Podemos y los banqueros que intentan ser queridos

06 / 06 / 2016 Jesús Rivasés
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Pablo Iglesias y Podemos, ahora Unidos Podemos con Alberto Garzón de comparsa, inquietan. La preocupación va por barrios, pero a escasas semanas de las elecciones, quizá sea más intensa en el PSOE de Pedro Sánchez que entre los banqueros/as (con Ana Botín al frente del Santander y Dolores Dancausa en Bankinter hay que hablar de los dos géneros), que contienen los nervios, pero de otra manera. Los socialistas y una gran parte de los señores/as del dinero españoles –y también europeos–, por azares del destino, coinciden en que se juegan su propio futuro a corto y medio plazo. El PSOE, en las urnas y, sobre todo, en el día después de las elecciones si los resultados se parecen a las encuestas que se publican, algunas como medio de agitación e incluso como estrategia electoral. Los banqueros/as deben aprender a sobrevivir en un mundo de tipos de interés cero, que nadie sabe cuánto durará, y la competencia derivada de la eclosión de las nuevas tecnologías. Deben luchar contra sus históricos competidores, pero también con los que antes o después serán los “nuevos banqueros”, como Facebook o Google, que tienen la ventaja –para ellos, claro– de que no están sujetos a prácticamente ninguna regulación. También ofrecerán menos seguridad, pero los clientes quizá tarden en descubrirlo. El PP, Ciudadanos e incluso Podemos tampoco tienen resuelto el futuro, pero son historias diferentes. En el PP, Mariano Rajoy ahora mismo la pieza de bóveda que algunos, dentro y fuera del partido, banqueros/as y empresarios/as incluidos, quieren remover y si lo consiguen todo es posible, desde el éxito hasta el fracaso más absoluto.

Hay banqueros/as que temen un Gobierno, que no ven imposible, de Podemos. Al mismo tiempo, y no es contradictorio, también creen que podría ser bueno que ganara y gobernara Pablo Iglesias. Calculan que el experimento –como lo califican– apenas duraría dos años y también que a algún banquero/a le podría costar hasta un 20% de su patrimonio. Sin embargo, creen que España se vacunaría para más aventuras populistas y, sobre todo, permitiría una regeneración a fondo del PP y del PSOE, que incluye, por supuesto, a las figuras de Mariano Rajoy y de Pedro Sánchez. El presidente en funciones nunca tuvo mucha química con los banquero/as y, de hecho, suele recordar cómo algunos le presionaban para que solicitara la intervención total de la economía española por parte de las autoridades comunitarias. Rajoy está muy orgulloso de haberse mantenido firme y, al final, se ha convertido en el inquilino de La Moncloa menos dúctil a la música de banqueros/as. Pedro Sánchez, por su parte, aunque despertó grandes esperanzas, todavía no ha sido visto como una verdadera alternativa en los sanctasanctórum del dinero por mucho que mantengan su histórico temor al BOE, que tanto puede dar y quitar con una simple firma.

Los banqueros/as prefieren, claro está, pasar del cáliz de Podemos, pero si llegara confían en que durarían lo que durarían “porque no tienen dinero”. Es decir, al estar España integrada en el euro, el Gobierno no puede crear dinero a su antojo y prácticamente sin límite para financiar sus gastos y también crear su propia red clientelar. El proyecto de Podemos, simplemente, no es posible sin soberanía monetaria, salvo que Iglesias y los suyos aceptaran un asilvestramiento como el de Tripras y Syriza en Grecia. Es lo que explica que, una y otra vez, aunque con sutileza desde el entorno de Podemos –ahora Unidos Podemos– haya voces que reclamen el abandono del euro. El populismo necesita fabricar dinero. Luego llega la hiperinflación, y ahí están los ejemplos de Argentina, Zimbabue y ahora Venezuela, pero esa es otra historia. Empobrece a las sociedades pero permite a los dirigentes populistas aguantar en el poder mucho. Sin la capacidad de crear dinero, piensan los banqueros, Podemos entraría en crisis o tendría que cambiar tanto que sería irreconocible. El país –y toda la sociedad casi sin excepciones– sufriría y caería el nivel de vida, pero el experimento, siempre según esos banqueros/as, tendría los días contados. Sin embargo, ni tan siquiera los señores/as del dinero pueden garantizar que, en el caso de que se dieran esas circunstancias, todo concluyera así. Quizá deberían recordar que, como explicó Popper, el futuro no solo no está escrito, sino que depende de nosotros mismos, de todos, y nadie puede ni preverlo, ni controlarlo.

Ahora, en vísperas de lo que Martin Wolf anuncia en el Financial Times como la próxima crisis bancaria, con el BCE convertido en casa de empeño, los banqueros/as españoles están convencidos de que están en mejor situación que sus colegas europeos. No todos
coinciden en que deba haber mucha más concentración/consolidación banca-
ria, pero sí están muy preocupados
por la imagen del sector en la sociedad, algo que consideran clave para el futu-
ro. “La sociedad –dicen– está muy cabreada con la banca porque la responsabiliza de la pérdida del nivel de vida”. Saben que es una tarea difícil y aceptan que “solo sobreviviremos [la banca] si somos capaces de convencer a la sociedad de que somos útiles e imprescindibles para mantener y mejorar las condiciones de vida”. En definitiva, quieren e intentan ser queridos, mientras miran de reojo a Podemos. 

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