Franco, Iglesias y la CUP, cuando los extremos se tocan
Justo 40 años después de la muerte del dictador Franco, el nacionalismo que tanto persiguió protagoniza el mayor desafío moderno a la España democrática, mientras los soberanistas más radicales sueñan con una especie de autarquía que recuerda a la franquista de 1939-1959
Antony Beevor, historiador británico, autor de numerosos –y a veces polémicos– estudios sobre la Segunda Guerra Mundial y también de la obra La Guerra Civil española, escribió que “el único caso en el que la historia la escribieron los perdedores es el de la Guerra Civil Española”. Cuarenta años justos después de la muerte del dictador Francisco Franco, vencedor de aquella sangrienta contienda, la realidad, por ejemplo la catalana, parece darle la razón al autor inglés. Si hubo algo que persiguió el golpista Franco durante sus largos años de Gobierno fueron los nacionalismos, aunque por mucho que intentara prohibirlos, nunca pudo impedir que en Cataluña una buena parte de la población hablara catalán de forma habitual. Ahora, los caprichos del destino han hecho coincidir el aniversario de la muerte del militar rebelde y represor con el mayor desafío moderno que ha tenido que soportar España como Estado de Derecho y democrático.


