Elecciones: la táctica asiática y la tropa auxiliar
Madrid, muchos años después, vuelve a ser una ciudad saturada de rumores, como la describió Josep Pla en el ecuador de la Segunda República, tan idealizada ocho décadas más tarde por tantos que no han leído las magistrales crónicas parlamentarias del escritor catalán. Pla, que además calificaba los rumores de “catastróficos”, hablaría hoy de España en lugar de Madrid, pero mantendría aquello de que “nos encaminamos hacia una conmoción de una gran intensidad”, en vísperas de esas elecciones del 26-J, que no garantizan las condiciones para que haya un Gobierno estable. Todos los líderes políticos, desde Mariano Rajoy a Pablo Iglesias, incluidos Pedro Sánchez y Albert Rivera, descartan unas terceras elecciones en cualquier televisión que les dé la oportunidad. No es probable otra cita con las urnas, pero tampoco imposible, de la misma manera que, como ya admiten dirigentes del PP, “no es probable que Gobierne Pablo Iglesias, pero tampoco es imposible”.
Mariano Rajoy repite a quien quiere escucharle que el PP obtendrá más votos y más escaños en la repetición electoral, aunque sus expertos tienen que admitir la posibilidad –cierta– de que los populares tengan más votos y menos escaños. La matemática electoral pasada por la Ley D’Hondt en un escenario de cuatro partidos puede hacerlo posible. Rajoy, ahora, está más animado y más combativo que en diciembre, aseguran en el PP, en donde remiten al debate televisivo a cuatro –Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias– que ya es casi historia antigua. El líder del PP, en cualquier caso, si las urnas arrojan el veredicto que profetizan las encuestas, insistirá en formar un Gobierno con el apoyo del PSOE y, en su caso, de Ciudadanos, aunque el partido de Albert Rivera tendría reservado el papel del “tropa auxiliar”, importante pero no decisivo, como apuntan en el PP. A partir de ahí, lo desconocido y rumores, muchos rumores.
Pedro Sánchez está en el centro de casi todos los rumores, que se han convertido en secreto a voces y que generan nuevos rumores. Uno de los más extendidos afirma que los críticos de Sánchez tienen preparada una “gestora” para hacerse cargo del PSOE y apartar a su actual secretario general si el resultado de las urnas es adverso para los socialistas. Sánchez, que conoce los detalles, ya ha anunciado que apelará a la militancia a la que propondría un pacto con Podemos y podría hacerlo esa misma noche, antes de que sus rivales se le adelantaran. Ese rumor se completa con la enloquecida opción de que Pablo Iglesias, también al tanto de los planes de los rivales del secretario general del PSOE, le ofrecería a Sánchez la presidencia del Gobierno aunque Podemos quedara en segunda posición y lograra el sorpasso. El jefe de Podemos, en la versión socialdemócrata o leninista amable que toque ese día, intentaría con esa maniobra lograr el apoyo de un PSOE que con un líder distinto a Sánchez difícilmente obtendría. Es enrevesado y difícilmente viable, pero está en los análisis de los politólogos podemitas que, aplicados a su oficio como son, barajan todas las hipótesis posibles por descabelladas que parezcan, como estrambótico podía parecer que pudieran superar al PSOE, pero ahora es posible.
Susana Díaz, que también está en el centro de todos los rumores, está obligada a que el PSOE gane en votos y en escaños en Andalucía. Es lo más probable, pero nadie lo garantiza y de ese resultado depende mucho lo que pueda ocurrir después. La presidenta andaluza tiene sus planes, pero nunca ha terminado de poner la carne en el asador y ahora podría repetirse la historia. El liderazgo de Díaz no es el mismo al norte que al sur de Despeñaperros y sus expectativas tampoco, y eso cuenta. Mientras, más rumores, también interesados, apuntan que Alfredo Pérez Rubalcaba y otros reflexionan sobre una posible refundación de la izquierda socialdemócrata española. Históricos socialistas y no menos históricos populares –cada uno con su influencia, tampoco demasiada, en sus partidos– han llegado a la conclusión de que quizá el PSOE y el PP han dejado de entender un país que ha cambiado mucho y en el que han emergido generaciones con las que ya no conectan.
Mariano Rajoy, a pesar de todo, a menos de una semana de las elecciones, ha recuperado terreno. Abrazado durante casi toda su primera legislatura a la que Pla llamaría “táctica asiática”, que defiende que “lo que pasa es lo mejor que puede pasar y que es inevitable”, para el líder del PP se abre otra oportunidad y él lo sabe. Es un superviviente de la política y un corredor de fondo, que espera que sus rivales se agoten y, hasta ahora, aunque ha pagado un gran precio, lo ha logrado y aspira a repetirlo, aunque no deja de ser jugar con fuego. Alérgico a los rumores, tampoco los puede evitar, y ha habido y hay muchos sobre sus posibles sucesores en el partido, desde Soraya Sáenz de Santamaría a Ana Pastor ya que, por mucho que lo desee, José Manuel García-Margallo está descartado. También sobre si Cristóbal Montoro
–que estaría encantado– seguiría al frente de Hacienda, o si Luis de Guindos, el nexo clave con Europa, tendría más poder y protagonismo. Casi todo fantasías, pero están ahí, y saturan un país que ha sobrevivido a la “táctica asiática”, aunque no está escrito que lo que pasa es lo mejor que pueda pasar.
