“Mar plano”, garrotazos y más incertidumbre
Podemos contraprogramó su Congreso con el del PP, pero la jugada puede salirle mal. Mientras, en el PP hablan de "mar plano", esa especie de tregua político parlamentaria que durará hasta el verano, una vez que el PSOE haya elegido nuevo secretario general y, con suerte, hasta el congreso de los socialistas.
Pedro Arriola, el protoasesor por excelencia, que sigue al lado de Mariano Rajoy, digan lo que digan, suele explicar –y lo adorna con todos los detalles necesarios– que “todo está escrito” y que solo hay que tener la paciencia de encontrarlo. Arriola, que tuvo que tratar cara a cara con etarras en tiempos de José María Aznar, también sostenía que los jefes terroristas lo dejaban todo por escrito y que, claro, eso constituía una cierta ventaja.
La crisis de Podemos, garrotazos dialécticos incluidos, también estaba escrita. La relectura de Disputar la democracia, el libro que publicó Pablo Iglesias, aporta ahora abundantes claves para interpretar las broncas en la formación morada y los desencuentros con Íñigo Errejón y el grupo que le acompañó en su travesía fulgurante de las aulas a los escaños, primero al Parlamento Europeo y luego al Congreso de los Diputados.
“La política –escribía Iglesias– es, básicamente, el arte del poder, que estudia cómo conseguirlo y mantenerlo”. Y eso es lo que persigue el líder de Podemos, mantener el poder en su propia organización y luego ejercerlo como desee porque “lo que define tener poder político es la fuerza de imponer la propia voluntad”. Es obvio que el origen de la bronca en Podemos es una pugna por el poder y cómo ejercerlo. Iglesias lo resumió en una sola frase cuando era un simple aspirante a parlamentario europeo: “Nunca hay que olvidar que ‘power is power”. Y también ya entonces tenía claro que había que actuar con contundencia, porque “los demócratas nunca debemos olvidar que las razones sin fuerza no son nada”. Está escrito, aunque no sea con estas mismas palabras, pero al final, en la pelea de Podemos, antes o después, solo puede quedar uno de los gallos que ahora llevan la voz cantante, Pablo Iglesias o Íñigo Errejón, que desde hace bastante tiempo tienen futuros divergentes. Y se da la paradoja de que el congreso que los brillantes estrategas de Podemos quisieron hacer coincidir con el del PP para que quedaran claras –y a su favor– las diferencias entre dos concepciones políticas se ha vuelto en su contra.
Los populares de Rajoy ultiman, en una especie de “paz interna rajoyana”, un congreso en el que quedan pocas incertidumbres, más allá de en qué condiciones continuará María Dolores de Cospedal como secretaria general y qué funciones tendrá un teórico número tres del partido. Rajoy volverá a ser aclamado y las peleas y rifirrafes internos quedarán pendientes para los diferentes congresos territoriales del PP que se celebrarán hasta el verano. No llegará la sangre al río en ninguna parte, pero habrá sus más y sus menos e incluso varias candidaturas a la dirección en algunos sitios –quizá Canarias, Baleares, La Rioja, Murcia–, algo poco frecuente entre los populares, sin que tampoco en Madrid, en donde ganará Cristina Cifuentes sin problemas, pero donde Esperanza Aguirre sigue ahí, sea todo una balsa de aceite
Mariano Rajoy, en el Gobierno y en el PP, quiere aprovechar lo que algunos en su círculo más próximo describen como “el mar plano” en el que ahora navegan y que durará hasta el verano. Es una especie de tregua política y parlamentaria que terminará cuando el PSOE elija nuevo líder y celebre su congreso también pendiente. En el PP no ocultan que el escenario que, al menos en teoría, preferirían sería un PSOE liderado por Susana Díaz y que Pablo Iglesias continúe como referente casi único de Podemos. Mucho más preocuparía que socialistas y podemitas fueran dirigidos por Pedro Sánchez e Íñigo Errejón. Sin embargo, a la hora de escrutar la bolita de cristal, hay menos unanimidad, porque en el entorno de Rajoy también hay quienes advierten de los riesgos electorales que podrían tener si Díaz da el gran paso, gana las primarias y es cabeza de cartel de los socialistas. El anuncio de las candidaturas de Patxi López y Pedro Sánchez hace prácticamente imposible que los socialistas faciliten, por acción u omisión, la aprobación de los Presupuestos Generales. Sin embargo, esa complicación preocupa lo justo a Mariano Rajoy y a Cristóbal Montoro que, en último caso, tampoco estarían especialmente incómodos con una prórroga presupuestaria, una vez que ya está aprobado el techo de gasto. Ahora esperan “disfrutar” de ese “mar plano” todo el tiempo que dure y si logran que llegue hasta después del verano, mucho mejor. También está escrito, aunque sea en el genoma de Rajoy, que ha demostrado su capacidad de supervivencia.
La incertidumbre procede de Cataluña, en donde también abundan los garrotazos, sobre todo los que se propinan por debajo de la mesa los socios del Govern, es decir, los nuevos convergentes y ERC. Para Carles Puigdemont y Artur Mas el verdadero adversario es Oriol Junqueras quien, por su parte, ya se ve como presidente de la Generalitat, algo que irrita a líderes y militantes en el PDECat y, por eso, maniobran contra su rival. Vuelven a tensar la cuerda con el Gobierno de Rajoy, pero el verdadero lío es interno, con el agravante –un paso adelante que nadie había dado– de que Anna Gabriel, la líder de la CUP, habla de una “transición no pacífica”. Quizá la CUP lo tenía escrito y solo hay que encontrarlo, como diría Arriola, pero no estaba en el guion, como tampoco lo estaban Donald Trump y sus más que ocurrencias. Y eso sí es incertidumbre. “Power is power”, escribió Pablo Iglesias.


