Javier Fernández repasa y actualiza a Schumpeter

14 / 10 / 2016 Jesús Rivasés
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Javier Fernández debería ser el encargado de activar “la destrucción creativa” en el PSOE que permita su supervivencia, lo mismo que hizo Felipe González en suresnes. Antes no le queda más remedio que tragar con la investidura de Rajoy, quien también estará obligado a facilitar, por ahora, un cierto resurgir socialista

El rey Felipe VI celebrará una nueva ronda de consultas los días 24 y 25 de octubre para explorar si hay un candidato viable a la presidencia del Gobierno. En la vieja tradición de apurar hasta el último minuto, todo indica que Mariano Rajoy será investido justo cuando esté a punto de expirar el plazo legal para evitar la convocatoria de unas terceras elecciones en un año. Hay ejemplos recientes que, sin duda, pasarán a formar parte de la tradición. Carles Puigdemont fue elegido presidente de la Generalitat, tras un triple salto mortal de la CUP que le ofreció solo los votos imprescindibles, cuando apenas faltaban horas para que hubiera que convocar otros comicios en Cataluña. Artur Mas se quedó por el camino en el último momento, pero esa es otra historia. Algunos quieren invocar ese precedente, pero las circunstancias no son muy diferentes. Ahora es el PSOE que dirige la gestora que encabeza Javier Fernández el que tiene que encontrar una fórmula para que Rajoy sea investido y, al mismo tiempo, garantizar el futuro de un partido histórico y que es el que más años ha gobernado España desde la restauración democrática.

El asturiano Javier Fernández, un político veterano, templado y curtido, vive en su piel lo que, ya en 1923, nada menos que John Maynard Keynes describió como el “dilema del socialismo moderno”, “que tiene dos cabezas y corazones –como recuerda ahora Manuel Conthe– que están siempre en guerra entre sí. Uno desea ardientemente hacer cosas porque son económicamente sensatas. El otro desea con el mismo ardor hacer cosas que sabe que son insensatas”. Casi cien años después, la reflexión de Keynes atormenta a los socialistas españoles, que ahora luchan por su supervivencia política, acosados por un Podemos en donde Pablo Iglesias anuncia que volverá a desplegar toda su artillería más populista. El líder podemita también se juega su futuro y será implacable. Madrid, como en tantas ocasiones, decidirá el futuro de Podemos y es en donde los partidarios de Iglesias y los de Íñigo Errejón dirimirán sus diferencias, y el ganador puede llevarse el premio gordo. Mientras tanto, con un Gobierno minoritario de Rajoy en el horizonte, “el político de la coleta” no dudará en utilizar el recurso de la movilización callejera, todo lo ordenada que sea necesaria, casi al mismo tiempo que, en un equilibrio dialéctico espectacular, sugiere que cuando llegue al poder dejará de ser populista. Quizá por eso, el asesor de Hillary Clinton, el grancanario Juan Verde, pueda decir que “el fenómeno Trump no está lejos de lo que pasa en Francia con Le Pen o en España con Podemos”.

“¿Puede sobrevivir el capitalismo? No, no creo que pueda”. Así comienza el capítulo más famoso de Capitalismo, socialismo y democracia, obra publicada por primera vez en Londres en 1942, una de las obras señeras de otro de los grandes economistas del siglo XX, Joseph A. Schumpeter y recuperado por muchos tras la gran crisis iniciada en 2008. Casi 75 años después, el capitalismo, a pesar de todo, ha sobrevivido, quizá gracias a lo que el autor austriaco llamaba en aquel libro “la destrucción creativa” que le permite revolucionar y racionalizar todo lo que se pone en su camino, especialmente las instituciones sociales obsoletas.

Javier Fernández, al frente de la gestora del PSOE, ha tenido –y tiene– que enfrentarse a la misma pregunta schumpeteriana: “¿Puede sobrevivir el PSOE?”. Todos los que aspiran a ocupar su lugar, es decir, la izquierda más extrema o populista, trabaja para destruir al PSOE que, como el capitalismo de Schumpeter, una y otra vez ha empleado su propia destrucción creativa para sobrevivir. Es lo que hizo Felipe González en Suresnes y es el reto que deberá acometer el futuro líder de los socialistas españoles, a partir del día después de la dolorosa –para el PSOE– investidura de Mariano Rajoy que, sin embargo, es la única garantía de su supervivencia. “La realidad es compleja y alguien tiene que hacerse cargo de ella”, ha dicho Fernández al mismo tiempo que iniciaba un diálogo de adversario cordial con Mariano Rajoy.

El líder del PP que, si nada descarrila a última hora, estará al frente del Gobierno más minoritario desde la reinstauración de la democracia, también sabe que debe poner lo que esté en su mano para consolidar al PSOE como oposición. Tras el dramático final, por ahora, de Pedro Sánchez como jefe de los socialistas, en el PP y en el entorno de Rajoy hubo voces que querían aprovechar al máximo la debilidad de su histórico rival y forzar unas terceras elecciones en las que, en teoría, obtendrían un resultado mejor. Al final, por los motivos que sean –incluso porque no podían justificar esos comicios–, parece que se impusieron los partidarios de gobernar en minoría y permitir, eso sí, poco a poco, que el PSOE cure sus heridas y, además, entre todos, cerrar el paso a Podemos, un grupo que aspiraba a todo de repente y al que se le puede hacer demasiado larga la espera a las puertas del poder. Todo eso significa, claro, que el PSOE haga de tripas corazón y permita el Gobierno de un Rajoy que, a su vez, debería facilitar la recomposición de los socialistas si activan su propia “destrucción creativa”. Por eso Javier Fernández repasa y actualiza a Schumpeter, en un país con un futuro PP cada vez más socialdemócrata.

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