Rajoy, Sánchez y “el color del cristal con que se mira”
Mariano Rajoy, siempre a su manera, ha respaldado a Montoro, porque el presidente también cree –y lo dice– que el ejecutivo y el PP tienen que reivindicar todo lo que han hecho estos años de Gobierno y que llegará la recompensa
Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, como líderes de los dos partidos que podrían encabezar un Gobierno –ahora con el permiso de Albert Rivera, según algunos gurús demoscópicos– ya han iniciado la campaña electoral con lo que muchos han denominado como sus respectivas semanas “horribilis”. El traspiés teórico de Arantza Quiroga y su relevo al frente del PP del País Vasco, la defección pública de la ya casi exdiputada Cayetana Álvarez de Toledo y unas llamativas reflexiones-declaraciones de Cristóbal Montoro han agitado las aguas internas de las filas populares, en las que crece la incertidumbre sobre el resultado electoral conforme se acerca el 20-D.
El fichaje, muy contestado, de Irene Lozano, ex UPD, como número cuatro de la lista del PSOE por Madrid, el anuncio –y a veces contranuncio– de medidas que podrían figurar en el programa de los socialistas –desde acciones contra la prostitución a la propuesta de la supresión casi absoluta de la enseñanza de religión–, incluida una especie de renuncia a la contrarreforma laboral, han puesto de los nervios a una buena parte de militantes y dirigentes socialistas y han dejado en la perplejidad a no pocos que pensaban votar a Pedro Sánchez.
Completan el paisaje los televisivos Albert Rivera y Pablo Iglesias con esa especie de charla-debate que mantuvieron ante las cámaras y con la que arrasaron en audiencia, que es algo que da pistas, pero que sería un error extrapolar a votos. Más significativo, pero no concluyente, podría ser el varapalo dialéctico y de imagen que el líder de Ciudadanos propinó al jefe, “cansado” como él mismo reconoce, de Podemos, que reclama tiempo para descansar porque quizá ha empezado a descubrir que dedicarse a la política, sobre todo en la España de los horarios imposibles, también exige una resistencia física notable.


