La cuadratura de la rosa y el algoritmo de cosido

07 / 10 / 2016 Jesús Rivasés
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Javier Fernández afronta al frente de la gestora socialista retos hercúleos, como alcanzar “la cuadratura de la Rosa” que permita una investidura rápida y luego desarrollar su propio pseudocódigo para poder aplicar el algoritmo de cosido que precisa el psoe como partido esencial para la estabilidad democrática

Javier Fernández, elegido sin duda a su pesar presidente de la gestora que ahora dirige el PSOE tras el convulso final de la era Pedro Sánchez, afronta varias tareas hercúleas. Quizá no lleguen a las doce del héroe mítico, pero algunas no van a la zaga de “capturar a Cerbero y sacarlo del inframundo” o “limpiar los establos de Augías en un solo día”. El primero, y el más urgente, es alcanzar una especie de “cuadratura de la rosa” que permita a los diputados socialistas abstenerse en una sesión de investidura para permitir que Mariano Rajoy vuelva a ser presidente del Gobierno porque, como el propio Javier Fernández ha dicho: “Hay algo peor que un Gobierno del PP en minoría y es un Gobierno del PP en mayoría”. Y eso es lo que temen ahora los socialistas de todas las facciones si hay unas terceras elecciones a mediados de diciembre.

“La cuadratura de la rosa” requiere un acuerdo del Comité Federal y, sobre todo, que alguien dé la cara y asuma la responsabilidad –el marrón– de explicar que donde antes era “no, señor Rajoy”, ahora es “abstención”. Y tiene que ser alguien con la suficiente notoriedad y relevancia para ese cambio de postura que sea aceptado por la clientela socialista y no sea algo contraproducente, a corto y medio plazo, para un PSOE que, tras el hasta ahora final del sanchismo, lucha por su supervivencia. Los más pesimistas alegan, para defender la abstención y permitir el Gobierno de Mariano Rajoy, que unas terceras elecciones dejarían al PSOE con 30 o 40 diputados, mientras Podemos podría irse hasta los 100. “Y en esa situación –añaden– el PP tendría por delante más de un decenio tranquilo de Gobierno y el PSOE desaparecería o se convertiría en irrelevante. Hay precedentes. Es lo que ocurrió con la implosión de UCD, que fue lo que permitió los 202 diputados del PSOE de Felipe González y sus largos años de Gobierno”.

Javier Fernández y los socialistas tropiezan ahora con el problema añadido de su extrema debilidad que su adversario, el PP, intentará utilizar a su favor. Son las reglas de la política y Rajoy, como ya hizo en diciembre del año pasado, volverá a poner encima de la mesa un Gobierno de coalición que, obviamente, los socialistas rechazarán. El siguiente consistirá en pedir algún tipo de garantía de estabilidad como, por ejemplo, vía libre a los Presupuestos Generales del Estado. El PP hubiera aceptado sin nada a cambio la abstención socialista en agosto, cuando Rajoy se presentó a la investidura. Ahora sabe que puede poner más condiciones, porque el fantasma de las terceras elecciones está ahí si los socialistas no dan un paso al frente con rapidez.

Rajoy, con 137 diputados, que llegan a 169 con los de Ciudadanos, no tiene mayoría y ahora no quiere una legislatura que sea un calvario. Hay hechos que han pasado inadvertidos, pero que son significativos. En las últimas dos semanas, el PP ha perdido en el Congreso de los Diputados todas las votaciones y, en muchas de ellas, como la de renovar provisionalmente a Elvira Rodríguez en la presidencia de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), el partido de Albert Rivera ha votado en contra. El PP y Ciudadanos tienen un acuerdo de 150 puntos, pero las relaciones entre ambas formaciones están presididas por  una más que evidente desconfianza mutua y se sostienen por la aritmética parlamentaria y porque Rivera y los suyos huyen como gato escaldado de unas terceras elecciones porque podrían volver a perder representación parlamentaria.  En el PP temen que los precedentes de las votaciones perdidas estos días sean una constante en toda la legislatura, dure lo que dure, y aspiran a obtener alguna mínima garantía. Si no la obtienen, lo más probable es que Rajoy acepte las abstenciones socialistas para ser investido, pero si luego no encuentra el mínimo respaldo parlamentario –aprobación de los Presupuestos–, a mediados de 2017 volverían a celebrarse elecciones. Los populares esgrimirían como argumento la parálisis parlamentaria y responsabilizarían al PSOE.

Javier Fernández, después de alcanzar la “cuadratura de la rosa” con la abstención que permita la investidura de Rajoy, afronta su verdadero gran reto, que no es otro que recomponer el PSOE para que, a medio plazo, vuelva a ser una alternativa de Gobierno. Otra tarea hercúlea y que quizá requiera herramientas del siglo XXI, como las que utiliza Diego Bezares, uno de los jóvenes y más prometedores desarrolladores españoles de realidad virtual. Bezares trabaja en un pseudocódigo de lo que los expertos llaman “stitching algorithm” (algoritmo de cosido) y cruza los dedos para que funcione. Explicado para legos, “consiste en juntar automáticamente, en una sola panorámica, las fotos que se toman con varias cámaras para obtener una imagen de 360 grados. Y el pseudocódigo son los apuntes/borradores, hoja de ruta, previos a la versión definitiva”. El reto de Javier Fernández es elaborar su pseudocódigo para luego poder aplicar al PSOE un eficiente algoritmo de cosido que ofrezca la imagen de un partido en el que quepan todos los que han estado enfrentados y los ciudadanos perciban que vuelve a ser un partido imprescindible para la estabilidad y el futuro de la democracia española. Ahora, sin embargo, lo más urgente es “la cuadratura de la rosa”.

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