Las siete vidas políticas de Mas y Rajoy y las dudas de Sánchez
Mariano Rajoy y Artur Mas han demostrado que tienen muchas vidas políticas. Ambos aspiran, por lo menos, a otra más y la pueden conseguir, aunque lo tengan difícil. Nadie sabe si Pedro Sánchez tendrá tanta resistencia si no accede al Gobierno a la primera
Artur Mas, todavía presidente de la Generalitat, es sobre todo un superviviente de la política que, quizá, juegue ahora su última carta. Si tiene siete vidas políticas, quizá esté a punto de comenzar la definitiva o de concluirla. Hasta ahora, y contra pronósticos infinitos, ha sobrevivido a todo y a todos. Primero, superó ser el sucesor de un personaje tan carismático como Jordi Pujol, que le traspasó una herencia política enrevesada, que luego se complicaría más cuando el fundador de Convergència confesó sus vergüenzas fiscales. Artur Mas sobrevivió a dos elecciones, que ganó en escaños, que le apartaron de la presidencia de la Generalitat y le llevaron a la oposición. También superó el histórico incidente parlamentario en el que Pasqual Maragall le espetó que en Convergència tenían un “problema del 3%”, el caso que anda ahora por los juzgados, más concretamente en el número 1 de El Vendrell, al frente del que figura el joven magistrado Josep Bosch Mitjavila, cuya historia más desconocida desvela TIEMPO en estas mismas páginas.
Las hazañas de supervivencia de Artur Mas se extienden también a cómo ha superado sus grandes patinazos, sobre todo la convocatoria de las anteriores elecciones catalanas, en las que buscaba una mayoría muy holgada para CiU, tras una Diada espectacular, pero que se saldó con un semibatacazo electoral, que le dejó, durante toda la legislatura pasada, en manos de sus rivales más encarnizados de ERC, liderados por ese Oriol Junqueras con el que nunca ha tenido ni afinidad, ni química. Sin embargo, Mas no solo sobrevivió a esa extraña alianza, sino que buscó un más difícil todavía con la candidatura de Junts pel Sí, en la que él figuraba en cuarta posición. Las urnas el 27-S tampoco le han sonreído, pero el todavía líder convergente intenta acceder a una nueva vida política, ahora con el apoyo contra natura de la CUP antisistema y prerrevolucionaria de Antonio Baños y Anna Gabriel. El electorado tradicional de Mas está más que de los nervios, porque las cesiones que tendrá que hacer son espectaculares. Sin embargo, todo es posible, incluso que un personaje tan incombustible como Artur Mas tenga el privilegio de poder gastar otra vida política, al margen de que eso prolongue el enredo catalán y lleve a Cataluña por caminos tan desconocidos como peligrosos.
Mariano Rajoy es otro superviviente de la política, el último en activo de su generación en el PP que, además, está convencido de que él y su partido –no podría ser de otra manera– son la única opción viable para que España siga por la senda de la recuperación económica y pueda volver a tener 20 millones de personas con trabajo en el horizonte de cuatro años, otra legislatura. Rajoy, no hay que olvidarlo, llegó a La Moncloa a la tercera, después de perder las elecciones en dos ocasiones frente a José Luis Rodríguez Zapatero. Muchos aventuraron su final tras esos fiascos electorales, pero Rajoy resistió, quizá gracias al recuerdo de la máxima de otro gallego como él, Camilo José Cela, convencido de que “en España, quien resiste, gana”. El líder del PP sobrevivió, además, a más de una revuelta interna en el partido cuyo objetivo –en el famoso congreso del PP de Valencia– no era otro que sustituirle por otro candidato, entre los que aparecía, por ejemplo, Esperanza Aguirre.
Mariano Rajoy podría competir en resistencia y en vidas políticas con el mismísimo Artur Mas. Solo Rajoy, como el jefe de Convergència, ha resistido lo que casi ningún político habría logrado y con el premio final de alcanzar el objetivo de la presidencia del Gobierno. Ahora afronta su penúltimo reto, y no en las mejores circunstancias, consistente en obtener en las urnas una victoria que le permita revalidar mandato. Las encuestas le daban una cierta ventaja al PP, quizá no suficiente, hasta el día después de las elecciones catalanas. Ahora, el auge de Ciudadanos y de Albert Rivera, más allá de si el partido es de centro izquierda o centro derecha, está ahí y drenará muchos votos populares. José María Aznar lo ha dicho, con el consiguiente cabreo del inquilino de La Moncloa, y en el PSOE no saben cómo apoyar la jugada sin que se les note demasiado. Los éxitos económicos, que están ahí, pero pueden no ser suficientes para el PP, aunque a favor de Rajoy juega su propia capacidad de supervivencia política, quizá porque también es firme convencido de que, como decía Winston Churchill, otro personaje con más vidas políticas que un gato, “nunca, nunca te des por vencido”.
Pedro Sánchez, por último, sueña con obtener un solo escaño más que Rajoy. Eso le basta o, en su defecto, enhebrar, ya sea con Podemos o con Ciudadanos, una mayoría de Gobierno alternativa al PP. Hasta el 27-S, Sánchez y los suyos miraban hacia Pablo Iglesias. Desde el día después de las elecciones catalanas, el objetivo del cortejo son Albert Rivera y Ciudadanos. Sánchez no ha demostrado, ni a sí mismo, si tiene varias vidas políticas que gastar, aunque no sean tantas como las de Rajoy y Mas. Puede tenerlas, pero deberá demostrarlo. Por eso el líder del PSOE prefiere ganar –o gobernar– a la primera, porque aunque ha anunciado que, pase lo que pase, aspira a otro mandato como secretario general de los socialistas, si el PSOE sigue en la oposición en la próxima legislatura, quizá no tenga otra oportunidad, otra vida política.


