investidura. Ahora mismo parece imposible ver a Francesc Homs votar Sí a la investidura de Rajoy, pero si el líder del PP se presenta en esa sesión con 170 votos –los suyos, los de Ciudadanos y el de Coalición Canaria– muchos pueden tener la coartada que precisan, aunque sea con una abstención, para desatascar la situación política y, sobre todo, encerrar definitivamente el fantasma de unas terceras elecciones. Luego, todos, Pedro Sánchez, Albert Rivera, Francesc Homs, Aitor Esteban (PNV) e incluso Ana Oramas ya tendrán tiempo y oportunidades para ser infieles a Rajoy en el mejor de los casos o, como sueñan en el PSOE, hacerle una oposición demoledora. El líder del PP, casi con toda probabilidad, seguirá en La Moncloa, pero iniciará una legislatura que puede ser un calvario, en la que se multiplicarán, por ejemplo, las comisiones de investigación y en la que, sin garantía de éxito, tendrá que pactar todas y cada una de las medidas. Rajoy puede lograr un primer pacto para sacar adelante los próximos Presupuestos Generales, porque es algo que interesa a todos, pero poco más.

Calor africano en Madrid. Sánchez y Rivera, sobre todo, hacen cuentas y mientras afilan su estrategia, repasan el soliloquio de Molly Bloom, la moderna e infiel Penélope del Ulises de Joyce: “y yo pensé bueno tanto da uno como otro y después le pedí con los ojos que me lo preguntara otra vez y después el me preguntó si yo quería sí para que dijera sí (...) y sí yo dije sí”. Y sí, ahora también alguien dirá “sí”, porque, aunque no da tanto uno como otro, es necesario, y luego siempre habrá tiempo para ser infiel o lo que sea. 

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