Curso de aritmética para políticos sin mayoría
Sánchez y Rivera, con su intento de pacto que no suma, quieren transmitir una imagen de hombres de estado que les coloque en una buena posición ante la contingencia de nuevas elecciones si, finalmente, Podemos decide que las haya porque eso es lo que más le conviene. La solución, en el último minuto.
Juanito, aquel temperamental “7” del Real Madrid, desaparecido en un accidente de tráfico, dejó anécdotas históricas. En una ocasión, tras perder por 2-0 en Milán frente al Inter, en la entonces Copa de Europa, se despidió de los jugadores rivales, en su macarrónico italiano, con un “noventa minuti en el Bernabéu son molto longo”. No le faltaba razón, porque en el partido de vuelta, el Madrid remontó la eliminatoria, con un 3-0.
Mariano Rajoy seguro que no ha olvidado la advertencia de Juanito y, como el futbolista, está convencido de que el partido que ahora disputan líderes y partidos políticos para alcanzar la investidura también “es muy largo”. Hasta el 2 de mayo, fecha en la que se convocarían automáticamente nuevas elecciones si para entonces no hay presidente del Gobierno, faltan más de dos meses. Una eternidad política y demoscópica. Los pronósticos –encuestas– electorales pueden variar lo suficiente hasta ese momento como para mover voluntades y propiciar, sobre la campana, acuerdos sorprendentes.
Pedro Sánchez y Albert Rivera avanzan en sus conversaciones. Socialistas y ciudadanos, intentan transmitir que pueden alcanzar un pacto, aunque el documento base de negociación del PSOE tenga muchos más puntos en contacto con el de Podemos que con las ideas que esbozan los líderes de Ciudadanos. Las divergencias fiscales y económicas entre unos y otros son todavía importantes, pero subsanables. Bastaría con que el PSOE volviera a sus históricas y exitosas posiciones socialdemócratas, ahora abandonadas para intentar contrarrestar el radicalismo de Podemos. El problema es que, por mucho acuerdo que haya entre Sánchez y Rivera, entre Jordi Sevilla y Luis Garicano –habría que ver su relación en el día a día–, los números siguen sin cuadrar. Faltan demasiados escaños para la investidura y más para gobernar.
Pablo Iglesias, más allá de su megalomanía, tiene razón cuando repite que solo hay un acuerdo posible y que pasa por un entendimiento –el que sea– entre PSOE y Podemos. Es simple aritmética porque como recordaría su querido Juan de Mairena, “la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero”. Podemos, además, con sus propuestas para un “Gobierno del cambio” ha desvelado sus verdaderas intenciones, que se podrían reducir a la pretensión de crear un nuevo régimen sospechosamente coincidente con viejos y no tan viejos totalitarismos, oficina de la verdad, chivatos morales y Policía política incluidas. Además, aunque es obvio, Podemos trabaja sobre todo para convertir al PSOE en irrelevante.
Alfonso Guerra, en estas mismas páginas, advierte de los peligros para el PSOE, para España y para la democracia de un pacto de Gobierno de los socialistas con Podemos. Sin embargo, en las filas de Sánchez algunos se fijan en las coincidencias de los documentos presentados por ambos partidos, sobre todo en el terreno económico, fiscal y laboral. Por ejemplo, los técnicos del PSOE y de Podemos coinciden en que las empresas deberían cotizar a la Seguridad Social por la totalidad del salario real que pagan a sus trabajadores y no según las llamadas bases reguladoras. Significaría aumentar los costes laborales de las empresas considerablemente, lo que podría destruir empleo o generar economía sumergida. Sánchez, por su parte, ha caricaturizado que Podemos pida un incremento del gasto público de 96.000 millones en una legislatura. Sin embargo, hay precedentes, los Gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero, entre 2006 y 2010, aumentaron el gasto de las administraciones públicas en 118.000 millones y eso fue, obviamente, antes del rescate financiero de Bankia y de otras antiguas cajas de ahorros. Repetir la jugada ahora es irreal, pero el ejemplo está ahí.
Pablo Iglesias tiene la llave de todo en sus manos y todo depende de si piensa que lo que más le conviene son nuevas elecciones o pactar con el PSOE, después de renunciar –claro– a algunas de sus exigencias actuales, que es posible y también lo tiene calculado. Los socialistas creen que estas semanas de interinidad perjudican a Podemos y a sus expectativas de voto. Si Iglesias y los suyos prevén que no podrán dar el sorpasso al PSOE en las urnas, pactarán, pero por ahora no parecen tenerlo claro.
El acuerdo previo Sánchez-Rivera, que saben que no suma, es parte de la nueva campaña electoral de uno y otro. Quieren aparecer ante los electores como los únicos hombres de Estado capaces de un gran pacto, aunque sepan que no sirve para nada. Sin embargo, sí les puede servir en las urnas si Podemos sigue enrocado y el PP de Rajoy continúa entre desorientado y desaparecido, zombi para muchos. Todo lo demás son castillos en el aire, porque por mucho que se apliquen en un curso especial de aritmética para líderes políticos sin mayoría, Pitágoras todavía sigue vigente y los números –en este caso escaños– son los que son. Eso sí, ahora no se trata de “noventa minuti”, sino de dos meses largos y la historia dice que se agotarán y que la solución llegará en el último minuto, cuando el árbitro, en este caso Patxi López, esté a punto de pitar el final del partido en forma de convocatoria de nuevas elecciones. Es lo que ocurrió en Cataluña con problemas aritméticos similares y alguien recuerda que siempre –salvo en una ocasión– que los números lo han permitido la izquierda ha pactado.


