Reivindicación de Mariano Rubio
El sistema financiero español –las cajas sobre todo– entró en crisis ante la teórica pasividad del Banco de España. Lo han denunciado los inspectores, que a partir de ahora tendrán que ser escuchados.
El novelista juan goytisolo (1931), al que no hay que confundir con su hermano Luis (1935), el autor de Antagonía y que ahora suena para el Nobel, publicó en 1970, casi en los estertores del franquismo, Reivindicación del Conde don Julián. La novela, que apareció primero en México porque la censura impidió hacerlo en España, recurre al mito del gobernador visigodo de Septem (la Ceuta actual), un tal Yulián, Olbán o Urbán, que habría ayudado a las fuerzas musulmanas de Táriq ibn Ziyard a cruzar el estrecho para iniciar la conquista de la península, tras derrotar a don Rodrigo en Guadalete en el año 711. Don Julián, según la leyenda, fue el padre de Florinda la Cava, una doncella ultrajada por el rey visigodo. Su venganza consistió en facilitar información para la invasión y en prestar sus barcos para que los guerreros de Alá hicieran la travesía entre Ceuta y la costa andaluza. La novela de Goytisolo y su reivindicación de don Julián era una protesta contra el mito de la España castiza, caballeresca y católica propugnado por historiadores y aduladores franquistas, simbolizada en un tal Carpeto (de carpetano, del reino de Toledo) que se muere de hambre porque en su empeño por asegurar la pureza del idioma no puede comer ningún plato cuyo nombre tenga origen árabe.
Mariano Rubio Jiménez (Burgos, 1931-Madrid, 1999) fue gobernador del Banco de España entre 1984 y 1992. Primero como subgobernador y luego como máximo responsable de la autoridad monetaria, afrontó la crisis bancaria española de principios de los años ochenta del siglo XX, que se llevó por delante medio centenar de entidades, incluidos los bancos del entonces grupo Rumasa, de José María Ruiz-Mateos. A partir de ahí, Rubio y sus equipos, con Luis Ángel Rojo y Miguel Martín sobre todo, desarrolló e implantó un sistema de vigilancia y supervisión del sistema financiero que, con el paso del tiempo, por su eficacia e independencia, fue considerado modélico dentro y fuera de España y copiado por otros países. El resultado fue uno de los sistemas financieros más saneados del mundo al final del siglo XX. Luego, el Banco de España, aunque mantuvo uno de los mejores equipos de inspectores del sistema financiero, con fama mundial, que hacían su trabajo, aflojó las exigencias y llegó la crisis.
Ahora, tras el hundimiento de una gran parte de las antiguas cajas de ahorros, ha trascendido, a través del diario El País, un documento elaborado por la Asociación de Inspectores de Entidades de Crédito del Banco de España que denuncia que durante años los máximos responsables de la autoridad financiera española miraron hacia otra parte, a pesar de que tenían encima de la mesa informes detallados que exponían la muy delicada situación de muchas entidades y que también describían prácticas, al menos dudosas, de los responsables de varias de ellas. Un torpedo a la gestión del anterior gobernador, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, cuya reacción ha sido enviar una carta al director del citado diario en la que rechaza que los responsables del banco miraran hacia otro lado y plantea que quien tenga información comprometida la remita a la Fiscalía. Sin embargo, el martes 8 de enero, el Banco de España, que ahora gobierna Luis Linde, que fue director general en la época de Mariano Rubio, anunció una profunda reforma de su sistema de vigilancia bancaria, con medidas nuevas, como el que haya inspectores empotrados en las 16 entidades financieras más importantes. Fernández Ordóñez intenta disculparse, pero durante su mandato, lo supiera o no el Banco de España, buena parte del sistema financiero español se precipitó al abismo. Hay dos posibilidades. La primera, que el Banco de España no se enterara de lo que ocurría. La segunda, que mirara hacia otro lado, como afirman los inspectores. Las dos son terribles para el anterior gobernador y para los Gobiernos de la época. La clave es simple. Las cajas dependían de las comunidades autónomas y nadie quiso un conflicto político con los presidentes autonómicos de turno.
Manuel de la Concha era amigo íntimo de Mariano Rubio. A principios de la década de los años 90 del siglo pasado presidía un pequeño banco, Ibercorp, creado tras la compra de la ficha del banco Trelles al entonces Banesto, que presidía José María López de Letona, por unos 700 millones de pesetas de la época. Manuel de la Concha fue un mal banquero. Los inspectores del Banco de España, a las órdenes del director general, Miguel Martín, ahora presidente de la patronal bancaria AEB, descubrieron un sinfín de irregularidades y problemas en Ibercorp y aplicaron el manual, es decir, advertencias y apertura de un expediente al no ser atendidos sus requerimientos. Mariano Rubio, gobernador todopoderoso, temido por los banqueros más importantes, desde Emilio Botín al entonces admirado Mario Conde, conoció por la vía ordinaria el expediente que se le había abierto al banco de quien quizá era su mejor amigo, Manuel de la Concha. Rubio pidió explicaciones a Miguel Martín, el máximo responsable de la inspección, y se las dio. Mariano Rubio no dijo nada y dejó hacer. Pudo parar el expediente, pero no lo hizo y el Banco de España aplicó la cirugía en Ibercorp, que desapareció. Luego, como efecto colateral, se descubrió que Rubio no había tributado por una operación hecha a través de Ibercorp, pasó por la cárcel y se convirtió en un apestado. Eso sí, cuando en 1992 dejó el Banco de España, el sistema financiero español era uno de los más sólidos del mundo. Rubio pudo mirar hacia otro lado, pero no lo hizo, quizá a diferencia de alguno de sus sucesores. Reivindicación de Mariano Rubio.



