Pablo TV y la “difícil apuesta” de Sánchez

01 / 02 / 2016 Jesús Rivasés
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La política, para Pablo Iglesias, es televisión, y se aplica a ello ante el desconcierto de sus adversarios, que no logran contraprogramarlo. Pedro Sánchez quiere creer que puede gobernar con el apoyo de Podemos, pero incluso con el permiso de su partido nadie le garantiza el éxito

Pablo Iglesias –y también sus compañeros de Podemos, con Íñigo Errejón a la cabeza– lo ha dejado escrito y, como si fuera un guion de su adorada serie Juego de tronos, cumple al pie de la letra sus planes diseñados hace tiempo. Disputar la democracia, política para tiempos de crisis, el libro que publicó el líder de Podemos en 2014, tras su éxito en las elecciones europeas, se ha convertido en una lectura imprescindible. Con prólogo de Alexis Tsipras, es una especie de hoja de ruta que los podemitas aplican con minuciosidad y disciplina leninista.

La política para Pablo IglesiasPablo TV– es televisión, lo que explica su teatral anuncio de oferta de Gobierno de coalición, vicepresidencia para él incluida, o la escenificación del berrinche por los escaños adjudicados a Podemos en el Hemiciclo. “El gran dispositivo mediático de nuestro tiempo –escribe el líder de Podemos–, lo más importante para establecer y determinar lo que piensa la gente (más aún que la educación, la familia o la Iglesia) es la televisión”. Por eso plantea que su objetivo pasa por librar en televisión “la batalla de las ideas (...), que es fundamental a la hora de determinar cómo piensa la mayoría de la gente”. El órdago a Pedro Sánchez, en forma de oferta de Gobierno de coalición, ramalazos de arrogancia incluidos, fue, sobre todo, un programa televisivo, dirigido a convencer a cuanta más gente mejor y con la mirada puesta –por si acaso– en nuevas elecciones, si falla el plan de acceder al poder cuanto antes y, como no ocultó, el todavía más importante para Podemos de controlar la televisión.

Pablo Iglesias, cuando se trata de poder, no se pierde en matices. Lo acaba de demostrar, pero lo avanzó en su libro: “Los demócratas nunca debemos olvidar que las razones sin fuerza no son nada”. Para despejar dudas, apostilló una referencia al “pesimismo de la inteligencia” de Gramsci para decir que “el poder nace de la boca de los fusiles” (sic). Una escena de Juego de tronos también le resulta muy pedagógica. “Lord Baelish –escribe en la página 32–, un consejero bien informado, alardea ante la reina (Cersei Lannister) de que el conocimiento es poder. En ese momento, la reina dice a sus guardias: ‘Apresadlo, cortadle el cuello’ y, seguidamente, ‘Esperad, he cambiado de opinión, dejadle ir.’ Tras la demostración, la reina recuerda al consejero que el poder es el poder y que es ella quien lo tiene, por mucho conocimiento e información que tenga él”. Una declaración de intenciones políticas, que los adversarios de Podemos deben tener en cuenta.

Pedro Sánchez quiere hacer esa “difícil apuesta”, como la describió en estas mismas páginas Alfonso Guerra, de jugarse su futuro y el de su centenario partido de la mano de Pablo Iglesias y su variopinta tropa “plurinacional”, sea eso lo que sea. El envite es más que arriesgado, porque como saben los propios socialistas el propósito de Podemos es sustituir al PSOE en la hegemonía de la izquierda y convertirlo en un partido residual. Menos acuerdo hay entre las filas de Sánchez sobre cómo afrontar esa amenaza, y si es mejor negociar y pactar un Gobierno con ellos o arriesgarse a nuevas elecciones, que casi todos los expertos apuntan que se saldarían con un ascenso de Podemos y un retroceso del PSOE.

Pedro Sánchez, por ahora, aunque haya sido con muchos problemas, ha ganado las principales batallas internas y su rival fraterna, Susana Díaz, no ha podido, no ha querido o no se ha atrevido a dar el paso definitivo. El Comité Federal del PSOE no está presidido por la unanimidad, pero avalará que su líder negocie lo que llaman un “pacto imposible” con Podemos. El objetivo es que Iglesias recule y rebaje mucho las pretensiones esbozadas en su órdago televisivo. Los que defienden el acuerdo con Podemos están convencidos de que, desde la presidencia del Gobierno, los socialistas lograrán contener y cambiar la tendencia electoral de Iglesias y los suyos. Quienes ven imposible el pacto planean presentar a Podemos ante la sociedad y los electores como culpable de que la izquierda no gobierne, con la esperanza de obtener réditos en una nueva cita con las urnas. Es lo que quieren creer que es posible –aunque tengan dudas– los más fieles a Pedro Sánchez, pero todavía no han previsto una estrategia televisiva para esa circunstancia y, además, su gran opción es el pacto y entrar ya en La Moncloa. Nadie sabe si habrá otra oportunidad.

Hay otras opciones tan posibles como improbables, desde el acuerdo PP-Ciudadanos, con la poco creíble abstención de los socialistas, hasta el pacto PSOE-Ciudadanos, con las tampoco creíbles abstenciones del PP y de Podemos, juntas o por separado. Albert Rivera, líder de Ciudadanos, necesita un pacto para no sumergirse en la irrelevancia, mientras que en el PP, aunque crece el pesimismo, sobre todo tras las detenciones en Valencia, hay quien todavía alberga alguna remota esperanza. A todos les convendría recordar la reflexión de Hamlet:
 “Nuestros pensamientos son nuestros, sus finales nada tienen de nuestros”, sobre todo si no dominan el espectáculo televisivo como Pablo Iglesias, que también recuerda a Trosky para escribir que “cualquier orden político se constituye sobre la violencia. Suena fuerte –admite él mismo– pero es lo que dicen los libros de historia” (sic). Es Pablo TV y piensa en televisión. Sánchez, a pesar de todo, avanza hacia La Moncloa.  

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