“La guerra de los ángeles de paja” de Pedro Sánchez
Miembros del equipo de Sánchez habrían sondeado al PNV para que explorase las verdaderas intenciones de los independentistas catalanes.
Josep Pla, catalán y uno de los mejores escritores en castellano del siglo XX, escribió en sus crónicas de la República que Madrid, en aquellos tiempos, era “una ciudad infestada de rumores catastróficos”. Casi cien años después, mientras Manuela Carmena –y sobre todo su equipo– espera con ilusión –es así– el momento en el que pueda prohibir la circulación a la mitad de las vehículos, en función de su matrícula, los rumores gozan de una salud excelente, aunque ahora no son tan catastróficos, al menos por el momento.
La retranca y la galaica concepción del tiempo de Mariano Rajoy alimentaron rumores y quinielas sobre el nuevo Gobierno hasta el último minuto. Nadie sabía nada antes del miércoles, pero no impedía que los nombres de quiénes entraban y salían del Gabinete fluyeran con normalidad. El final, por ahora, de Pedro Sánchez, tras la que muchos de sus partidarios consideran patética y errónea intervención en el programa de Jordi Évole, concentra casi la totalidad del resto de la rumorología. Destaca una explicación de cómo se precipitó su caída a raíz de la dimisión de casi la mitad de la Comisión Ejecutiva del PSOE.
Miembros de confianza del equipo de Pedro Sánchez, según los rumores, se habrían puesto en contacto con el PNV, sin que nadie aclare si fue con el portavoz parlamentario, Aitor Esteban, con el lendakari, Íñigo Urkullu, o con el presidente del partido, Andoni Ortúzar. El objetivo de los socialistas era que los peneuvistas, de nacionalista/independentista a nacionalista/independentista, averiguaran si los catalanes de la antigua Convergència y los de ERC apoyarían de verdad un Gobierno de Pedro Sánchez. Antes, como el propio exsecretario general del PSOE admitió en Salvados, había habido conversaciones con los nacionalista/independentistas catalanes. “No hubo negociaciones”, precisan quienes estuvieron al lado de Sánchez, pero las conversaciones estuvieron ahí.
Los líderes del PNV, que ahora mismo están en una posición política relativamente cómoda, sin mayoría en el Parlamento vasco, pero con más margen de maniobra que antes, hicieron sus gestiones tras la consulta de los socialistas de Sánchez. Consultaron, con o sin segunda intención, con los críticos del entonces líder del PSOE que, en primer lugar, pusieron el grito en el cielo y, en segundo lugar, consideraron que se había encendido la luz roja. Ahora sí, tenían indicios de que Pedro Sánchez estaba cerca de alumbrar un pacto con Podemos y los independentistas. El resto de la historia es conocida, con el espectáculo del Comité Federal que acabó con la dimisión del secretario general y que el catalán Pere Gimferrer, el mayor poeta vivo catalán –y quizá de la historia–, que vuelve a publicar en castellano, ha resumido en dos versos: “La guerra de los ángeles de paja / se ha desatado en plena oscuridad”. No los pudo incluir en su magnífico y difícil No en mis días, porque estaba ya en máquinas, a punto de aparecer, y en el que, no sin algo de hermetismo, ejerce su particular, dura y cultísima crítica política, porque como ha declarado en ABC, “me interesa más Shakespeare, pero lo que veo en los telediarios me empuja a escribir”.
Gimferrer, miembro de la Real Academia Española, que ocupó el sillón que dejó vacante Vicente Aleixandre, y que escribe y publica con la misma naturalidad y brillantez en castellano como en catalán, critica en sus versos al PSOE, al parlamentarismo actual, al populismo que recorre Europa y el mundo e incluso a algunas propuestas de Ciudadanos. El poeta admite que quizá el 90% de sus lectores no entiendan todo lo que escribe –desde luego no es sencillo– y por eso, más o menos a su pesar, ofrece las claves para mejorar la comprensión de sus versos. Escribe en Dióscuros de Julian Assange y Christine Lagarde y no duda en llamar fascistas a Donald Trump y Vladimir Putin: “Hoy las camisas negras van plisadas. / Un maestral de Ventennio está arando en Europa”. Tan brillante como difícil para muchos, porque hay que saber que “el Ventennio” era el mandato de Mussolini en Italia, de 1923 a 1943. Gabriel Rufián y otros no vestirían de negro en ciertos países.
Gimferrer, en Parlamentarismo 2016, resume en dos versos el bloqueo político ya finalizado: “La mona de Tetuán, el aire rojo, / la noche de los ángeles sin voz”. El lector, claro, tiene que saber que “la mona de Tetuán” viene de unos versos de Calderón de la Barca y que, en definitiva, es una forma de señalar a quienes hablan mucho para no decir nada. El poeta es severo con los socialistas y se remonta hasta el congreso de Suresnes, el que convirtió en líder a Felipe González. Gimferrer vio allí “la nitroglicerina disfrazada de rosa” y “estafados” que quizá por eso “no darán sepultura al Sabbat de Suresnes”. Y, como catalán, sitúa en el pacto original del PSOE y el PSC de Joan Raventós los problemas de los socialistas catalanes, que entonces orillaron a Josep Pallach y los suyos, algo que describe como “farsa de abril, locos de abril, peristas /crimen de sociedad en sucedáneo. / La pasión del ersatz (sucedáneo-recambio)condenó a los miméticos”. Quizá no sea fácil leer a Gimferrer, pero tampoco entender la deriva del PSOE y su “guerra de ángeles de paja / desatada en plena oscuridad”, una guerra perdida por Pedro Sánchez, cuyo futuro no será el optimista “oro de las hadas” soñado por el poeta.


