Por quién doblan las campanas

22 / 10 / 2010 0:00 Jesús Rivasés
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Zapatero tiene un plan. Lo cambia con frecuencia, pero tiene un plan. Pronto lo explicará, mientras otros preparan una gran Arca de Noé que proteja a lo que haya que salvar del socialismo.

15/10/10

ESTABA ESCRITO, SÍ. Estaba escrito. Como la rebaja de la solvencia del Reino de España aplicada por Moody’s y que Elena Salgado, José Manuel Campa y, por lo tanto, Zapatero, conocían desde el verano. Hubo un documento esclarecedor. La única duda era si la rebaja sería de uno o dos escalones. Bajar uno fue presentado como un éxito. Estaba escrito. Como el revolcón democrático de Tomás Gómez a Trinidad Jiménez, “la señorita Trini” de Guerra, que parece el título de una novela de Vargas Llosa. Hay que ser un genio de la dialéctica, como Alfonso, para zaherir y descalificar desde la cortesía. Quedan pocos personajes de esos en el Parlamento y algunos, como Guerra, apenas se emplean. Soraya Sáenz de Santamaría, que tiene porvenir en este terreno, pone de los nervios de forma recurrente a María Teresa Fernández de la Vega, pero no es lo mismo. Para Guerra todavía no sería contrincante, como Rato destrozaría desde la tribuna a De la Vega. Dos de aquellos que fueron temibles con la palabra, y el que tiene retiene, Rodrigo Rato y Miguel Herrero Rodríguez de Miñón, hicieron corro con Mariano Rajoy en la recepción del Palacio Real el 12 de octubre. Adolfo Suárez construyó la Transición, pero uno de los precios que cobró fue matar el parlamentarismo. Su pánico escénico a los discursos sin papeles devino en un reglamento parlamentario encorsetado. Estaba escrito, sí. Era inevitable. Y además, José Luis Rodríguez Zapatero había leído ese libro, el de los abucheos que sufre, un año sí y otro también, en el desfile militar de la fiesta nacional. Forman parte del guión, aunque eso no los justifica. Tienen razón don Juan Carlos y don Felipe cuando se quejan. No es lo más adecuado, sobre todo si se elige el momento del homenaje a los caídos. Hay una explicación, dicen en los alrededores de Rajoy. El Gobierno, que también sabe que está escrito, cada año aleja más al público de las autoridades, de Zapatero, y claro, lo abuchea cuando lo tiene más cerca. Porque sí, los pitos estaban orquestados, quizá con poco tino, pero orquestados, como también le organizaban las broncas a José María Aznar, y como Zapatero tenía premeditada su famosa sentada ante el paso de la bandera americana. Algunos disfrutan, pero a Rajoy, empeñado sobre todo en no generar rechazos, algunos excesos, si el PSOE consigue identificarlos con la ultraderecha, tampoco le convienen.

La aglomeración de notables y el éxito de la convocatoria para la recepción de los Reyes en el Palacio Real el día del Pilar o de la Hispanidad no estaba escrito. Hacía tiempo que no coincidían tantos importantes, es decir, vips. Además de políticos y diplomáticos, banqueros, empresarios y muchos ex. Desde Miguel Boyer e Isabel Preysler, el tiempo pasa para todos, hasta Ana Patricia Botín y Rodrigo Rato, poco habituales de estos salones tan repletos. Alguien encontrará explicación para tanta coincidencia, más allá del sonido de fondo consistente en la repetición infinita de la mala situación política de Zapatero y de que la verdadera recuperación tardará en llegar. Hasta Manuel Chaves, que no quiere ser ministro de Trabajo, sabe que el paro tardará en bajar. “Antes se recuperará en empleo”. Y casi como alma en pena, José Montilla, dicen que a la caza de votos menos catalanistas y también de despedida. En resumen, una sensación vaga de otoño ancien régime que camina hacia un invierno áspero, bronco y moderno, suave de formas -temperaturas- y extremo en casi todo lo demás. El aperitivo son las elecciones catalanas, en las que las encuestas auguran la catástrofe de Montilla, el triunfo, por fin, de Artur Mas, y un nuevo tropiezo -este sí, muy importante- del presidente Zapatero, que también recogerá pitos en otros lugares más allá del desfile de la Castellana de Madrid. Y eso tampoco estaba escrito al principio de esta legislatura.

Zapatero, mientras, tiene un plan. Sí. Lo cambia con frecuencia, pero tiene un plan. Un día de estos reunirá por sorpresa a los más fieles o de más confianza del momento y se lo explicará. Incluso es posible que haya diseñado otro Gobierno con la excusa de que hay que cambiar a CelestinoCorbacho, que no tiene la culpa, pero que nunca estará en la lista de los más ilustres y efectivos ministros de Trabajo. Alguien tenía que comerse el marrón del empleo y Corbacho ganó el premio gordo. Ahora disfrutará, de verdad, de su título de ex ministro. Roy Jenkins, líder histórico del laborismo reformista y biógrafo de Churchill, lo tenía muy claro: “Yo no quise ser primer ministro, lo que quería era ser ex primer ministro”. Mientras Zapatero repasa su plan, que le costará algún otro abucheo público, alguien en el socialismo español diseña una especie de Arca de Noé para recoger y proteger todo lo que quede y pueda ser salvado si llega el diluvio en forma de catástrofe del zapaterismo. Eso sí, primero habría que encontrar un carpintero -quizá ya está en ello- que hiciera un arca tan grande para que pudieran convivir, aunque sólo fuera por un tiempo, casi todos, desde Alfredo Pérez Rubalcaba a José Blanco, pero sin olvidar a otros muchos, Carme Chacón y también José Bono, que siempre ha sabido ver una oportunidad allí donde se presenta, aunque tenga que sortear zancadillas, incluso amigas. Sí, hace falta un arca grande, porque habrá que proteger a muchos, en todas partes. Ahora, también todos, cierran filas, antes y después de un desfile, con José Luis Rodríguez Zapatero que, a pesar de todo, se resiste a ingresar en la nómina de los políticos amortizados. Nunca Mariano Rajoy lo tuvo tan fácil, ni cuando lo designó Aznar. Avanza el otoño y Zapatero tiene un plan. ¿Por quién doblan las campanas? Todavía no está escrito.

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